| 4/21/2014 6:00:00 AM

Colombia, un país de arrendatarios

Aunque la tasa de propiedad haya crecido aceleradamente durante la segunda mitad del siglo XX, en números absolutos los hogares que viven en alquiler han aumentado en las últimas décadas.

En Colombia, a diferencia de toda la región, el ascenso en el número de arrendatarios representa un aumento en la proporción de inquilinos en las últimas dos décadas, de 24% a 31%. 

Así lo señala el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sustentando que esto sucede a pesar del espectacular crecimiento de la tasa de propiedad durante la segunda mitad del siglo XX, que se relaciona principalmente con tres factores: las políticas de vivienda, el crecimiento de la urbanización informal y el establecimiento de controles a la renta.
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En cuanto al primero, destaca la creación de instituciones públicas de crédito hipotecario en algunos países de la región después de la crisis de 1929, ante el retiro de capitales extranjeros de este sector.

Colombia fue uno de los primeros países en implementar esta política con éxito, mediante la creación de la Caja de Crédito Agrario en 1931 y del Banco Central Hipotecario en 1932. Es asimismo uno de los países donde las tasas de propiedad empiezan a crecer más tempranamente, a tal punto que hacia 1950 cerca de la mitad de la tenencia en las principales ciudades —Bogotá, Medellín y Cali— era en propiedad.

Aunque el problema de la vivienda en América Latina y el Caribe siempre se pensó en términos de facilitar el acceso a la propiedad, un revelador estudio muestra que el alquiler tiene también sus grandes beneficios y que su impulso puede ser la solución para gran parte de la población, en particular los jóvenes que habitan en zonas urbanas. 

Según Se Busca Vivienda en Alquiler, una nueva publicación del Banco Interamericano de Desarrollo, uno de cada cinco hogares latinoamericanos alquila su morada. Esta proporción ha venido aumentando desde la década de los ‘90 en la mayoría de los países de la región, pese a la prevalencia de políticas públicas orientadas a promover la vivienda nueva en propiedad. 

El estudio también pone de manifiesto que muchas veces alquilar una vivienda ofrece acceso a mayor calidad habitacional, mayor proximidad al centro de las ciudades, menor riesgo financiero y más movilidad residencial, lo que a su vez permite a quienes arriendan una mayor flexibilidad para acomodarse a cambios y oportunidades laborales. 
 
En virtud de estos parámetros, el BID ha abierto un espacio de diálogo con los países de la región para explorar la manera en que una política de alquiler podría complementar la política habitacional más amplia mediante la creación de incentivos tanto para la oferta como para la demanda de vivienda de alquiler, cambios regulatorios, y una mayor articulación de cuestiones habitacionales con las herramientas de planificación urbana. 

“El alquiler es un alternativa vital del sistema de vivienda para América Latina y el Caribe. Los gobiernos así lo han comprendido, y de hecho varios de ellos ya han expresado un vivo interés en explorar políticas para impulsarlo”, comentó Andrés Blanco Blanco, especialista senior en gestión fiscal y municipal del BID y coautor del estudio. 

Algunas de esas políticas pueden ser relativamente sencillas, como disminuir los tiempos de reposesión por desalojo o crear un sistema de garantías de alquiler. Ello permitiría expandir la oferta de viviendas en arriendo, creando incentivos para que al menos una parte del considerable inventario de unidades vacías, que en algunos países llega al 20 por ciento del total, se sume al mercado y contribuya a mitigar la carencia habitacional. 

El estudio, que analiza 19 áreas metropolitanas en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Jamaica, México, Perú y Uruguay, derriba el mito de que en esta región sólo alquilan quienes carecen de recursos para ser propietarios de vivienda. 
 
“Contrariamente a lo que ocurre en países más desarrollados, en la región el alquiler no es una opción restringida a los más pobres”, explicó Vicente Fretes, jefe de la División de Gestión Fiscal y Municipal del BID y también coautor del informe.

“De hecho, en algunos países la tendencia a alquilar aumenta con los ingreso de los hogares y en otros está concentrada en los segmentos medios. Esto se explica por las altas tasas de informalidad de la vivienda, que permiten a familias de escasos ingresos acceder a la propiedad, aun cuando no sea de la mayor calidad o la mejor ubicación”, agregó. 

Si bien existen diferencias entre los distintos países, el segmento más propenso a alquilar es el de personas entre 15 a 24 años de edad. Otros grupos con fuerte incidencia son los inmigrantes, las personas divorciadas y los adultos mayores. 

En Colombia, República Dominicana y Antigua y Barbuda, la proporción de la población que alquila es mucho más alta, de casi uno de cada tres hogares. En Honduras, Ecuador, Bolivia y Jamaica, uno de cuatro hogares alquila su vivienda. Las cinco ciudades con mayores índices de alquiler son Bogotá, Santo Domingo, Cali, Medellín y Quito, donde más de 35 por ciento de los hogares alquilan su morada.  

Adicionalmente, las proporciones son más altas en áreas urbanas, sobre todo en ciudades principales. Esto es de especial importancia en una región donde la población urbana llega hoy a 82 por ciento y se estima que crecerá a 90 por ciento para el 2050.
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