| 5/11/2011 12:00:00 AM

Fue por lana...

Rafael Correa quería convertir el referendo del 7 de mayo en un espaldarazo a su gestión; pero no le fue como esperaba. ¿Qué tan grave es esta pírrica victoria para él?

Con el referendo que el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, puso a consideración de su ciudadanía el pasado sábado 7 de mayo, estaba en juego no solo un paquete de reformas, sino el prestigio de su administración. Y todo indica que el ensayo le salió mal.

Ya es tradicional que muchos Presidentes acudan a las urnas no para modificar sus instituciones, sino para medir su prestigio entre la opinión pública. En el fondo, todo referendo es una discusión política.

Y, por lo visto en los primeros resultados, a Correa le salió el tiro por la culata. El empate técnico en muchas de las preguntas y la posible negativa a sus propuestas de ponerle control a los medios y reformar al Consejo de la Judicatura, son un golpe para su gobierno. En adelante, casi nadie puede decir que tiene la mayoría: en muchas de las preguntas, la diferencia entre el sí y el no es de apenas un par de puntos.

Ese es el principal impacto negativo para Correa: el referendo va a terminar radicalizando las posiciones entre la población, aunque hoy nadie quiere reconocer que perdió.

Correa se ha mantenido en el poder como uno de los presidentes más populares del Ecuador en los últimos años. De hecho, es el que más ha durado en la administración en la última década, pues varios presidentes como Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez han tenido que dejar la silla por las malas y a mitad de camino. Pero al parecer, Correa le dio un duro golpe a su capital político.

El referendo era una colcha de retazos que abarcaba aspectos muy disímiles. Allí había preguntas sobre si los ecuatorianos querían aumentar los plazos para la prisión preventiva y reformar el Consejo de la Judicatura -entidad encargada la administración y la vigilancia del sector judicial-. La consulta también buscaba aprobación popular para tipificar el delito de "enriquecimiento injustificado" con el fin de combatir la corrupción y darles a las regiones herramientas para que puedan prohibir los juegos de azar, casinos o salas de juego cuando lo consideren necesario.

Para completar, en el salpicón de iniciativas, estaban la prohibición de que en espectáculos públicos se asesinaran animales, la creación de un Consejo de Regulación para los medios de comunicación que controle y sancione los mensajes de violencia, explícitamente sexuales o discriminatorios y la penalización de los empresarios que no tengan afiliados a sus trabajadores a la seguridad social.

Al final del día, es claro que no se trató simplemente de una consulta sobre ciertas reformas a instituciones y leyes. El referendo sirvió para medirle el pulso al clima de opinión en torno de un Presidente que todavía no sabe dónde ubicarse: si en el espectro de la revolución chavista que quiere nacionalizarlo todo o en el de un Estado que le gusta la inversión privada y apoya el capitalismo.

Correa ha dejado mucho qué desear: así como fue capaz de nacionalizar un grupo de medios, mantiene la inversión extranjera en minas y petróleo, tratando de lograr una renegociación de contratos que no espante a las grandes petroleras, lo que ha generado críticas de la izquierda.

Los resultados finales del referendo se conocerán el viernes 13. Aunque gane el "sí", no será por un margen elevado: las protestas en distintas ciudades del país muestran que muchas personas no estarán contentas con el resultado. El resultado, al final del día, es que Ecuador se va a polarizar. Correa iba por una aclamación y podría dejar un país divido, algo que ningún gobierno quiere para su futuro inmediato.
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