| 8/29/2016 11:33:00 AM

La paz es solo el inicio del país que soñamos

Foto: 123RF

La paz no puede reducirse a discursos, presentaciones, vídeos elaborados o debates que se quedan al interior de los auditorios universitarios.... Debemos asumir el reto de vivir la paz desde la práctica, desde el hacer y el actuar, para así combatir lo que inició la violencia y evitar que se repita.

Lograr la paz en Colombia representa un desafío descomunal, y no solo en lo relativo a la desmovilización de los guerrilleros o al cese final de las hostilidades, sino por un reto aún mayor: transformar toda esta esperanza y alegría que nos embarga a los colombianos en fuerzas para vencer los demás obstáculos que atraviesa nuestro país, esos que desde hace casi 60 años provocaron el inicio de la violencia.

Está claro que todo paso pequeño o grande para mejorar nuestro convivir es bienvenido, pero atacar el problema desde la raíz es una responsabilidad de todos. Sin excepciones.

Vencer la corrupción, la llamada economía criminal, la pobreza y la desigualdad, que tanto han aquejado a nuestro país, también debe ser una prioridad paralela a la aplicación de la paz, si se tiene en cuenta que fueron estos problemas los que hicieron levantar en armas a los grupos que tanto daño le han hecho a poblaciones y a la imagen de Colombia.

Esto también implica un cambio de cultura en todos nosotros, una incluyente y tolerante que debe ser impulsada desde todos los sectores, especialmente desde la Academia, una plataforma enorme en donde sus actores tenemos una responsabilidad mayúscula tanto en su sensibilización como en la adopción de aquellas personas que después de estar en la guerra quieren reintegrarse a la sociedad civil.

Por ese motivo, la paz no puede reducirse a discursos, presentaciones, vídeos elaborados o debates que se quedan al interior de los auditorios universitarios. Son acciones válidas y necesarias, pero también debemos asumir el reto de vivir la paz desde la práctica, desde el hacer y el actuar, para así combatir lo que inició la violencia y evitar que se repita.

El proceso de paz es un hecho histórico que tiene que ser contado y de manera profesional. Ese es otro de los puntos en los que la Academia es clave. En todas la universidades existen cientos de escritos y miles de reflexiones sobre el tema, que pueden ayudar en este sentido.

A eso se suma la construcción constante de espacios de reflexión de los actores académicos, de la mano del Gobierno y el sector privado, para modificar nuestra percepción de los actores de la guerra y ofrecer opciones de crecimiento a los desmovilizados para evitar su recaída en actividades delictivas.

Pero, ¿de verdad estamos preparados para recibir a unos 8.000  excombatientes en nuestras aulas?, ¿cómo abordaremos este tema con los docentes?, ¿cómo lo haremos con los estudiantes que ya están con nosotros? y ¿cómo asumiremos la demanda de las personas, no necesariamente los que vienen del conflicto, que ahora no pueden acceder a la educación superior? Preguntas relevantes para nosotros los educadores.

Es claro que todos le estamos apostando, pero necesitamos acciones claras y contundentes en todo el país. Una cosa es ver el conflicto desde nuestras ciudades grandes, a verlo desde las regiones, donde por años el Estado colombiano ha estado ausente. Debemos vencer el desconocimiento en torno al proceso de paz y sus acuerdos y hacerlo de manera objetiva desde las Universidades.

Como hemos visto, los desafíos son enormes, incluso en otros temas tan complejos y debatidos como la justicia, la reparación a las víctimas y el desarrollo del posacuerdo, pero es mejor tener retos que no tenerlos. Estamos a puertas de iniciar el país que soñamos.

Por: Fernando Laverde, rector de la Fundación Universitaria del Área Andina.

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