| 12/9/2013 3:12:00 PM

Extorsión, el negocio de US$1.000 millones

Los mercados en las plazas son uno de los lugares frecuentados por los extorsionadores para sus actividades ilegales.

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BBC
"No se preocupe que yo no le voy a mentir... si usted algún día me hace un daño será porque yo no pude... yo no soy apegado a nada", dice la voz por teléfono.

"Lo único que le digo es que yo sé adonde vive su familia, yo sé adonde vive usted, sus movimientos. Mañana volvemos a charlar", llega la respuesta del otro lado de la línea.

El autor de la amenaza afirma pertenecer a la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), pero en realidad forma parte de una pequeña banda de criminales.

Es un extorsionador, que no sabe que sus amenazas están siendo grabadas y pronto será arrestado.

Y ambas situaciones –tanto el intento de extorsión como el consiguiente arresto– parecen ser cada vez más comunes en Colombia, donde se estima que este delito mueve aproximadamente dos billones de pesos colombianos al año: algo más de US$1.000 millones al actual tipo de cambio.

Aunque el jefe del Grupo Antisecuestro y Antiextorsión (Gaula) de la policía colombiana, Humberto Guatibonza, prefiere concentrarse en otra cifra: el 98% de efectividad que tiene la unidad a su cargo a la hora de responder a las denuncias.

"Es una tasa exitosa y eso es precisamente lo que ha hecho que cada día haya más denuncias y el delito se haga más visible... El extorsionista es vulnerable porque tiene que hablar, tiene que llegar, tiene que estar mostrándose", explica Guatibonza.

"Pero datos de ese tipo [lo que se paga en extorsiones en Colombia] no me gusta dar, porque están basados en cálculos. Más bien lo que nosotros hacemos son cuentas de cuánto evitamos pagar cuando denuncian", explica.

"A la siciliana"

Ésa también es la idea detrás de la campaña con la que las autoridades están exhortando a los colombianos a denunciar cualquier intento de extorsión: "imagínese lo que podría hacer con el dinero que no le entregue a los extorsionistas".

Y para ilustrar la idea, en uno de los spots televisivos el actor que hace las veces de criminal es aplastado por un objeto que cae del cielo: un tractor.

En las zonas rurales son sobre todo las guerrillas y las bandas criminales de origen paramilitar las que se encargan de cobrar directamente las "vacunas", el término empleado por los colombianos para referirse a los pagos extorsivos.

Según Guatibonza, estos grupos por lo general recurren al "boleteo": le envían a sus víctimas –agricultores, ganaderos, mineros, transportistas– una boleta que hace las veces de notificación de cobro, el que luego realizan de forma anual o por lo menos en cuotas a intervalos largos.

Pero la mayoría de las extorsiones –aproximadamente 84% de los casos, según cifras oficiales– corre por cuenta de la "delincuencia común", la que opera fundamentalmente en los centros urbanos (aunque las autoridades sospechan que, en algunos casos, las pequeñas pandillas pueden trabajar para organizaciones más grandes, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia o FARC).

"Hemos detectado que últimamente ha empezado a surgir con mucha fuerza un nuevo tipo de extorsión que es la micro extorsión, o la extorsión 'siciliana', que es de menor cuantía; es diaria, semanal o mensual, y en la cual los extorsionistas conviven con los extorsionados", dice el jefe antisecuestro.

"Por ejemplo, en una plaza de mercado le piden cualquier cantidad de dinero al que vende la papa, al que vende la cebolla, al que vende el arroz. A los tenderos en algunas partes de Medellín. A los conductores de buses en algunas partes de Barranquilla", cuenta.

"Todos estamos vacunados. Los que van a Envigado, la ruta de Belén, los que suben a Manrique, San Javier... todos", le dijo por ejemplo el despachador de una empresa de transporte de Medellín al diario El Tiempo para un especial sobre el tema publicado el año pasado.

"El enemigo está en la misma cuadra, casi que uno está durmiendo con él. Es un monstruo de mil cabezas. Dos o tres muchachos hacen un verdadero terror", fue el testimonio de un tendero del barrio El Vallado de Cali.

En las ciudades va por zonas

Según el Alto Consejero Presidencial para la Seguridad Ciudadana y la Convivencia, Francisco Lloreda, la extorsión en las ciudades tiende a concentrarse en algunos sectores: en ciertos barrios, en ciertos mercados o zonas comerciales.

Lo que hace que, en términos absolutos, sólo termine afectando de manera directa a una pequeña parte de la población.

"No es un delito de impacto masivo", le dice Lloreda a BBC Mundo.

"Y es un fenómeno… que al interior de las ciudades tiende a ser más focalizado y concentrado comparado con otros delitos", agrega el Consejero, para inmediatamente afirmar que con eso no quiere minimizar la gravedad del problema.

"125.000 colombianos víctimas de extorsión, como lo reflejó la primera encuesta (de seguridad ciudadana y convivencia, realizada por el gobierno colombiano en las 20 principales ciudades del país en 2012), y 113.000 en esta segunda (realizada en agosto de este año) son números importantes", dice.

Tal como explica Guatibonza, la extorsión es además una industria criminal que genera muchos recursos a unos delincuentes que por lo general se dedican a otras actividades ilícitas.

Razón suficiente para que su combate sea una prioridad de las autoridades.

El problema del silencio

Según el jefe del Gaula, la policía colombiana cuenta con los recursos y la tecnología necesarios para combatir el delito.

El problema, sin embargo, es conseguir que más y más personas denuncien.

La tendencia es buena: según el Ministerio de Defensa, el número de extorsiones reportadas a la policía pasó de 1.373 en 2009 a 2.316 el año pasado.

Pero son muchos más los casos que se quedan sin denunciar.

"Las extorsiones más complicadas son las extorsiones de las que no sabemos, como la extorsiones íntimas. Son las más complicadas porque de esas casi nunca tenemos conocimiento", cuenta Guatibonza.

"Y las de las FARC, pues a casi todos los hemos capturado, de los (extorsionistas) que se denuncian. Pero habrá gente a la que los delincuentes logran convencer de que no deben llamar, no deben denunciar", reconoce.

La situación es particularmente crítica en las zonas de mayor presencia de grupos guerrilleros y bandas criminales.

En la ciudad de Tumaco, por ejemplo, una de las más violentas de Colombia, es común escuchar que "hasta la seña (señora) que vende minutos (de telefonía celular) tiene que pagar vacuna".
De matoneo a extorsión

Mientras que lugares como Medellín, donde los "combos" o pandillas cobran por dejar pasar de un barrio a otro, son un ejemplo del problema de confianza que también tienen que enfrentar las autoridades.

"Qué va a denunciar uno, ¿que le toca dar 500 pesos para usar la escalera? ¿Que a los niños les quitan otros 500 pesos de la plata de las onces (la merienda)? ¿Usted cree que a un policía o a un fiscal le importa eso?", es la queja una vecina de una droguería de Medellín que paga su vacuna en especie, también recogida en el especial de "El Tiempo".

Según Guatibonza, sin embargo, las situaciones de matoneo, o bullying, que terminan siendo extorsión están entre las que más preocupan a las autoridades.

"Son niños que empiezan a golpear a sus compañeros y terminan pidiéndole dinero a cambio de no golpearlos. Es un tema que tenemos que trabajar muchísimo de la mano de los colegios", explica el jefe del Gaula.

No en balde: a octubre de 2013 ya eran al menos 335 los menores de edad que habían sido detenidos en Colombia por intentar extorsionar a compañeros y maestros durante el año, casi el doble de la cifra registrada el año pasado.









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