La economía de Uribe

| 5/31/2002 12:00:00 AM

La economía de Uribe

Solo la confianza puede devolverle al país las tasas de crecimiento que necesita para salir del actual estancamiento. Todas las baterías deben enfilarse a lograrla.

Las elecciones presidenciales del pasado 26 de mayo fueron una buena prueba para el país. La elección en primera vuelta de Alvaro Uribe como Presidente de los colombianos no solo le ahorra al fisco recursos importantes cercanos a los $60.000 millones, sino que le permite al país salir de la especulación para concentrarse nuevamente en las actividades productivas. Esto, sin embargo, no quiere decir que la elección de Uribe pare aquí las preocupaciones. Todo lo contrario. Es el comienzo de una nueva etapa en el desarrollo.



Uribe recibe un país con muchos problemas, pero sobre todo con muy pocos recursos económicos para solucionarlos. De ahí que todos los analistas tanto internos como externos se pregunten cómo va a hacer el nuevo Presidente para cumplir todo lo que prometió durante su campaña y por lo cual votaron los colombianos. El tema no es fácil. Por un lado, los inversionistas de Wall Street les tienen el ojo puesto a las reformas que hará el nuevo Presidente para ajustar las cuentas fiscales y hacerse acreedor a nuevos recursos de financiamiento y, por el otro, las promesas de Uribe en materia de seguridad y bienestar social requieren recursos adicionales equivalentes a 3 puntos del PIB, con lo cual el déficit fiscal del gobierno central prácticamente se duplicaría.



Frente a este desfase, Uribe no tiene más opción que convencer a los mercados de la importancia del mayor gasto en la restauración de la confianza. Mejorar las condiciones de seguridad es lo que se requiere para que la inversión vuelva y Colombia retome el sendero de crecimiento de 4% al año o más. Para lograrlo, es muy posible que en los primeros años el déficit fiscal sea superior al previsto por el mercado. Esto, sin embargo, se corregirá en el mediano plazo con los mayores ingresos que genere la nueva inversión. Pero para que esto sea posible, el nuevo gobierno no puede dejar duda sobre su compromiso de cumplir las obligaciones ya adquiridas. Mayor endeudamiento cabe, si redunda en mayor seguridad, confianza y crecimiento.



Las cuentas



La obsesión de Uribe por la seguridad y la recomposición social del país para nadie es un secreto. Reiteradamente ha mencionado la necesidad de invertir en seguridad, como herramienta para recuperar la confianza de los inversionistas. Para lograrlo, tiene previsto aumentar en cuatro años el número de policías de 100.000 a 200.000 y el de soldados profesionales de 55.000 a 100.000. Esto, acompañado de la modernización de los sistemas de inteligencia y una mayor inversión para aumentar la movilización de las tropas, implica un aumento del gasto de un punto del PIB por año.



Por otro lado, en el tema social, las prioridades de Uribe son aumentar en 1,5 millones los cupos de educación y construir al menos 100.000 casas al año. Estos programas y las demás estrategias en el campo social le añaden otro punto del PIB al gasto de cada año.



Finalmente, las inversiones en infraestructura que se requieren para darle un empuje a la economía, unidas a los subsidios para el café y las exenciones a las importaciones de bienes de capital, cuestan otro punto del PIB. Es decir, el nuevo gobierno de Uribe tiene que ingeniarse desde ya la manera para conseguir tres puntos del PIB para cumplirles a los colombianos sin alterar las relaciones con los inversionistas locales y del exterior que son quienes finalmente ponen la plata para que Colombia pueda sacar adelante todos sus proyectos.



Plata, ¿de dónde?¿Cómo podría conseguir el nuevo gobierno estos recursos?



Lo primero es haciendo una reestructuración total del Estado colombiano, con los costos políticos que ello pueda implicar. Un estudio realizado por la consultora Booz-Allen & Hamilton plantea la posibilidad de reducir gasto mediante la eliminación de un buen número de cargos en el sector público, que no solo le cuestan al fisco sino que obstaculizan la gestión del Estado. La idea al eliminar estos cargos es poner a la gente a trabajar en otros oficios más productivos y así ir disminuyéndole la carga al Estado.



Adicionalmente, este mismo estudio hace un análisis de los activos y pasivos del Estado y concluye que el rendimiento de la mayoría de los activos es muy inferior al costo del pasivo. Aquí solo hay una solución. O se ponen a la venta estos activos, entre los que figuran Telecom, Ecopetrol y otros, o se ponen a rentar como mínimo a la tasa promedio del capital en Colombia. Aquí también podría haber un ahorro importante.



