Hacia el mercado de capitales

| 10/26/2001 12:00:00 AM

Hacia el mercado de capitales

Con la ley no se garantiza el desarrollo del mercado. Pero sin ella, la probabilidad de que exista es prácticamente nula.

En medio de una dura oposición, pero también con algo de apoyo, el gobierno en cabeza del Superintendente de Valores, Jorge Gabriel Taboada acaba de presentar al Congreso el proyecto de ley para la modernización del mercado de capitales. El mercado colombiano es uno de los más pequeños del mundo. Las transacciones en acciones apenas alcanzan un 0,3% del PIB, mientras en Brasil este porcentaje es de 8%, en España de 116%, y en Estados Unidos de 230%. Por otro lado, el mercado de capitales tampoco es fuente de financiamiento para las empresas del país, ya que muy pocas están inscritas en él y más pocas aún lo utilizan para captar recursos. Esto no significa, sin embargo, que en el país no haya una necesidad enorme de recursos de financiamiento, sino más bien que los canales tradicionales para acceder a ellos, como el mercado de capitales y el sector financiero, se han limitado a atender a unos pocos.

Para la gran mayoría de los ahorradores, el mercado de capitales o la bolsa, como tradicionalmente se le conoce, es un mundo distante, poco transparente y en el cual no se puede confiar. No es extraño, entonces, que buena parte de los colombianos prefieren invertir en CDT y cuentas de ahorro que en acciones. Esta percepción no es exclusiva de los inversionistas colombianos. De hecho, la falta de confianza en el mercado ahuyentó a los inversionistas extranjeros que entraron al país durante el boom de comienzos de los 90. Mark Mobius, el gurú del Templeton Fund, en una entrevista con Dinero en 1998 (edición No. 58) dejó claro lo mucho que tenía que hacer Colombia para atraer inversión extranjera a su mercado de capitales. De acuerdo con Mobius, al aplicar la óptica FELT: fair (justos), efficient (eficientes), liquid (líquidos), transparent (transparentes), para analizar el mercado colombiano, se ven muchos problemas sobre todo en los temas de justicia y transparencia. "Hay discriminación: las acciones preferentes dan oportunidades a los accionistas mayoritarios en contra de los minoritarios. Los accionistas no son tratados en forma igual".



Todo esto puede cambiar, si el Congreso aprueba la ley. Esta, además de establecer unas reglas claras para el desarrollo del mercado de valores, busca el equilibrio entre los diferentes participantes: emisores, intermediarios e inversionistas. De hecho, hay algunos ejemplos recientes, como las emisiones de Aval en 1999 y de ISA en el 2000 que muestran cómo cuando hay información y confianza, el mercado de capitales sí funciona para la captación de recursos. Estas dos empresas duplicaron el número de accionistas.



Por otra parte, a diferencia de hace algunos años, cuando definitivamente el ahorro era muy bajo, el mercado hoy cuenta con $14 billones de los fondos de pensiones, que están a la espera de proyectos de inversión atractivos y seguros para sus ahorradores. Lo único que falta entonces es conectar a quienes tienen los recursos con quienes los necesitan. Claro está que para lograrlo se requieren reglas claras y esto es precisamente lo que pretende la ley.



La Ley



La ley del mercado de capitales es una ley marco que ordena en una sola los temas que hoy están dispersos en otras leyes y que, por tanto, son difíciles de encontrar. Introduce también algunos aspectos que no existen en ninguna ley, como los sistemas de compensación y liquidación, así como el manejo de la información, el mercado de la deuda pública y el mercado interconectado. "Lo que hay es con lo que nacimos y en eso ha habido muchos avances", afirma Augusto Acosta, presidente de la Bolsa de Colombia, para quien la ley no solo es acertada sino que es un paso indispensable para el desarrollo del mercado. Sin embargo, advierte sobre la necesidad de dejar muy claro en la aprobación de la misma cómo se va a hacer la transición, ya que esta --como toda ley marco-- tiene el riesgo que deja algunos aspectos para reglamentar posteriormente.



