| 10/14/2011 10:00:00 AM

Le Misérable

Problemas económicos, desempleo galopante, pánico a una descalificación de la deuda, bancos en problemas y una fuerte oposición política ensombrecen las perspectivas de reelección para Sarkozy, a siete meses de las elecciones.

La alegría de ser padre por cuarta vez, y ser el primer Presidente francés que, en el ejercicio de sus funciones tendrá un bebé, no es suficiente para devolverle la calma ni la popularidad a Nicolás Sarkozy. El mandatario pasa por su peor momento en las encuestas y hay dudas sobre su candidatura para la reelección en 2012.

Aunque tiene hasta febrero para manifestar su intención de repetir en el cargo, por ahora las encuestas señalan que 68% de los franceses cree que Sarkozy será derrotado en las urnas. La razón: la debilidad de la economía francesa (que está en peligro de una descalificación); un desempleo de 9,9%; escándalos de corrupción de su “primer círculo” de amigos y políticos; así como el hecho de que, por primera vez, la derecha francesa (la cual representa) perdió la mayoría en el Senado.

Como resultado, hoy Sarkozy tiene una popularidad de tan solo 33%, una de las más bajas entre sus colegas de la Unión Europea. Justamente, este ambiente político permite que por primera vez el Partido Socialista francés realice una consulta popular para escoger su candidato a las elecciones presidenciales.

Aunque es una consulta interna entre los militantes del partido, en realidad puede votar cualquier francés interesado en el tema y la propuesta tuvo gran acogida, pues más de dos millones de sufragantes salieron a elegir entre seis candidatos. Francois Hollande, quien lleva 11 años al frente del Partido Socialista francés, obtuvo, según estimativos previos, 39% de los votos; mientras Martine Aubry, ex ministra de Trabajo, se quedó con 31% de los sufragios, razón por la cual ambos precandidatos se enfrentarán en una segunda vuelta el 16 de octubre.

Logros que no se ven
Sea cual sea el rival de Sarkozy, lo cierto es que este, a sus 56 años, no ha podido hacer que sus logros al mando de la quinta economía mundial superen los desaciertos. Así, aunque muchos aplaudieron su decisión de intervenir para liberar a Libia de la dictadura de Gadafi, su elevado costo ha sido motivo de duras críticas (Francia gastó 160 millones de euros). Al mismo tiempo, su protagonismo para ayudar a Grecia y evitar que caiga en una cesación de pagos tampoco ha recibido respaldo del electorado, que en realidad está más preocupado por la situación de su propio país y por evitar un contagio de la crisis europea.

Justamente, el gobierno de Sarkozy decidió apretarse el cinturón para poder ahorrar y disminuir el déficit fiscal, mediante una reducción de la nómina pública, un aumento en la edad de jubilación y la aprobación en agosto pasado de un paquete fiscal para obtener 10.000 millones de euros.

Aunque estas medidas son bien vistas por las calificadoras de riesgos –que por ahora han ratificado a Francia como un país AAA– no lo son tanto por el electorado, pues el ajuste fiscal no es para nada popular y prueba de ello es la baja aceptación de Sarkozy.

Con amigos así
En general, los franceses le reprochan al primer mandatario su incapacidad para controlar la deuda y el déficit público, la insuficiencia de resultados económicos (la proyección oficial de crecimiento para este año se redujo de 2,1% a 1,7%), y los escándalos en los que Sarkozy y su entorno se han visto involucrados en los últimos meses.

La venta de armas y submarinos a Pakistán, la supuesta financiación ilegal para la campaña electoral de 2007 por la heredera de L’Oréal, Liliane Bettencourt, y las acusaciones de que algunos líderes africanos habían financiado a los conservadores que precedieron a Sarkozy, son los principales escándalos que han salpicado a la Unión por un Movimiento Popular (UMP), el partido al que pertenece el Presidente.

Varios de los implicados, además de ser sus copartidarios, son sus amigos cercanos. Por ejemplo, el ex ministro del Interior, Brice Hortefeux, quien está acusado de interferir en la investigación del “caso Karachi”, un escándalo de sobornos políticos en relación con la venta de armas y submarinos a Pakistán en la década de 1990 para financiar la campaña presidencial, en 1995, de Edouard Balladur, de quien Sarkozy era vocero. Además, un amigo cercano a Sarkozy fue detenido por estar supuestamente involucrado en el mismo asunto.

Los sucesores
A medida que el escándalo del “caso Karachi” se acerque más a Sarkozy y si la crisis de deuda europea no puede ser contenida, será más difícil para la derecha francesa evitar que después de 17 años los socialistas vuelvan al poder. El problema es quién, dentro del partido, pueda ser el sucesor de Sarkozy.

Los mismos sondeos que no le dan posibilidades en la contienda de abril del año entrante, muestran que entre los militantes del UMP, 54% sostiene que el actual gobernante podría ganar las elecciones y solo 18% considera que Alain Juppé, actual ministro de Asuntos Exteriores, podría ser un aspirante idóneo. El primer Ministro, François Fillon, tiene apenas 15% del respaldo.

A siete meses de las elecciones, el panorama no es para nada claro y si el nuevo papá del Eliseo quiere que su bebé crezca allí, tendrá que hacer bastantes esfuerzos para convencer a un escéptico y muy crítico electorado francés.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?