| 3/2/2007 12:00:00 AM

La debilidad del yen

¿El Banco de Japón podrá reversar la tendencia devaluacionista del yen e impactar los mercados financieros del mundo, con su reciente aumento de la tasa de interés? Posiblemente no.

Con la globalización de la economía y de los mercados financieros mundiales, la posibilidad de invertir en activos en cualquier país es prácticamente ilimitada. Los flujos de capital van y vienen de un país a otro, dependiendo de las condiciones existentes en cada momento en uno y otro lugar, lo que lleva a la necesidad de mantenerse al tanto de lo que pasa en cada país, así como del impacto que las decisiones de política puedan tener sobre los precios de los diferentes activos.

Así, mientras que hace unos años para un inversionista colombiano, que el Banco de Japón subiera las tasas de interés podría verse como un hecho lejano, sin ninguna trascendencia, hoy puede ser determinante en su decisión de mantener una u otra posición en su portafolio de inversiones.

Desde comienzos de esta década, el yen se ha venido devaluando de manera acelerada frente a las principales monedas, con serias repercusiones no solo sobre los mercados financieros del mundo, sino también sobre el comercio global. Debido al enorme diferencial que existe entre las tasas de interés de Estados Unidos y Europa (500 y 325 puntos básicos, respectivamente) frente a las de Japón, los inversionistas encuentran irresistible el incentivo de endeudarse en yenes para colocar estos recursos en otros mercados en busca de mayores rentabilidades. Esto significa que buena parte de las inversiones en los diferentes mercados del mundo está fondeada con estos recursos y, por tanto, depende de lo que pasa con la moneda y los intereses en Japón.

De otro lado, la continua salida de capitales de Japón por cuenta de este diferencial de intereses lleva a que el yen se devalúe, lo que a su vez conduce al abaratamiento relativo de las exportaciones de este país. Precisamente por este motivo, los gobiernos europeos han venido presionando a Japón con respecto a la debilidad del yen, que ajustado por los flujos de comercio, está en su nivel más bajo de los últimos 20 años. A juicio de estos países, la devaluación hace que los productos japoneses sean injustamente competitivos.

Ya sea que el Banco de Japón haya sentido la presión de moverse o no, el hecho es que en su reciente reunión del 21 de febrero decidió subir la tasa de interés de corto plazo de 0,25% a 0,5%, en un intento de recuperar la confianza del público y el control de la política monetaria. Una tarea que no le ha quedado fácil.

Durante 17 años, el banco ha vivido con la preocupación de que por cuenta de la laxa política monetaria de los años 80 se formó la burbuja de la economía japonesa, que luego terminó en un proceso de deflación, del cual le ha quedado prácticamente imposible salir. En agosto de 2000, por ejemplo, cuando el banco aumentó las tasas de interés en anticipación a un posible aumento de los precios, tuvo que reducirlas rápidamente cuando se hizo evidente que los precios estaban cayendo.

De hecho, desde cuando se volvió independiente en 1998, muy poco ha podido hacer el Banco de Japón en materia de política monetaria, debido a que ha tenido que mantener una política antideflacionaria y tasas de interés de 0%. Únicamente en marzo del año pasado, a raíz de la recuperación de la economía, tuvo la confianza suficiente para abandonar esta política y, posteriormente en junio, para aumentar por primera vez en 6 años las tasas de interés en 25 puntos básicos, de 0% a 0,25%. El banco, no obstante, no tiene una meta de inflación, sino que opera bajo el entendido de que la estabilidad de precios se logra con una inflación entre 0 y 2%.

Pero, después de julio, el Banco de Japón no había vuelto a moverse, lo que llevó a los críticos a afirmar que se había dejado coartar por un gobierno que quiere ver un crecimiento económico acelerado.

Recientemente, los ojos del mundo volvieron a caer sobre el Banco de Japón con motivo de su reunión del 20 y 21 de febrero, en la cual debía decidir si mantenía la tasa de interés de 0,25% o si la subía a 0,5%. La decisión no era fácil y de todos modos sería motivo de críticas por parte de la comunidad internacional y de los políticos locales. Por un lado, si no subía los intereses, corría el riesgo de aumentar el incentivo al arbitraje, lo que a su vez presionaría aún más la devaluación, pero, por el otro lado, al subirla corría el riesgo de que los precios cayeran, dado que la inflación en Japón al finalizar 2006 era apenas de 0,1%.

Por último, basado en un crecimiento de 4,8% anual de la economía japonesa en el cuarto trimestre de 2006, y en el supuesto de que la economía de Estados Unidos, de la cual depende fuertemente para sus exportaciones, no se desaceleraría tanto como se había previsto en un principio, el banco optó por la segunda alternativa.

La reacción de los mercados no se hizo esperar. De inmediato, el yen cayó frente a las principales monedas, 0,9% y 0,7%, frente al dólar y al euro, respectivamente, en la medida en que el aumento de 25 puntos básicos de la tasa de interés en Japón es insuficiente y, por tanto, a juicio de los inversionistas no acabará con el incentivo de endeudarse en yenes para invertir en otras monedas.

El espacio para incrementos futuros es limitado, lo que indica que el yen difícilmente podrá cambiar, al menos en el corto plazo, la tendencia devaluacionista de los últimos años. Esto es algo para considerar al momento de decidir si se invierte o no en esta moneda.
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