Revista Dinero

La cascada de información sobre los manejos de Emilio Tapia Aldana no se ha detenido.

| 10/26/2012 11:00:00 AM

La caja de pandora del zar de los contratos

Desde aquel abril de 2010, cuando Dinero publicó por primera vez su nombre en letras de molde, la cascada de información sobre los manejos de Emilio Tapia Aldana no se ha detenido.

Los primeros rasgos de ese perfil fueron trazados con base en los testimonios que ex empleados suyos, decepcionados por los malos tratos que habían recibido de un hombre que no cumplía con el pago de nómina de su empresa Geos Consulting, aunque sí gastaba su dinero a manos llenas en constantes viajes de placer y de negocios a Miami.

Las pistas ofrecidas por ellos permitirían establecer que, como lo revelaría luego su piloto de confianza, Tapia tenía a su disposición un avión que era administrado por una empresa que opera en el área contigua a los hangares del aeropuerto Eldorado. Es la misma nave que antes utilizaron los ejecutivos del Grupo Nule y que hizo parte de una cesión para que el empresario cordobés viera saldada una vieja deuda por concepto de comisiones.

Uno de esos empleados tuvo el buen cuidado de escanear fotos con la que el “doctor Emilio” –como lo llamaban aquellos a quien su figura les inspiraba un temor reverencial- solía presumir ante sus amigos sobre sus contactos con políticos, reinas y actrices. Las imágenes daban fe de sus rumbas a bordo del avión, con grupos vallenatos y chorros de Old Parr.

Las mismas pistas permitieron conocer el estado de sus cuentas bancarias y, aunque parcialmente, también los montos de sus fondos en bancos suizos. Ubicarlo para conocer su versión no fue tarea fácil. En aquel entonces el personaje acompañaba a su primera esposa en Miami, con motivo del nacimiento de su primogénito. Una prima hermana suya, que hoy ocupa un alto cargo en una entidad pública, inició una avanzada ante los medios en un vano intento por rectificar lo que estos publicaban.

Su dimensión como ‘zar de la contratación’ se hizo evidente cuando los periodistas descubrieron que él no solo había jugado un papel clave en la cesión del contrato de la calle 26 por parte de los Nule, sino que participaba de otros negocios como la fallida construcción del complejo comercial cielos abiertos de San Victorino y que se aliaba con concejales de Bogotá para asignar cuotas de contratación.

Los periódicos se mostraron inicialmente escépticos porque los editores creían que el calificativo de ‘zar’ debía quedar reservado para otros personajes que durante los últimos dos lustros se han mencionado en voz baja: Álvaro Dávila, Manuel Sánchez y otros de su especie.

Sin embargo, a partir de un seguimiento a la bitácora del vuelo del avión de Tapia, El Espectador estableció que Miami no solo era para el ‘zar’ un destino de placer, sino que allí se cocinaban sus negocios que eran apalancados con recursos públicos de Bogotá. El periódico divulgó actas de las reuniones reservadas de Tapia con sus socios en la capital del sol. Entre ellos figuraba Luis Cárdenas Gerlein, cuyo nombre se había hecho famoso en Barranquilla en relación con los descalabros de la Triple A en la década de los 90. Aparecía también Saul Campanella, un empresario de origen cartagenero que hizo fuerte en los círculos de los negocios en Venezuela.

Esas pistas consolidadas en Miami llevaron, a su vez, a establecer que una parte de la plata de los contratos celebrados por la administración del entonces alcalde Samuel Moreno había servido para levantar de las ruinas el proyecto inmobiliario Marina Rivers Oaks, un condominio de lujo en el que incluso tuvo interés algún diplomático colombiano.

Todas esas piezas le han ido permitiendo a la Fiscalía armar un ajedrez en el que Emilio Tapia parece ser un alfil de avanzada. La apuesta de la justicia, que aceptó rebajarle a 13 años su pena posible, es que Tapia comience por revelar quienes encarnaban y cómo operaban sus concejos de Bogotá.

Una de las historias más aguardadas, cuando se abra su caja de pandora, es la del hoy ex concejal Hipólito Moreno y del cabildante Andrés Camacho Casado, un hombre que algún momento estuvo a punto de procurarle la entrada a Tapia a la campaña del hoy presidente Juan Manuel Santos.

 (Mañana, última parte: el ranking de sus confesiones).
                                                               
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