Las ideas de Juan Manuel

| 7/21/2000 12:00:00 AM

Las ideas de Juan Manuel

Leer sus escritos puede dar la mejor pista de lo que hará el nuevo Ministro de Hacienda.

¿En qué cree?



La moneda sana y el equilibrio fiscal.

Educación, educación,

educación como el gran mantra.

La búsqueda de consensos como forma de hacer política.

El reparto equitativo de los beneficios del progreso.

En fortalecer los partidos políticos y las instituciones públicas.





¿Qué ha criticado?



Subir impuestos o bajar la inversión, en medio de una recesión, para resolver el problema fiscal.

No haber tomado por los cachos el toro de la reforma económica.

El clientelismo desde el ejecutivo como forma de gobierno.

Con nadadito de perro no se sobrevive a las tormentas.





Juan Manuel Santos, el nuevo ministro de Hacienda, es un hombre lleno de ideas. Buenas ideas y muchos escritos. Escribe inspirado por la coyuntura, como en la columna semanal que mantuvo en El Tiempo y en otros 13 periódicos regionales. O con un horizonte más amplio, como los escritos reunidos alrededor de la Tercera Vía, una alternativa moderna a la Socialdemocracia y al Neoliberalismo. Como sus escritos son de su propio puño, sus ideas reflejan sus creencias y pensamos que su comportamiento como ministro de Hacienda va a ser reflejo del pensamiento que ha expresado en el último año.



Dinero hizo una selección de algunos de sus escritos de los últimos 12 meses, en los que Santos se muestra convencido de que el país no puede seguir huyéndole a la toma de decisiones y crítico frente a la receta del Fondo Monetario Internacional de reducir la inversión pública y aumentar los impuestos en medio de la recesión.



Juan Manuel Santos ha insistido mucho en la importancia del buen gobierno. Ha dicho que sin instituciones públicas que funcionen, todo lo demás es una entelequia: más que de insuficiencia de recursos, de diagnósticos o de soluciones, el problema del país es de adecuada implementación de las políticas y uso de los recursos. Un buen gobierno es "un facilitador, un organizador de esfuerzos, un arquitecto de propósitos sociales, un canalizador de las aspiraciones ciudadanas, un constructor de vías efectivas y un administrador eficiente de los recursos públicos". El guía de un buen gobierno, según Santos, debe tener carácter, autoridad basada en la moral, control de la agenda pública, sentido de prioridades, responsabilidad por sus acciones y liderazgo para asumir riesgos y tomar el toro por los cachos. El buen gobierno no puede ser soberbio, sino rodearse bien, saber oír y buscar grandes consensos para la búsqueda de la equidad, la solidaridad y la responsabilidad.



Pero Juan Manuel Santos también ha insistido mucho en el tema de la buena política económica. En este caso, más que hacer un resumen de sus ideas, lo mejor es extraer algunos apartes de sus escritos más recientes, donde se refiere a los grandes temas que ahora tendrá que resolver como Ministro de Hacienda.



La credibilidad



Uno de los activos más importantes de cualquier gobierno, incluso por encima de su popularidad es su credibilidad. Por ello resulta tan preocupante que el gobierno no cumpla lo prometido o cambie de parecer con tanta frecuencia. El gobierno debería entonces pararle más bolas a su credibilidad y ser más consecuente con lo que dice y en lo que hace. Porque el día menos pensado le sucede lo del pastorcito (...) y nos quedamos todos sin ovejas.



El Tiempo, 15 de octubre de 1999



Responsabilidad fiscal



Para el compromiso con la moneda sana lo esencial es la responsabilidad fiscal. En Colombia no hay mucho margen para aumentar los ingresos, porque las tarifas impositivas son de las más altas de América Latina. No hay más remedio que reducir los gastos o incrementar su eficiencia para lograr los mismos efectos con menos recursos.



La Tercera Vía (páginas 40 y 41)



Falta de acción



Como ni la economía ni los colombianos resistimos un impuesto más, y la capacidad de endeudamiento interno y externo llegó a su tope, no habrá la más mínima posibilidad de financiar esos faltantes...



El verdadero gato enmochilado está en la falta de decisiones, en la falta de celeridad y en la falta de eficiencia, que al cabo de un par de años nos costará caro, muy caro, a todos los colombianos.



El Tiempo, 24 de diciembre de 1999



El acuerdo con el FMI



Al Gobierno se le viene diciendo que su problema número uno es el económico y que si no coge el toro por los cachos para darle un puntillazo en lugar simplemente de capotearlo, tarde o temprano resultará corneado.



Una de las razones por las cuales el acuerdo con el Fondo Monetario no va a despertar euforia entre los inversionistas es que pactaron la misma receta equivocada (como bien lo dicen economistas de la talla de Paul Krugman o Joseph Stiglitz) que agravó las crisis de Rusia y el sudeste asiático: la combinación de una reducción drástica de la inversión pública con un nuevo aumento de los impuestos en medio de una recesión. Lo increíble es que en Colombia esa receta ya se aplicó el año pasado sin el FMI y ya vimos los resultados. Ahora quieren volver a repetirla. Sería la cuarta reforma tributaria en año y medio. Y sería una locura. Desde ya hay que decirle al Gobierno que se olvide de una nueva reforma tributaria. La consigna debe ser entonces: ni un impuesto más. No solo porque el bolsillo de los colombianos no lo resiste, sino porque desde el punto de vista de la praxis económica sería totalmente contraproducente.



