| 3/4/2011 12:00:00 AM

La verdadera crisis

Si después de Libia, en Arabia Saudita se revelan contra el Rey Abdulah, el petróleo se dispararía y la economía mundial volvería a colapsar.

Al escribirse estas líneas, el mundo entero estaba pendiente de la suerte de Muamar Gadaffi, el dictador libio que después de 42 años está en guerra contra su propio pueblo. Sin embargo, a pesar de lo espectacular que pueda parecer su caída, hay un posible próximo capítulo menos llamativo, pero muchísimo más grave: una eventual  rebelión de Arabia Saudita contra su Rey.

Los analistas más importantes del mundo del petróleo tienen su atención puesta en una fecha: 11 de marzo de 2011. Para ese día está anunciada una gran marcha popular en Arabia Saudita, organizada a través de Facebook y convocada por un grupo de más de 100 intelectuales, activistas y hombres de negocios de ese país. La convocatoria a una “jornada de ira” invita a la gente a salir a las calles para protestar contra la corrupción y el nepotismo y les anima a exigir el libre derecho a elegir su líder.

Lo que apenas hace unas semanas parecía absolutamente imposible en Oriente Medio hoy luce probable y la marcha en Arabia Saudita ha abierto una caja de Pandora de especulaciones sobre lo que podría pasar. Si llegara a ocurrir en Arabia Saudita una revuelta similar a las de Túnez, Egipto, Yemen, Libia o Bahrein, las consecuencias para la economía mundial serían inimaginables.

Algunos analistas de Wall Street han comenzado a decir que Arabia Saudita puede ser a la economía mundial lo que Lehman Brothers fue para al sistema financiero internacional: el evento disparador de una crisis sin antecedentes. Los analistas discuten hoy cuáles son las probabilidades de volver a tener niveles reales de precio del crudo como los que, en los años 70, desataron una crisis económica global.

Pero incluso si el gobierno de Arabia Saudita mantiene la estabilidad, el panorama del mercado petrolero global ha cambiado de manera trascendental en los dos primeros meses de 2011. El papel de los saudíes en el ajedrez económico de Oriente Medio será más importante que nunca. Ese país ha servido como ancla estabilizadora en esa región durante décadas. Ahora, cuando las dictaduras del norte de África caen y esos países tendrán que construir nuevas instituciones prácticamente a partir de la nada, el papel de Arabia Saudita se vuelve aún más crítico para la economía mundial. De la manera como el reino saudí maneje las presiones internas hacia el cambio dependería la estabilidad de la economía global.


No es cualquier revuelta…


Si Túnez fue un shock, Egipto un temblor, Bahrein un terremoto y Libia un cataclismo, una rebelión violenta en Arabia Saudita podría ser el gran tsunami. Arabia Saudita es el principal productor de crudo en el mundo. En enero pasado bombeó 8,4 millones de barriles diarios, una décima parte de la producción mundial. Eso equivale a lo que produjeron en conjunto Libia, Argelia, Yemen, Irán y Bahrein. También corresponde al 30% del total producido por el cartel de la Opep, la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

Arabia Saudita es el país con mayores reservas probadas, 264.000 millones de barriles, el 20% de lo que hay en toda la Tierra. Es irreemplazable. Es el único país capaz de producir hasta 12 millones de barriles diarios, el doble de Irán o Irak, o de poner en el mercado dos millones adicionales de barriles diarios en un plazo de noventa días, por lo que puede ejercer un papel insustituible como amortiguador del efecto de la actual crisis sobre la oferta.

La preocupación por una posible revuelta en Arabia Saudita es tan grande, que el rey Abdulah, de 86 años, ha manifestado abiertamente preocupación sobre sus consecuencias. A mediados de febrero anunció un paquete de medidas económicas, destinado a calmar los ánimos de la población y valorado en cerca de US$36.000 millones. Las medidas incluyen un aumento de 15% en los sueldos estatales, ampliación de los préstamos hipotecarios, concedió un perdón especial a los prisioneros condenados por delitos financieros y habló de nuevos planes para combatir el desempleo (uno de los mayores factores de desestabilización en el mundo árabe, junto con el alto precio de los alimentos).

