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En los puestos callejeros los clientes siempre quedan con la sensación de que pueden haber consumido algo que no pidieron.

| 5/13/2013 10:30:00 AM

La carne de rata por cordero en China y otros escándalos

Piedras en la sopa, vegetales bañados en pesticidas, fórmula láctea para bebés contaminada, la lista de sorpresas desagradables en alimentación en China es larga. Pero el caso más reciente supera todos los estándares.

El último escándalo de la industria alimentaria china -básicamente, tratar de pasar carne de rata por cordero -ha planteado nuevas preguntas sobre la seguridad alimentaria en el país.

Parece que no pasa un día en China sin que escuchemos noticias de otro escándalo sobre seguridad alimentaria.

Pero el caso más reciente es vomitivo. Incluso para los estándares chinos.

Cientos de personas fueron detenidas después de haber pasado carne de rata por cordero.

Como era de esperarse, el escándalo ha dado lugar a una serie de historias acerca de los roedores.

Escuché una anécdota sobre un restaurante en el sur de China, que sirve platos de carne de rata. Créanme, estos establecimientos sí existen.

En este restaurante en particular, los propietarios le dicen a los clientes que sus ratas fueron capturadas mientras corrían libres por el campo. No vienen de las alcantarillas.

Sea o no cierto, por lo menos da una idea de la preocupación pública por la seguridad alimentaria.

Cuando usted come en restaurantes baratos –o puestos callejeros- siempre quedará con esa incómoda sensación de que puede haber consumido algo que no pidió.

Hace poco, mi esposa almorzó en un restaurante y descubrió una piedra en la sopa y luego parte de un cepillo de fregar en su plato principal.

Cuando le pregunté por qué no se había quejado, me dijo que no había querido echarle a perder la comida a sus
amigos.

Mayor cantidad pero no calidad

Es irónico. La gente hoy en China está comiendo más que nunca, pero la calidad no parece mejorar.

La obesidad, que solía ser un mal desconocido en el país, se está convirtiendo en un problema.

China ha experimentado la mayor migración humana de su historia: decenas de millones de habitantes de zonas rurales se han ido a las ciudades para alimentar el notable crecimiento económico del país.

El viaje desde las granjas hacia las fábricas en el último par de décadas ha dado lugar a una vasta cadena de suministro de alimentos para la población urbana de China.

Pero la industria de la comida aquí es a menudo sucia e incluso criminal.

Los agricultores ahogan las verduras en pesticidas, el ganado está lleno de esteroides, y los funcionarios corruptos - después de llevarse su comisión - certifican alimentos de dudosas condiciones como seguros.

De modo que la preocupación de la gente no es gratuita.

Un fin de semana me junté con unos citadinos que decidieron convertirse en agricultores a tiempo parcial.

Algunos consultores de relaciones públicas, otros profesores y programadores informáticos, hacían malabares con sus iPhones y palas en una granja orgánica en las afueras de la capital.

Relucientes de sudor, decían que su trabajo de fin de semana consistía en asegurar la calidad de los productos.
Sin embargo, para la mayoría de la gente no es factible desplazarse hacia las zonas rurales.

Así que la clase media china -junto con muchos extranjeros- compran su carne de Australia y su leche de Nueva
Zelanda.

Con tanta desconfianza, quienes tienen dinero optan por las marcas reconocidas.

Un público enfurecido

Pero si hay un tema que provoca ira aquí, es la leche de fórmula para bebés.

En 2008 generó un escándalo de enormes proporciones, afectando a hogares de todo el país.

Cientos de miles de niños se enfermaron después de beber leche contaminada. Varios de ellos murieron.

En un principio, las autoridades suprimieron el escándalo porque no querían que se divulgaran malas noticias antes de los Juegos Olímpicos de Pekín.

Esa decisión provocó indignación y redujo la confianza en las autoridades. Si no estaban dispuestas a defender a
los bebés, ¿a quién iban a proteger?

Después del escándalo, las autoridades se comprometieron a tomar medidas más estrictas para garantizar la calidad de la cadena de suministro de alimentos. Incluso introdujeron la pena de muerte para algunos casos.

Sin embargo, la corrupción y la falta de aplicación de las normas hacen que la gente todavía piense en los problemas de seguridad alimentaria cada vez que come.

La prueba de que se trata de un problema real es el hecho de que los líderes de China sean muy exigentes con lo que comen ellos mismos.

Un diario chino que se envalentonó informó de la existencia de granjas especiales -y productores cuidadosamente monitorizados de pescado, cerdo y aves– que suministran los alimentos de los líderes del país. Ese informe duró mucho tiempo en internet.

Pero aunque estén comiendo de un plato distinto, las autoridades saben que tienen que hacer algo frente a la indignación pública con respecto a la seguridad alimentaria.

Como ocurre con la contaminación del aire, simplemente no pueden darse el lujo de ignorarlo.

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