| 12/12/2011 6:00:00 PM

La danza de Petro

¿Qué tanta gobernabilidad tendrá Gustavo Petro con el nuevo Concejo de Bogotá? y, ¿qué transacciones podrá hacer sin comprometer sus principios?

A finales de noviembre, el alcalde electo de Bogotá, Gustavo Petro, sacó un as bajo la manga que nunca dejó ver en campaña. Dijo que la fórmula para desmontar la restricción del ‘pico y placa’ estaba en instalar peajes urbanos en las zonas más congestionadas de la ciudad. El anuncio, que dejó pasmado a más de un bogotano, fue blanco de un huracán de cuestionamientos: ¿tendrá el suficiente sustento técnico, ¿qué tanto puede afectar el bolsillo de los contribuyentes? y ¿cómo se invertirá lo recaudado? Preguntas que, aunque hoy rondan con fuerza entre los ciudadanos, quedarán en manos del nuevo Concejo de la ciudad. De esa corporación no solo saldrán las respuestas sino que allí también se dirá la última palabra.

La suerte de los peajes, sin embargo, no será lo único que deberá definir el cabildo distrital. Otros proyectos vitales para el futuro de la capital, como el Sistema Integrado de Transporte Público, el Metro, la expansión del Transmilenio, los 1.000 jardines infantiles, la gratuidad del agua potable y la integración de las empresas de servicios públicos, por mencionar solo algunos, también tendrán que recibir la bendición de los 45 concejales que asumirán sus cargos el 1 de enero. Desde ese día, su mayor apuesta será la de reivindicar el nombre de una institución hoy desprestigiada por innumerables escándalos de corrupción, el desmedido apetito de prebendas burocráticas y la falta de independencia.

Una tarea casi tan titánica como la de descontaminar el río Bogotá. Y, más aún, si se tiene en cuenta que, al revisar los nombres de quienes conformarán el nuevo Concejo, aparecen 11 de los 17 investigados por la Fiscalía. Además de viejos caciques políticos como Jorge Durán Silva o Jorge Ernesto Salamanca (Partido Liberal), hay otros que están bajo la lupa de la opinión pública, como Andrés Camacho Casado (Partido de la U) y Julio César Acosta (Cambio Radical).

En términos de ajedrecistas es algo así como jugar sobre un tablero nuevo pero con un manojo de viejos alfiles. Todos ellos respaldados por la inercia partidista de las colectividades más grandes de Bogotá: Cambio Radical, la U y el Partido Liberal –las tres sumarán 46% de la representación en el Concejo–. Un escenario tradicional que, no obstante, tendrá que darle la bienvenida a un nuevo jugador: los Progresistas, un partido que, aunado al Polo Democrático, representará 26% de la corporación. Este será el bloque de izquierda, que antes tenía múltiples centros de poder provenientes de movimientos como el Moir y la Anapo, pero que ahora se identificará con el liderazgo de Gustavo Petro.

Así pues, salvo la llegada de Progresistas, a grandes rasgos no se vislumbran cambios significativos en la estructura partidista del Cabildo. El gran interrogante es, entonces: ¿cómo será la danza entre el Concejo y el Alcalde? Una danza que, bajo los mandatos de Lucho Garzón y Samuel Moreno estuvo matizada por la repartición de contratos y puestos. “Lo que hemos visto en los últimos años es un Concejo eunuco que se autocastró en sus grandes mayorías –no en individualidades– para hacerle control político a los alcaldes del Polo. Eso nos llevó, en buena medida, al desastre que está atravesando la ciudad”, le dijo a Dinero Juan Carlos Flórez, concejal electo del movimiento Asociación Social Indígena.

Los retos

Hace poco menos de 20 años, durante la alcaldía de Jaime Castro, entró en vigencia el Estatuto Orgánico de Bogotá. Un extenso documento que, en palabras simples, es la carta de navegación normativa de la ciudad. Quizás uno de los cambios más importantes que introdujo fue el de darle total autonomía al Alcalde para gobernar sin la interferencia del Concejo. “Antes, los grandes ‘cacaos’ del Cabildo se sentaban en una vieja poltrona junto al Alcalde de turno y desde ahí cogobernaban –cuenta Jaime Castro–. Con el Estatuto, el mandatario local recuperó su independencia”.

El problema ahora, según los expertos, es que durante los dos últimos periodos, el Concejo volvió a ‘colonizar’ a los alcaldes y les quitó la independencia de la que venían gozando. En ese orden de ideas, el primer gran desafío que le espera a Petro es recuperar el camino perdido y devolverle ese espíritu ‘emancipador’ al Estatuto Orgánico. Para lograrlo, tendrá que ser muy consecuente con el discurso anticlientelista que viene manejando desde sus épocas de parlamentario y convencer a los concejales con argumentos y no con sobornos, como es la usanza.

La gran prueba de fuego que medirá ese pulso entre Alcalde y Concejo está a la vuelta de la esquina. Se trata de las elecciones que tendrán que ejercer los concejales, en febrero próximo, de Contralor Distrital y Personero. Por el lado del Contralor, la terna está lista: Soraya Vargas Pulido, Diego Ardila Medina y Carlos José Bitar Casij, un grupo de abogados que, a juicio de ciertos analistas, proviene de la vieja clase política y poco contribuiría a la renovación que espera la ciudad. En cuanto al Personero, el gran reto es poner a la cabeza de esa entidad una persona independiente que borre la cuestionada huella que deja Francisco Rojas Birry (ver página 58).

“Hay voceros de algunas bancadas que han manifestado su voluntad de elegir un Contralor y un Personero que se dediquen a destruir la administración Petro”, explica Guillermo Asprilla, actual concejal del Polo y uno de los hombres más cercanos al alcalde electo. El llamado, entonces, es a elegir bien. Pues un organismo de control en manos de enemigos de la administración puede ser tan nocivo como uno de bolsillo.

Pero no todo está circunscrito a la elección de los fiscalizadores de Bogotá. La discusión del Plan de Desarrollo que presentará Petro a comienzos de 2012 también será prioritaria. En ese documento quedará trazada la hoja de ruta del próximo cuatrienio y sobre él deberán trabajar en llave Alcalde y concejales para sacar adelante el nuevo programa de gobierno.

El trecho por recorrer es largo. Y, aunque la misión de depurar el Concejo no es sencilla, tampoco es imposible. Gustavo Petro tiene el talante para renovar el aire que se viene respirando entre concejales y alcaldes y de ponerle punto final a los favores políticos. Por el lado del Cabildo, si quiere que las cosas fluyan solo tendrá cuatro alternativas: hacer control político cuando haya que hacerlo, controvertir lo que no le convenga a la ciudad, tramitar con celeridad aquello que la beneficie y, tal vez lo más importante, mostrarse independiente frente a la Administración. 
 
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