La propuesta del rey a sus súbditos es transparente: ofrece esta gigantesca transferencia de dinero hacia la población y a cambio espera que la gente se abstenga de cuestionar el régimen. No es evidente todavía, sin embargo, cuál va a ser el resultado. De hecho, el gobierno de Bahrein ofreció a la población un paquete financiero del mismo estilo, pero eso no impidió la revuelta. La oferta podría ser vista como una manifestación de debilidad en lugar de fortaleza y podría acelerar el desorden en lugar de frenarlo.

La escalada de protestas

Los grandes shocks petroleros han sido causados por conflictos políticos en el mundo árabe. En 1973 fue la decisión de la Opep de no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kippur; en 1979 fue la revuelta iraní que provocó la caída del Sha y la posterior guerra entra Irán e Irak a inicios de los 90.

Hoy, la producción de petróleo está más ampliamente distribuida a nivel global que en los años 70, pero de todas formas la Opep controla 43% de la producción mundial y 75% de las reservas de petróleo. Su dominio en las exportaciones de crudo se sitúa en alrededor del 51%. Además, concentra la totalidad de la capacidad excedentaria de producción de petróleo del mundo, lo que, de facto, convierte a la Opep en el banco central del mercado petrolero. Por eso, la conmoción política en los países miembros de esa organización tiene al mundo pendiente de un hilo.

Las protestas comenzaron en Túnez y Egipto. Aunque no son ricos en petróleo, la turbulencia en Egipto supone un peligro para el tráfico del crudo a través del Canal de Suez, que une al Mediterráneo con el Mar Rojo. Casi dos millones de barriles diarios son enviados a través del canal y otro millón se mueve a través del oleoducto Sumed, que atraviesa el país. Las protestas llevaron a la caída de Ben Ali y Hosni Mubarak, dos de los dictadores más antiguos del mundo. El desorden fue suficiente para que el precio del petróleo WTI -de referencia para Colombia- se disparara por encima de los US$100 el barril el pasado 10 de febrero.

Después vino el turno para Libia, el cuarto productor de crudo del África, detrás de Nigeria, Angola y Argelia. Al cierre de esta edición, el presidente libio, Muamar Gadaffi, se aferraba al poder en un conflicto que dejaba más de 200 muertos.

La producción petrolera libia entró en picada. Según cálculos de Barclays Capital y Goldman Sachs, la extracción en el país ha caído a la mitad de los 1,6 millones de barriles diarios que bombeaba antes de las crisis (2% de la producción mundial). La italiana ENI, la mayor operadora extranjera en el sector libio, sostiene que la situación es más grave y la producción ha caído 75%. Adicionalmente, está el problema de cómo sacar el crudo del país. Según Reuters, los rebeldes están al mando de los puertos de Libia, de manera que no hay cómo sacar el crudo tipo Brent, que al cierre de esta edición rondaba los US$117 por barril en el mercado londinense.

Arabia Saudita ha salido a desempeñar su papel estabilizador y el rey saudí Abdulah ha anunciado que compensará cualquier disminución en el flujo de petróleo libio. Eso es algo que únicamente puede hacer Arabia Saudita, el único de los 12 miembros de la Opep con capacidad para aumentar rápidamente la producción entre 2,5 y 3 millones de barriles diarios.

Pero la capacidad del reino saudí también tiene límites y no podría compensar una crisis similar en Argelia o Irán, donde también se están caldeando los ánimos. Irán es el segundo productor de la Opep, con una cuota del 12% dentro de esa organización y 4% a escala mundial. Argelia es el tercer productor del África y representa el 5% de la Opep.

Otros focos de inestabilidad reciente son Bahrein y Yemen. Ninguno de ellos nada en petróleo, pero son piezas claves de la trama geopolítica de Oriente Medio. El reino de Bahrein es un importante centro financiero regional y alberga a la industria de refinación de hidrocarburos a gran escala. Arabia Saudita ejerce una importante presencia económica en Baharein, como inversionista en el sector financiero y en otros sectores, como el de finca raíz, y también le entrega importantes cantidades de petróleo.

