| 11/24/2006 12:00:00 AM

El legado de Friedman

Sus ideas sobre el libre mercado, la necesidad de que el Estado controlara la oferta del dinero y la tasa natural de desempleo, entre otras, transformaron el mundo.

Milton Friedman es, sin duda, el más importante e influyente economista de la segunda mitad del siglo XX y el más gran maestro y defensor de las ventajas del libre mercado, lo cual lo convierte en el principal heredero de Adam Smith, fundador de la ciencia económica en el siglo XVIII y proponente del laissez-faire.

Friedman, quien murió este 16 de noviembre en San Francisco a los 94 años, comenzó a predicar y defender la idea que el gobierno debía mantener sus manos fuera de la economía para permitirle al libre mercado hacer su trabajo, en un momento en que nadie se atrevía a desafiar el consenso keynesiano. Esto fue revolucionario en su momento y le da el gran crédito de haber liderado el cambio del consenso hacia naciones con menos gobierno y más relevancia de la responsabilidad individual, moldeando buena parte del pensamiento económico y político actual.

El único nivel de la economía en el que Friedman consentía la presencia del Estado era controlando la oferta de dinero, pues la consideraba un instrumento determinante de la política de gobierno y un determinante del ciclo económico y la inflación.

En su libro A Monetary History of the United States (1963), en el que revisó el papel de las fluctuaciones monetarias en las fluctuaciones económicas, argumentó cómo la Gran Depresión fue causada por los malos manejos de la oferta monetaria. "La gran contracción fue causada por un choque financiero ordinario, cuya duración y seriedad se incrementaron por la subsecuente contracción de la oferta monetaria por parte de la Reserva Federal, siendo esta entidad la responsable de la fuerte recesión", dijo. En 2002, Ben Bernanke se disculpó por la Gran Depresión diciéndole "You're right, we did it. We're very sorry" (Usted está en lo correcto, nosotros lo hicimos. Lo sentimos mucho).

También fue conocido por su refinamiento de la función de consumo, la hipótesis del ingreso permanente (1957). Otras importantes contribuciones incluyen la crítica a la curva de Phillips y al ahora famoso concepto de la tasa natural de desempleo (1968). Bajo esta tesis, la tasa de desempleo no puede ser manejada por debajo de cierto nivel sin provocar una aceleración de la tasa de inflación. La inflación está ligada a la inflación de salarios, y esta última depende de las expectativas de los empleadores y los trabajadores en sus discusiones. Cada una de ellas tiene implicaciones y efectos sobre la política monetaria y fiscal y el crecimiento de corto y largo plazo.

Estos trabajos le permitieron ganar el Premio Nobel de Economía en 1976, por sus "logros en el campo del análisis del consumo, la teoría y la historia monetaria, y su demostración de las complejidades de las políticas de estabilización".



Influencia a toda prueba

Friedman recibió su título de economista en 1932 de la Universidad de Rutgers, una maestría en 1933 de la Universidad de Chicago, y un PhD en 1946 de la Universidad de Columbia.

Luego, como profesor de economía de la Universidad de Chicago entre 1946 y 1976, lideró la construcción de una comunidad intelectual que produjo numerosos ganadores del Premio Nobel de Economía, conocida como la Escuela de Chicago. Al retirarse de la enseñanza, se fue para el Instituto Hoover, de la Universidad de Stanford.

Su prestigioso trabajo y su influencia sobre la escuela de Chicago lo convirtieron en el economista monetario más importante y cambiaron la forma en que la Reserva Federal pensaba acerca de la política monetaria. Su fórmula de mantener la oferta de dinero creciendo sin grandes fluctuaciones figuró entre los principios rectores del sistema de la Reserva Federal y en el pensamiento de los hacedores de la política económica alrededor del mundo desde los 80. El mayor impacto sobre la política económica de Estados Unidos fue bajo la administración de Ronald Reagan.

Ejerció una profunda influencia como consejero y teórico, pues nunca ocupó un alto cargo público, tanto que para muchos de sus colegas nadie tendrá tal impacto en su profesión y sobre el gobierno. Ben Bernanke, actual gerente de la Reserva Federal, dijo que "la directa e indirecta influencia de su pensamiento en economía monetaria contemporánea será difícilmente superada. Y Alan Greenspan comentó que "muchos han recibido el Premio Nobel de Economía, pero pocos han alcanzado el status mítico de Milton Friedman".

Si bien su trabajo académico alcanzó las más grandes contribuciones, Friedman tenía una especial habilidad para comunicar al transformar complicadas ideas en simples y lúcidas formas. De hecho, fue autor o coautor de más de una docena de libros, columnista de Newsweek desde 1966 a 1983 y hasta estrella de una serie de televisión. De hecho, al momento de su muerte en San Francisco a los 94 años estaba trabajando en un documental para la televisión pública estadounidense.

Estas virtudes como comunicador y su perseverante trabajo lo convirtieron en un puente entre la academia y diferentes mundos para explicar los logros del libre mercado y el capitalismo, y dan cuenta de su vasta influencia sobre líderes mundiales, empresarios, políticos y economistas.

Sus más grandes oponentes intelectuales, como Robert Solow o Paul Samuelson, lo reconocen como el más grande polemista de la economía, gracias a sus fuertes intervenciones en debates académicos y públicos.

Más que economía

Muchas de las ideas que parecían locas cuando él empezó —como la bondad de los mercados, la culpabilidad de la mala política central en la Gran Depresión, el servicio militar voluntario— han ganado aceptación. Y aunque logró ver en su vida cómo las reformas del libre mercado se extendieron por el mundo comunista, el mismo Friedman reconocía la fragilidad de su éxito pues "los mercados libres y la estabilidad monetaria tienen mucho enemigos, en particular políticos".

Como defensor de la libertad humana en todos sus sentidos, Friedman hizo muchas recomendaciones de política pública que aún no han tenido eco. Por ejemplo, recomendó la legalización de las drogas.

Dedicó sus últimos años a la reforma de la educación escolar pública en su país, y propuso mecanismos (school vouchers) que permitieran un grado de elección y la competencia entre colegios privados y públicos.

A pesar de que fue criticado por estos y muchos otros puntos de vista, se mantuvo en ellos, argumentando que la prohibición, la regulación y licenciar el comportamiento humano no funcionan o crean burocracias ineficientes. Friedman insistía en que la competencia privada sin obstáculos produce mejores resultados que los sistemas de gobierno.
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