| 7/6/2011 6:00:00 PM

El reencauche de Grecia

La crisis griega va a terminar en una reestructuración ordenada de la deuda, muy parecida al Plan Brady. Aunque la economía seguirá maltrecha, es casi seguro que no terminará en el tan mentado nuevo Lehman Brothers.

Con la aprobación del plan de medidas de austeridad por parte del parlamento griego, las bolsas mundiales repuntaron y el optimismo retornó a los mercados internacionales. Sin embargo, no hay que hacerse muchas ilusiones pues, si bien la ayuda soluciona las necesidades financieras a corto plazo, no resuelve el problema de sobreendeudamiento griego. Lo que se logra es ganar tiempo para disminuir el posible contagio que traería Grecia sobre otros países de la Unión Europea (UE) y las graves repercusiones sobre la estabilidad financiera global. 

El nuevo paquete de medidas de austeridad, que incluye un agresivo plan de privatizaciones por 50.000 millones de euros, un recorte del gasto público de más de 28.500 millones de euros y fuertes alzas de impuestos  en los próximos tres años, entre otras medidas, abre el camino para que Grecia reciba un segundo paquete de ayuda por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la UE que podría ser similar al obtenido hace un año por 110.000 millones de euros. Además, recibiría el último tramo de 12.000 millones de euros del primer rescate, con lo cual se evitará que este país caiga en cese de pagos (default) en el corto plazo.

No obstante, el plan condena a Grecia a la recesión, a los conflictos sociales y solo retrasa unos meses una inevitable cesación de pagos. ¿La razón? Con una deuda alrededor de 160% del PIB (354.000 millones de euros), la situación de Grecia es insostenible. Los nuevos impuestos y el recorte del gasto estatal seguirán deprimiendo la economía, que se contrajo 4,5% en 2010 y este año podría caer 3,9%. Con esto, el peso de la deuda será cada vez más difícil de soportar, únicamente en intereses, este país debe pagar este año casi 16.000 millones de euros.

Para muchos analistas, el plan de austeridad es, tanto desde el punto de vista económico como político, simplemente irrealizable y fracasará al igual que el primero. "Luego de un año de ajuste, el déficit primario pasó de 10,5% del PIB en 2009, a 4,9% del PIB en 2010. Y, para comenzar a disminuir el peso de la deuda, se requiere un superávit primario de 6%, otros 10 puntos porcentuales, lo cual es muy difícil. Es claro que en algún momento habrá una reestructuración de la deuda griega", afirma Andrés Pardo, director de investigaciones de Corficolombiana.

Esa reestructuración sería muy similar al famoso Plan Brady que implementó América Latina durante la década de los ochenta y evitó la bancarrota de México, Brasil y Argentina, entre otros. Se trata de una tabla de salvación que consiste en reducir el monto de las obligaciones y que incluye desde el indulto de pasivos, hasta tasas de interés menores y mayores plazos de pago. Gracias al Plan Brady, siete países de América Latina consiguieron reestructurar sus deudas hace dos décadas.

Esa solución requiere del interés de los bancos franceses y alemanes, que son los más expuestos a los bonos griegos. En total, los bancos europeos están expuestos a US$203.000 millones de deuda griega pública y privada, una cifra significativa pero manejable. Pero cuando se suma la exposición a Irlanda (US$813.700 millones), Portugal (US$321.800 millones) y España (US$1'098.000 millones) ya se está hablando de más de US$2,5 billones en todo el sistema financiero europeo. Y es que si bien la deuda soberana de Grecia ha alcanzado niveles exorbitantes, la del resto de países de la periferia no se queda atrás: la de Italia es de 119% del PIB, Irlanda 99,3%, Portugal 83,5% y España 64,3% de su PIB (en Colombia está cifra llega a 20%).

"Los rescates no son para salvar a Grecia. Europa está comprando tiempo para que puedan encontrarse soluciones económicas viables para el resto de países de la periferia y para que los bancos de los grandes países se fortalezcan para que cuando Grecia inevitablemente caiga en impago, el resto del sistema pueda sobrevivir", han afirmado economistas de la talla del Nobel de economía Joseph Stiglitz.

En Italia, por ejemplo, el primer ministro Silvio Berlusconi anunció que presentará al parlamento un plan de austeridad fiscal por 47.000 millones de euros para disminuir el déficit fiscal a 2014.

La nueva directora gerente del FMI, Christine Lagarde, ha insistido en que hay que evitar por todos los medios posibles una salida de Grecia de la zona del euro. Sin embargo, muchos expertos creen que Grecia podría ordenar su economía más fácilmente al margen del euro, pues podría recobrar el control de su política monetaria y devaluar la dracma. "Grecia nunca debería haber entrado en la Eurozona… los griegos timaron y decepcionaron a todo el mundo", afirma el ex ministro de Finanzas alemán, Theo Waigel, arquitecto del Pacto de Estabilidad Europeo que acuñó el nombre de la moneda única en 1995.

Además, lo que Grecia requiere es un fuerte rediseño institucional que le permita incorporar la disciplina fiscal que la unión monetaria requiere. Su ingreso al euro, que le permitió financiarse tan barato como Alemania, le produjo una década de extraordinario crecimiento pero a costa de unos déficits fiscales y de cuenta corriente que tendrá que corregir.

A pesar de que el primer ministro, Georgios Papandreou, designó a su principal rival, Evangelos Venizelos, como jefe de finanzas, los políticos griegos no parecen capaces de formar un gobierno estable, transparente e imparcial que tome en serio el programa de consolidación fiscal, han afirmado ex funcionarios del FMI y la UE, como Mirana Xafa, antigua integrante del consejo del FMI.

Los problemas estructurales que afrontan algunas economías europeas y desarrolladas están lejos de resolverse. Sin duda, el problema de la solvencia de Grecia y la debilidad de las economías periféricas continuará afectando la dinámica de los mercados en los próximos meses. Por esto, no hay que cantar victoria y ante la incertidumbre en el mundo hay que ser cautelosos.

Es necesario tener claro, como lo advirtió Nouriel Roubini, que aunque se evite una crisis mundial, el crecimiento de los países avanzados será bajo por largo tiempo. El desapalancamiento que tendrán que hacer estas economías no será fácil: se quedaron sin espacio para actuar, pues sus deudas son altas y sus sistemas financieros no están totalmente saneados.

Los próximos meses serán cruciales para determinar la sostenibilidad de la recuperación global. Por esto, la crisis de la deuda griega y, en general, el aumento del riesgo soberano de los países desarrollados está lejos de ser resuelto y los mercados aún no deberían cantar victoria.

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