El tema militar añade complejidad a la ecuación. La Quinta Flota estadounidense también está ubicada en Bahrein. Con unos 4.000 soldados permanentes, es el pilar del poder naval de Washington en el Golfo Pérsico. Desde allí, Estados Unidos dispone de buques encargados de proteger el tránsito de petróleo por el Estrecho de Ormuz y de vigilar a Irán, el enemigo más importante para su país y para la Casa Saudí.

Yemen, por su parte, limita con Arabia Saudita, es puerta de entrada al Mar Rojo y es un importante aliado de Estados Unidos en la lucha contra Al Qaeda.

Arabia Saudita, la pieza clave de Oriente Medio, hoy está rodeada por el desorden.

La estabilidad Saudita

Si las presiones desde fuera son grandes, las que ocurren al interior del reino saudí no se quedan atrás. Este sigue siendo uno de los países más represivos de la tierra, un estado totalitario donde no hay elecciones ni libertad de expresión. La tortura y la detención sin juicio son habituales. Alrededor de 2.000 personas fueron arrestadas en 2009 por acusaciones políticas. La intolerancia religiosa llega hasta el punto que se aplica la pena de muerte a quienes no practican el Islam. El bárbaro tratamiento que se le da a sus 9 millones de mujeres tiene fama mundial.

La familia real saudita ha dominado enteramente la vida política y económica de la nación durante más de cien años. El Rey Abdulah es uno de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna personal estimada en los US$32.000 millones, según la revista Forbes, la cual lo considera como uno de los tres hombres más poderosos de la tierra, junto con el presidente chino, Hu Jintao, y el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

Esa riqueza depende en gran medida de la estatal de petróleo Saudi Aramco, la cual controla. Con reservas estimadas por 266.000 millones de barriles, es dueña de una quinta parte de todas las reservas petroleras del planeta. Según Forbes, su valor el año pasado era de US$22 billones, unas 50 veces más de lo que vale Exxon Mobil.

La gran defensa de Arabia Saudita frente a una posible revuelta es la riqueza de su población. Con un ingreso per cápita de US$24.000, los ciudadanos de este país son ricos (en Egipto, en comparación, el ingreso per cápita se acerca a US$6.000). Sin embargo, el desempleo es un gran problema entre los jóvenes, como lo es en todos los países donde se han desatado las revueltas, y se estima que afecta a cerca del 30% de los menores de 30 años.

La oposición ha sido desmantelada y los cargos clave en las fuerzas militares son ocupados por miembros de la familia real. No existe allí una posibilidad de que los militares emerjan como una alternativa de poder, como ocurrió en Egipto.

Sin embargo, el descontento existe, como lo demuestran las firmas que respaldan la manifestación del 11 de marzo. Precisamente porque los ingresos son superiores a los de otros países, ha sido posible formar una clase educada que aspira a una mayor libertad y mayor integración con el mundo.

El rey Abdulah ha mostrado tendencias hacia la liberalización, como lo expone el fomento a la educación de ciudadanos saudíes en el exterior, o el ingreso del país en la Organización Mundial del Comercio. En el año 2003, el rey abrió las puertas a un "diálogo nacional" sobre el futuro de la sociedad saudí. Esto ha fortalecido a los sectores que buscan un gobierno más abierto, con límites sobre el control que la familia real ejerce sobre la riqueza petrolera y mayores derechos para las mujeres. En esos círculos se discute incluso la creación de una monarquía constitucional, con la introducción gradual de elecciones.

A pesar de esto, no se prevé hacia adelante mayor apertura y liberalización, sino todo lo contrario. El rey Abdulah tiene 86 años. El sucesor esperado es su hermano menor, apodado "el Rey de los ladrones", de 82 años de edad. Es conocida su oposición a las políticas de liberalización aplicadas por el actual rey. La población que aspira a un cambio no ve un camino en el mediano plazo.

De allí la importancia de la manifestación del 11 de marzo. Para quienes buscan un Estado más liberal en Arabia Saudita, esta es una oportunidad única para promover su agenda. Para ellos, este es el momento de inducir un cambio en la forma como se maneja el país.

El impacto? Según el director de la Agencia Internacional de Energía, Nobuo Tanaka, "los precios por encima de US$100 por barril para el resto del año podrían arrastrar a la economía global de nuevo a una crisis económica similar a la de 2008".