El resto de la plata tendría que provenir de ingresos tributarios. En este momento, las exenciones en Colombia valen alrededor de 2 puntos del PIB. Si el gobierno entrante logra eliminarlas, tendría buena parte de los recursos que requiere, sin necesidad de tocar los impuestos a la renta o de patrimonio ni de aumentar el impuesto a las transacciones financieras. Es cuestión de metérsela toda para eliminar privilegios. No hay que olvidar que esta ha sido la intención de todos los gobiernos cada vez que le presentan al Congreso un proyecto de reforma tributaria. La propuesta siempre ha sido derrotada.



Hay un punto adicional sobre el cual aún no hay consenso, pero podría ayudar a reducir la evasión: su penalización. Si esto llegara a darse, tendría que acompañarse de una amnistía tributaria que aportaría recursos adicionales por 1,5% a 2% del PIB, aunque serían de una sola vez y no podrían financiar gasto de manera permanente.



Nada de lo anterior se puede hacer de inmediato. Ni la reducción del gasto ni el aumento de los ingresos. De hecho, el mayor gasto arranca antes de que se materialicen los ingresos adicionales. Esto significa que el gobierno de Uribe tendrá que convencer a los mercados de la necesidad de mantener en los primeros años, déficits algo superiores a los previstos en el plan de ajuste con el Fondo Monetario Internacional en aras de generar un shock de confianza que saque al país del actual estancamiento.



Todas las baterías del nuevo gobierno deberían enfilarse para que regrese la confianza y con ella la inversión que permita alcanzar una tasa de crecimiento de por lo menos 4% al año. Si esto se logra, los ingresos fiscales aumentan y cualquier propuesta de reforma tributaria se facilita.



Las preocupaciones



El tema del desfase entre ingresos y gastos del programa de Uribe es precisamente lo que desvela a los inversionistas en Wall Street. De hecho, desde antes de que Uribe ganara las elecciones ya existía esta preocupación y es la razón por la cual Moody's y Standard & Poor's le pusieron en agosto de 2001 y marzo de este año una perspectiva negativa a la calificación de riesgo de Colombia.



El discurso de Uribe, el día de las elecciones, y las declaraciones posteriores reavivaron las preocupaciones, en especial con respecto al manejo de la deuda externa, el mayor gasto social y la eventual emisión monetaria por parte del Banco de la República para financiar el mayor gasto.



Desde cualquier perspectiva, las preocupaciones son sin duda válidas. Colombia necesita un shock de confianza y se espera que trabaje para lograrlo. Mientras no ajuste las finanzas públicas, el país seguirá necesitando crédito externo para financiar el déficit fiscal, el cual de acuerdo con los requerimientos de gasto de Uribe será creciente por lo menos en los primeros años de su gobierno.



En este sentido, Uribe no puede asustar a los mercados con mensajes de reestructuración de la deuda. Por el contrario, tiene que convencerlos de la disposición y la capacidad de su gobierno para atender los compromisos de la deuda externa tanto en el corto como en el mediano plazo. No hay que olvidar que los vencimientos del año entrante son de US$3.000 millones, de los cuales US$1.340 millones son con los inversionistas privados.



Sí es muy válida la estrategia de Uribe de solicitar a la banca multilateral más recursos para mejorar las condiciones sociales del país. Esto actúa en dos vías. Por un lado, permite el roll over de la deuda externa y, por el otro, facilita el trabajo en programas de más largo plazo como la Revolución Educativa de Uribe. Dentro de esta misma línea de ideas, el gobierno de Uribe podría pedirle a Estados Unidos otro tipo de ayudas diferentes al crédito, como el acceso al Nafta, un acuerdo bilateral o, por qué no, exenciones tributarias para las inversiones de los estadounidenses en Colombia. Esto sí que atraería inversión.



Las prioridades no pueden confundirse. Si bien el país requiere inversión social, para salir adelante se necesita mucho más que aumentar el gasto público en salud y educación. De hecho, en la última década Colombia duplicó el gasto social y aún así hoy está totalmente descuadernada. Lo prioritario es la confianza, la cual se logra trabajando para que este país vuelva a ser un lugar seguro y rentable para la inversión.



Por último, la emisión que tanto ha preocupado a los mercados es un problema de semántica, de acuerdo con uno de los asesores de Uribe. Mientras el Banco de la República siga siendo independiente, la decisión de una emisión monetaria para financiar al gobierno es exclusiva de los miembros de la Junta Directiva. En ningún momento, un Presidente puede tomarla de manera unilateral.



El reto

Alvaro Uribe recibe un país con muchos problemas, pero sobre todo muy pocos recursos económicos para solucionarlos. Las promesas de Uribe en materia de seguridad y bienestar social requieren recursos adicionales equivalentes a 3% del PIB.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.