| 11/29/2010 3:10:00 PM

Las distancias del acuerdo con Venezuela

Hubo pocas coincidencias en la primera ronda de negociaciones con Venezuela debido a los enfoques de los equipos negociadores. La segunda ronda será a mediados de diciembre.

La euforia que generó la primera ronda para la negociación de un acuerdo comercial con Venezuela, celebrada entre el 8 y el 12 de noviembre pasado, ha dejado, con el paso de los días, un sentimiento de desencanto para los empresarios colombianos que venden a ese país.

Si bien desde el comienzo el gobierno colombiano había dicho que este proceso requeriría tiempo -mientras se genera confianza y se retoma la senda de los negocios binacionales-, con el paso de los días los avances se observan lentos y el reloj sigue corriendo hacia abril de 2011, cuando vencen los beneficios de la zona de libre comercio con Venezuela.

Hoy no solo persisten las barreras y discriminación a los exportadores colombianos -no se expiden los certificados oficiales que permiten vender mercancías o adquirir divisas-, sino que se ha marginado al sector privado de la negociación y continúan las demoras en el pago de la deuda -solo se han aprobado US$336 millones de más de US$800 millones-. Pero, quizá el mayor escollo que aparece en la negociación tiene que ver con los enfoques radicalmente opuestos en la mesa.

Los funcionarios venezolanos que participaron en la pasada ronda dejaron ver a su contraparte colombiana la molestia que les generó la aparición de titulares de prensa que hablaban sobre un 'TLC con Venezuela', pues bajo el actual modelo político y económico de ese país, este tipo de acuerdos es inconcebible. A la mesa llevaron una propuesta para estudiar acuerdos de alcance parcial, similares a los ya negociados por Venezuela con países cercanos a su ideología, y que compromete un pequeño grupo de productos y tienen un alcance mucho menor de lo que existía en la Comunidad Andina de Naciones (CAN).

Los acuerdos que propone Venezuela, además de basarse en un pequeño grupo de productos -agroindustria y manufactura liviana- exigen que en el caso de productos industriales haya transferencia de tecnología y se exporten productos intermedios, cuya transformación termine en ciudades de Venezuela y generen empleo, dejando abierta la puerta para que los capitales colombianos se instalen en ese país y participen de esos procesos.

Sin embargo, este tipo de acuerdos ha estado atado, tradicionalmente, a la negociación de acuerdos de protección a la inversión o para evitar la doble tributación, que fueron descartados por los negociadores venezolanos.

El choque de intereses ha sido evidente. Mientras Venezuela busca un comercio administrado, con un fuerte papel del Estado como regulador de las importaciones, Colombia aspira recobrar el mercado y garantizar al sector privado estabilidad jurídica, reglas claras y, sobre todo, el pago de sus acreencias.

Pero, aún con las dificultades de la primera ronda, se prepara para mediados de diciembre una segunda reunión en la que cada parte presentará nuevas propuestas en busca de una conciliación de intereses. En la parte colombiana se vienen estudiando opciones para negociar tres sectores: agroindustria, confecciones y calzado y autopartes.

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