Más allá de la forma, la ley trae cuatro temas de fondo, algunos de los cuales generan mucha angustia entre los actuales participantes del mercado. Son estos: el gobierno del mercado, los parámetros para la operación de las sociedades inscritas, los derechos de los inversionistas, la participación de los intermediarios y la operación de las bolsas, y los sistemas de compensación.



La ley establece como autoridades del mercado de valores al gobierno nacional, la Sala de Valores y la Superintendencia de Valores. Sobre este tema, la Sala de Valores ha generado la mayor controversia por el alto costo que podría implicar su funcionamiento, así como por la dificultad de conseguir gente idónea para el cargo. Sin embargo, quienes están a favor consideran de gran importancia contar con personas técnicas dedicadas a pensar exclusivamente en el mercado. La Sala no solo da continuidad al mercado, sino que acaba con el tema de la duplicidad de funciones de la Superintendencia. Actualmente, el Superintendente está en todas partes y eso no es sano.



Pero, sin duda, los temas más candentes en todo el debate de la ley son las exigencias que se establecen para las sociedades inscritas en el mercado de valores, así como las normas para la protección a los inversionistas, en especial las que se relacionan con el buen gobierno y la transparencia en la información. Para Luis Fernando Alarcón, presidente de Asofondos, estos temas son necesarios si las empresas aspiran a financiarse con los recursos de los fondos. "A los emisores no les gustan, porque las normas nuevas trascienden ciertas cosas del Código de Comercio, como el tema de la información, las prácticas de buen gobierno y la protección a los accionistas minoritarios. Pero los mayoritarios tienen que entender que no solo se está protegiendo a los pequeños sino también a los grandes", afirma Alarcón.



En este punto, más que una ley que imponga un comportamiento, se requiere un cambio de mentalidad de los participantes del mercado. Las empresas en Colombia en su mayoría nacen cerradas y es difícil para sus dueños aceptar el concepto de la apertura, más aún cuando se trata de revelar información. Pero, lo único capaz de conectar el mundo de los emisores con el de los inversionistas es la transparencia, ya que sin transparencia no hay confianza y sin confianza no hay mercado. Esto solo se logra con la información.



Es natural que las primeras reacciones a la ley hayan sido de rechazo, ya que esta representa un cambio frente a lo que existe. Sin embargo, este no puede ser un motivo para que el país siga rezagado en el tema del mercado de capitales y mucho menos cuando lo que se requiere para crecer es la inversión. El superintendente Taboada ha sido muy abierto en la discusión de los temas, lo cual garantiza que al final el país pueda tener una ley que se ajuste a sus necesidades. El beneficio va a ser para todos, aunque hoy se piense lo contrario.





Los puntos de fondo





Gobierno del mercado



El mercado de valores será gobernado por el gobierno nacional, la Sala de Valores y la Superintendencia de Valores, cada uno con funciones específicas. El gobierno intervendrá la actividad bursátil, la Sala establecerá las medidas técnicas y operativas, y la Superintendencia estará a cargo de la vigilancia e inspección.



Protección a los inversionistas



Las empresas inscritas en el mercado de valores deberán seguir prácticas de buen gobierno o gobierno corporativo.



Los inversionistas tienen derecho a tomar decisiones económicamente informadas. Los emisores y los intermediarios deberán suministrar toda la información relevante.



Los accionistas minoritarios que actúen de manera colectiva o por intermedio de asociaciones de accionistas tendrán los mismos derechos y prerrogativas de los mayoritarios.



Los minoritarios que tengan el 1% de las acciones podrán citar a Asamblea Extraordinaria por medio de la Superintendencia de Valores



Desmutualización de las bolsas



La ley prevé la desmutualización total de las bolsas al proponer que se conviertan en sociedades anónimas.

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