Otros analistas estiman que la economía mundial se ha vuelto resiliente ante el encarecimiento del petróleo y ha aumentado su capacidad para soportar precios altos. Sin embargo, existe un límite para soportar las alzas. Se teme que si el petróleo sube al rango de US$140 por barril, la economía mundial se vería en serios aprietos.

Unos precios del petróleo de ese orden podrían acabar con la recuperación económica mundial. Las repercusiones del precio del petróleo se sienten en el precio de la gasolina, los tiquetes aéreos, los alimentos, los fertilizantes y los agroquímicos. Eso golpea directamente el consumo de los hogares, responsable en 70% del producto interno bruto de Estados Unidos. Según un modelo de la Reserva Federal, por cada US$10 de aumento sostenido en el precio del petróleo, el crecimiento del PIB cae 0,2% y el desempleo aumenta 0,1% en Estados Unidos.

Todas las recesiones ocurridas desde 1973 han estado precedidas por alzas en los precios del petróleo. Así ocurrió en las recesiones de 1973-1975, 1980, 2000 y más recientemente 2008, cuando los precios del petróleo llegaron a un máximo de US$147 por barril.

A diferencia de aquellas ocasiones, las tasas de interés hoy en día están en niveles históricamente bajos. Mientras en 2008 la política monetaria mundial era bastante apretada, hoy sucede exactamente lo contrario y el costo del dinero en el mundo es muy barato. En el caso concreto de Estados Unidos, los intereses reales permanecen en terrenos negativos, con unas tasas de referencia al 0%.

Estas tasas bajas han sido sostenidas por los principales bancos centrales del mundo en un esfuerzo por consolidar la recuperación económica. Sin embargo, el alza de los precios del petróleo aceleraría las tendencias inflacionarias y obligaría a elevar las tasas de interés.

Para los banqueros centrales, la variable más importante es la duración en el tiempo de las alzas del precio del petróleo. Un aumento pasajero puede ser asimilado por las economías de Occidente sin mayores traumas, pero si el efecto fuera duradero, el aumento de tasas de interés sería una necesidad. El problema está en las expectativas del mercado. Incluso si el régimen saudita logra controlar el impacto del 11 de marzo, el efecto de incertidumbre podría reflejarse en aumentos sostenidos del precio del petróleo. 

A prepararse

Para Colombia, el petróleo caro ofrece ventajas por el lado de la balanza de pagos, pues recibirá mayores ingresos como exportador en momentos en que la producción supera los 830.000 barriles de petróleo por día. Sin embargo, también implica múltiples desventajas para la marcha de la economía.

Para empezar, afectará la posibilidad de lograr la meta de inflación. Sin duda, el comportamiento de los precios del petróleo influyó en la reciente decisión del Banco de la República en el sentido de subir sus intereses de 3% a 3,25%. Las expectativas de inflación en Colombia están aumentando y el crecimiento de los precios en lo corrido del año es 3,4%; cuando la cifra comparable hace un año era 1,84%. Incluso, hay temor en el mercado respecto a que en algún momento del primer semestre la inflación supere el rango meta fijado por el Banco para este año.

Un precio del petróleo por encima de US$100 puede llevar a que el precio del galón de gasolina en el país supere los $9.000 en los próximos meses. El Gobierno no tiene muchos instrumentos para evitarlo. Ya se acabó la plata del Fondo de Estabilización de Precios del Petróleo, que sería el mecanismo indicado para proteger a los consumidores.

Otros efectos negativos serán la profundización de la revaluación del peso y la pérdida de dinamismo en mercados clave como Estados Unidos (ver recuadro).

Es posible que el Rey Abdulah no caiga. Al final de cuentas, no es un dictador, sino un monarca, y una transición hacia una monarquía constitucional con un modelo más abierto podría ser una opción manejable. Sin embargo, el efecto sobre los mercados, generado por la incertidumbre en un país hecho para la estabilidad podría ser suficiente para llevar a un escenario de alza sostenida de los precios del petróleo. Lo impensable está ocurriendo en 2011 y el mundo debe prepararse para vivir las consecuencias.

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