El Tiempo, 7 de enero del 2000



Lo social y la economía



Es cierto que son demasiados los perdedores con el nuevo orden económico mundial. Pero la solución no es volver al pasado. Lo imperativo es crear no solo unas reglas del juego donde los más débiles se puedan defender en esta nueva ley de la selva, sino revaluar los paradigmas sobre el desarrollo. Las tesis del último libro del último premio Nobel de Economía Amartya Sen caen como anillo al dedo. Hay que darles más énfasis a los objetivos sociales en el manejo económico o, puesto de otra forma, obligar a los fríos economistas a que tengan corazón. En el programa de ajuste también se deben incluir metas como la creación de nuevos empleos o el incremento de cupos en las escuelas. La historia es útil para no repetir los mismos errores: la globalización es buena si sus frutos se reparten bien.



El Tiempo, 28 de enero del 2000



Reformas sin impuestos



El paquete de reformas económicas que comienza a debatirse en el Congreso tiene una enorme trascendencia. Si el gobierno fracasa en convencer a los legisladores sobre su necesidad, habrá sin duda una crisis de confianza, el Fondo Monetario apretará las tuercas y se desplomará toda su política económica.



Pastrana pasaría a la historia no solo como el mandatario con uno de los peores desempeños de la economía sino -lo que es igual o más grave- como incapaz de haber resuelto los problemas que encontró o que él mismo ayudó a generar. Pastrana (...) prometió en la campaña todo lo contrario a lo que ha venido haciendo y por no haber cogido el toro por los cachos cuando tuvo la oportunidad. Lo que pasa es que el país entero sufriría las consecuencias, que no serían de poca monta.



Las reformas en materia de pensiones y de transferencias son necesarias para que la economía recobre su dinámica. Son dos temas complejos y políticamente sensibles, pero lo responsable y sensato es analizarlos con cabeza fría y reconocer que no hacer nada tiene a la larga costos mucho mayores que darse la pela de una vez por todas.



El tema de las transferencias es especialmente difícil por la caótica situación financiera de las regiones. Todas están quebradas y con qué cara se les dice que a pesar de su catastrófica situación les van a reducir sus ingresos. El Gobierno va a necesitar un gran poder de convencimiento y mucha imaginación.



En lo que el Gobierno sí está totalmente descachado es en tratar de imponer otra reforma tributaria -¿la tercera o cuarta?- en menos de dos años. Está descachado en la forma y en el fondo.



En la forma, porque el Gobierno pretende vender la reforma como una modernización tributaria que reduce los impuestos. Esto es una gran mentira.



En el proyecto efectivamente hay una disminución en algunas tarifas como las del impuesto sobre la renta. Pero ese es el disfraz. Lo que no dicen en forma explícita en su presentación es que la disminución de tarifas va acompañada de una masiva eliminación de exenciones de productos que no están cobijados por el IVA o de actividades económicas que no pagan impuesto de renta. El resultado real no va ser una disminución neta de los ingresos tributarios del Gobierno, sino todo lo contrario: una nueva transferencia de recursos del sector privado al sector público. Esto se llama en cualquier parte un aumento de impuestos. Y otra vez van a meterles la mano al bolsillo a los colombianos. Ningún gobierno en su sano juicio y con semejante crisis fiscal se puede dar el lujo de sacrificar ingresos tributarios. Esa es la realidad y el Gobierno peca de iluso si piensa que va a meterles gato por liebre a los contribuyentes sin que eso tenga ninguna repercusión.



El Gobierno está también descachado en el fondo porque no ha querido aprender de sus propios y costosos errores. La recesión se agudizó porque se les disminuyó la capacidad de compra a los ciudadanos cuando se necesitaba inyectarle oxígeno a la economía. Ya vimos los resultados de semejante error y ahora quieren repetir la misma dosis.



Una nueva reforma tributaria echaría al traste con los pocos indicios de reactivación que se están percibiendo. Es de una lógica económica elemental, como bien lo ha advertido el propio Contralor. A los congresistas, el país les cobraría muy duro que aprobaran más impuestos, no solo por el impacto negativo sobre la economía sino porque es socialmente regresivo.



El Gobierno haría bien en no insistir en más impuestos y en concentrarse más bien en las reformas estructurales. Si les cuelga la reforma tributaria a las otras reformas corre el peligro de que se hunda todo el paquete, lo que sería muy grave.



Que no le suceda al Gobierno lo que le sucedió por terco e intransigente con la reforma política. "Sí a las reformas pero sin más impuestos", debe ser la consigna.



El Tiempo, 24 de marzo del 2000



Sector financiero



El Gobierno (...) da la sensación de no querer o no ser capaz de coger el toro por los cachos y por eso las medidas que toma se han quedado cortas. Me sigue preocupando mucho que no ha logrado sacar al sector financiero de la sala de cuidados intensivos.



28 de abril del 2000



Corolario



En materia económica son muchos los textos que servirían en esos momentos. Los más recientes de Paul Krugman o Jeffrey Sachs sobre la inconveniencia de aplicar las recetas del FMI (subir impuestos y reducir el gasto) en medio de una recesión, nos habrían ahorrado muchos miles de desempleados.



12 de mayo del 2000



El cambio que se ha producido en el Ministerio de Hacienda puede ser más que un simple cambio de caras. El nuevo Ministro ha manifestado su convicción sobre una nueva orientación de la política fiscal para reactivar la economía: menos impuestos y menos desperdicio en el gasto. Ha señalado el agotamiento del esquema gradual de estabilización del gobierno en sus primeros dos años. También ha indicado la importancia del buen uso de los recursos públicos para producir mejores resultados y forjarle al país un norte de largo plazo. Como dijo en su columna del 14 de enero: "en épocas de crisis como la que vivimos hay que ser audaces y asumir riesgos, porque no tomar las decisiones que se requieren o tomarlas a medias o tardíamente resulta fatal. Con nadadito de perro no se sobrevive en las tormentas". El país está ansioso de que estas ideas del nuevo Minhacienda comiencen a tomar forma.
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