| 6/26/2009 12:00:00 AM

Hacia una lánguida recuperación

El pánico financiero pasó y probablemente no vaya a haber una quiebra generalizada. Pero, ¿qué tanto puede durar la recesión? Nadie lo sabe.

Después de varios meses de especulación acerca de si se detuvo ya la caída de la economía internacional, el Banco Mundial parece haber salido con la respuesta. Esta entidad, en su informe reciente sobre Desarrollo del Financiamiento, publicado el 22 de junio, advierte que la recesión está lejos de acabarse y el crecimiento será lento y sin vigor.

A pesar de haber pasado dos años desde que se desató la crisis financiera internacional, los mercados financieros no se han estabilizado, la confianza es frágil y hay poco apetito de riesgo. Además, las perspectivas de los flujos financieros hacia los países en desarrollo son bastante pobres. Dos temas críticos en la recuperación del crecimiento mundial.

Gracias a la intervención de los bancos centrales y los gobiernos, se evitó el colapso sistémico del sistema financiero global, pero los problemas no se han superado. De hecho, la crisis desatada en septiembre de 2008, a raíz de la quiebra de Lehman Brothers, alteró el panorama mundial completamente y, aunque ha habido avances y no hay pánico financiero, las medidas no son suficientes.

El Banco espera que la economía mundial se contraiga 2,9% en 2009 y que el comercio internacional caiga alrededor de 10% en este mismo año. Adicionalmente, según la entidad, el aumento creciente del desempleo en los países industrializados, por cuenta de la caída de la demanda, se extenderá a las economías que son altamente dependientes de las exportaciones.

Otra consecuencia de la crisis -que se mantiene a pesar de la recuperación de los mercados de capitales y de crédito- ha sido el impacto negativo sobre los flujos de capital hacia los países en desarrollo. De US$1,2 trillones americanos en 2007, se redujeron a US$707 billones en 2008, y se espera que lleguen a US$363 billones en 2009. La deuda de los países emergentes vale US$1,2 trillones y se está madurando en un momento en el que los intereses están altos, 11,7%, frente a 6,4% hace unos años. Es difícil en las circunstancias actuales refinanciar esta deuda.

El crecimiento de los países en desarrollo pasará de 5,9% en 2008 a 1,2% en 2009. No obstante, si de este grupo de países se excluyen China e India, el crecimiento será negativo en -1,6%. Los países desarrollados, por su parte, caerán -4,5% en este año. De acuerdo con el Banco Mundial, la recuperación empieza en el segundo semestre de 2009. Sin embargo, esta será mucho más tenue de lo que ha sido en ocasiones anteriores. El PIB global aumentará 2,0% en 2010 y 3,2% en 2011, debido al peso que sobre la recuperación tienen la consolidación de los bancos, la pérdida de riqueza de los hogares y la aversión al riesgo.

Hay buenas señales en Estados Unidos, como el aumento de la demanda y de las ventas de vivienda, así como de los precios de las acciones. Adicionalmente, el crecimiento de China ha sido muy superior al esperado.

Pero, a la vez, hay señales que indican una profundización y generalización de la recesión. El desempleo sigue creciendo y los precios de la vivienda cayendo. Aunque no se han quebrado más bancos y algunos tuvieron utilidades en el primer trimestre de 2009, todavía hay grandes pérdidas en el sector financiero, reestructuraciones, consolidaciones e intervenciones de los gobiernos. Además, el peso de activos devaluados y las malas deudas limitan la capacidad del sector bancario para financiar nueva inversión y el gasto de los hogares. El desempleo sigue aumentando, así como el impacto negativo de la pérdida de riqueza de los hogares y la aversión al riesgo que mantienen los inversionistas.

Adicionalmente, según el informe, la recuperación va a requerir la implementación de reformas detalladas y que los gobiernos salgan de las participaciones en el sistema financiero que adquirieron durante la crisis. Los bancos deben volver a manos del sector privado. Igualmente, la gran expansión monetaria en los países desarrollados debe reducirse y, en general, el déficit fiscal debe bajar para mantener la sostenibilidad fiscal y evitar una crisis de la deuda al estilo de las de los años setentas y ochentas.

Con el análisis anterior coincide el economista y profesor de UCLA, Sebastián Edwards. Según él, es claro que el pánico financiero desatado en septiembre de 2008, a raíz de la quiebra de Lehmann Brothers, se acabó. Ya no va a haber una quiebra generalizada de bancos y, por tanto, los inversionistas están buscando opciones un poco más arriesgadas. Sin embargo, advierte que esto no quiere decir que la recesión se haya resuelto. Esta va a continuar. Habrá avances y retrocesos y falsos amaneceres y también países donde la recesión se prolongue por más tiempo.

Adicionalmente, Edwards llama la atención sobre los riesgos hacia delante: la inflación, especialmente en Estados Unidos, así como el efecto negativo que sobre la recuperación podría tener el aumento de impuestos para reducir el enorme déficit fiscal de los gobiernos. Al respecto, señala la experiencia de Estados Unidos en los años 30. La economía, que había salido de la recesión en 1933, volvió a entrar en recesión en 1937 cuando el presidente Roosevelt decidió aumentar los impuestos.

Paul Krugman, premio Nobel de Economía, comparte esta preocupación y teme que el gobierno de Obama caiga en la trampa de subir los impuestos demasiado pronto.

Para Edwards, la inflación es una gran preocupación. En cuatro meses, la Reserva Federal de Estados Unidos duplicó la base monetaria de ese país. Si la plata se multiplica por dos, los precios tienen también que duplicarse. No ha sucedido aún, porque las reservas extraordinarias de los bancos están invertidas en la FED. Si la plata saliera a la calle, aumentaría el dinero en circulación y se dispararía la inflación.

En este tema, sin embargo, Krugman tiene una opinión diferente. Para él, una base monetaria creciente no es inflacionaria cuando se está en una trampa de liquidez. Esto es: las tasas de interés, a pesar de estar en cero, no inciden para nada en las decisiones de gasto de los hogares.

En conclusión, hay tres puntos claros. El pánico financiero terminó, el panorama económico mundial cambió definitivamente a partir de septiembre de 2008 y la recuperación va a ser lenta y tortuosa. Cuánto pueda durar, tampoco se sabe.

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