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Marcos Gil, conocido como ‘El Papero’.

| 4/25/2013 10:00:00 AM

Lo que le faltaba al carrusel de contratos

Henry Medina Rache, presunto hijo de ‘El Papero’, sería el eslabón perdido entre Emilio Tapia y la posible filtración de dineros del narcotráfico en el carrusel de contratos de Bogotá. ¿De qué se trata el asunto?

Desde el preciso instate en que las autoridades anunciaron la captura de Marco Gil Garzón, ‘El Papero’ -por el presunto delito de narcotráfico- de inmediato salieron a relucir en los medios de comunicación sus estrechas relaciones con dos pesos pesados del mundo empresarial y militar del país. Por un lado, lo vincularon con el respetado constructor Pedro Gómez, de quien se dijo habría sido su socio en algunos negocios inmobiliarios.

Y por el otro, revelaron su eventual cercanía con el general Flavio Buitrago, quien recibió la baja hace pocos días y hoy está en el ojo del huracán por sus cada vez más evidentes lazos con ‘El Papero’.

Lo que pocos han advertido en esa historia que empezó a escribirse alrededor de Gil Garzón, es su participación indirecta en el carrusel de la contratación en Bogotá. Algo que añadiría un ingrediente de narcotráfico al tan sonado desfalco capitalino.

Para entender el asunto, vale la pena remontarse al 31 de agosto de 2007, cuando el controvertido contratista Emilio Tapia firmó un acuerdo de confidencialidad con un grupo de empresarios, en donde las partes se comprometían a hacerse al control de los locales que tendría el Centro Comercial de San Victorino Cielos Abiertos.

Dentro de los firmantes de la carta, aparecía -entre otros tantos- el nombre de Henry Medina Rache, quien en ese momento representaba los intereses de ciertos empresarios de Corabastos y, poco después, habría inyectado $ 2.000 millones al proyecto en mención.

Hoy, Martínez Rache volvió a aparecer en titulares de prensa pero por una razón totalmente diferente: por ser, según testigos, el hijo y el principal testaferro de alias ‘El Papero’. De hecho, el gobierno de Estados Unidos, solicitó hace pocos días a la Fiscalía una prueba de ADN para corroborar si dicha versión es correcta o no.

Pero más allá de comprobarse la familiaridad de estos dos personajes, queda claro algo: que las autoridades deberán concentrarse en descifrar si los intereses comunes de Emilio Tapia y Martínez Rache en el proyecto Cielos Abiertos son el principio de un nuevo episodio de narcotráfico dentro del tristemente célebre carrusel de contratos en Bogotá.
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