| 10/28/2009 11:00:00 AM

La mejor Orinoquía que podemos construir

Los Llanos tienen una gran riqueza disponible, pero es un sistema complejo y frágil, en un territorio ocupado por una población culturalmente diversa ¿Cómo construir agronegocios competitivos? La visión del investigador agrario, Guillermo Rudas

Entonces, ¿sí se pueden hacer desarrollos empresariales en la Orinoquía?
Por supuesto que sí. No solo se puede: es urgente para la región y para el país. Se requiere canalizar la inversión productiva hacia la región, pero de manera ordenada y planificada. Es una región con gran riqueza, pero también con enormes restricciones. Hay visiones muy diversas sobre el modelo empresarial más adecuado para la región. Algunos la ven como un espacio vacío, listo para ser cultivado, sin ninguna limitación… Ni siquiera se requiere el hacha. Otros perciben su enorme potencial, pero son conscientes de su complejidad y fragilidad. Hoy se conoce más de la Orinoquía que hace unos pocos años. Pero todavía hay muchos vacíos de conocimiento, que generan gran incertidumbre. Hay que aprender de los errores del pasado. La ocupación intempestiva y desordenada, sin un adecuado conocimiento del territorio y de la población, sin planificar el uso del suelo, conducirá sin remedio a grandes conflictos como los que vivió el país en el Caquetá o en Urabá.


¿Cuáles de esos negocios son los más rentables?
La región tiene un enorme potencial pesquero, tanto o más grande que el que tenía la cuenca del Magdalena y del Cauca hasta hace pocos años; pero igualmente frágil y con alto riesgo de extinguirse, como ya sucedió en esta cuenca. Tiene gran riqueza biológica, en una amplia variedad de ecosistemas, que pude ser atractiva para muchas actividades económicas; incluyendo, por supuesto, el turismo. Usar ese capital de manera cautelosa, reconociendo su elevado valor como expresión de los beneficios actuales y futuros que de allí se pueden obtener, es el negocio más rentable que se puede hacer en la región.


¿Cuáles de esos negocios realmente son más mito que realidad económica? ¿Cuáles son en realidad una quiebra en potencia?
El inversionista de corto plazo, el capital golondrina, va detrás de rendimientos elevados e inmediatos. Así actúan, por ejemplo, los cultivadores transhumantes de arroz. Van de región en región, invirtiendo en cultivos de corta duración, muy atractivos para recuperar rápidamente su inversión. Ahorran al máximo en costos de manejo, y así obtienen jugosas utilidades. Alquilan tierras por unos pocos meses, sin incentivo alguno para conservar su productividad. No tienen interés en mantener las aguas. Obtiene elevadas ganancias de la cosecha, pero destruyen el entorno. Los costos de esta destrucción, las externalidades generadas, termina siendo pagadas por el dueño de la tierra. A la larga, terminan pagando los propietarios, los pobladores de la región y los inversionistas con visión de largo plazo. Ellos soportarán, más temprano que tarde, la escasez derivada de esta destrucción. Y pagarán, con creces, los costos asociados al conflicto derivado de la misma. Esta inversión es un buen negocio para el cultivador esporádico. Pero un pésimo negocio para toda la región y para el país. Económicamente, es una catástrofe anunciada.

¿Y cómo se compatibiliza la evolución en los agronegocios en la Orinoquía con el cuidado del medio ambiente?
La Facultad de Administración de la Universidad de los Andes presentó recientemente un estudio con un sugestivo nombre: La mejor Orinoquía que podemos construir. Allí se concluye que la región tiene enormes oportunidades para producir de manera competitiva. Pero también pone de presente que la gran riqueza disponible no está localizada en un espacio vacío. Es un sistema complejo y frágil, en un territorio ocupado por una población culturalmente diversa. Allí se pueden instalar agronegocios competitivos, siempre y cuando se respeten los límites que la misma naturaleza y la sociedad local imponen. Límites que, si se transgreden, terminarán generando conflictos irreversibles. Reconociendo esta restricción, el estudio de la Universidad de los Andes hace una propuesta básica: que los empresarios participen activamente en la construcción de sólidos acuerdos sociales, con los diversos actores locales, para garantizar un desarrollo competitivo, ambientalmente sostenible y socialmente equilibrado.

¿Qué es lo más importante que hay que cuidar en la Orinoquía en términos de riqueza ambiental?
Como decíamos, la Orinoquía es un sistema abundante agua. Pero regulada por un ciclo complejo, frágil y bastante desconocido. Durante buena parte de año, gran parte del territorio se transforma en un variado conjunto de humedales. Si se drenan sin límite alguno, el ciclo del agua se verá afectado, muy seguramente, de manera catastrófica e irreversible. Conocer las oportunidades y los límites de este ciclo, encontrar el umbral adecuado, es la clave del futuro de la agroindustria en la Orinoquía. Sin el agua, ninguna actividad económica será competitiva.

¿Qué es lo que más le falta al país para ordenar el desarrollo sostenible de la Orinoquía?
Información, decisión política colectiva… y visión de largo plazo.

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