| 4/21/2016 10:28:00 AM

Del Conpes y otros demonios

En una esquina están quienes afirman que la prioridad del Gobierno debería ser la inversión en la ciencia de la curiosidad. En la otra esquina, no menos apasionados, están quienes creen que los impuestos deben ser invertidos en ciencia aplicada.

El para qué de la ciencia es un debate tan antiguo como la ciencia misma. Sin embargo, hace unos 2300 años quedó registrada como anécdota la que sería la primera confrontación entre un científico puro y un promotor de la ciencia aplicada: Euclides de Alejandría, fundador de la geometría que lleva su nombre, chocó entonces con uno de sus estudiantes que cuestionó el valor de lo aprendido. El maestro, indignado, ordenó que se le diera al estudiante una moneda y acto seguido le dijo: “Puedes irte, ya has ganado algo”. Cambiando de actores, pero no de argumentos, el debate se mantiene. El catalizador esta vez ha sido el nuevo Conpes de Ciencia, Tecnología e Innovación presentado por el Gobierno Nacional, el cual ha despertado la indignación de algunos académicos y ha llamado la atención de medios de comunicación, produciendo numerosas columnas y provocadores debates.

En una esquina están quienes afirman que la prioridad del Gobierno debería ser la inversión en la ciencia de la curiosidad. Es ésta, precisan, la que nos permite entender quiénes somos, de dónde venimos, el mundo que habitamos, nuestro impacto y futuro. Bajo esta línea de argumentación se debe respetar la autonomía del científico, dando libertad plena para que éste investigue sobre lo que crea conveniente, no importa si su interés resulta ser medir los efectos del cambio climático o averiguar cuántos ángeles pueden bailar en la cabeza de un alfiler.

En la otra esquina, no menos apasionados, están quienes creen que los impuestos deben ser invertidos en ciencia aplicada (que no es menos retadora) y que permite producir más y mejores bienes, no sólo entender los problemas, sino además resolverlos, creando desarrollo económico y elevando la calidad de vida de los ciudadanos. Argumentan, de este modo, que los recursos del Gobierno deberían ser asignados sólo a aquellos proyectos científicos que busquen generar algún valor económico.

Para ser justos, ninguna de las partes pretende algo diferente al desarrollo del país y de la ciencia en general; sin embargo, también, para ser justos, el Conpes presentado no asume ninguna de las dos posiciones. En su lugar, presenta un novedoso balance entre las dos. Por primera vez incluye a la ciencia como motor de desarrollo competitivo y le da un espacio que no tuvo antes. Sin quitar recursos a la ciencia de la curiosidad, agrega nuevos recursos, haciendo una apuesta de país en la que se trae a la empresa, la siempre gran ausente cuando de inversión se trata, y al hacerlo, agrega información y recursos. Lo cierto es que así como la ciencia básica abre las puertas a la ciencia aplicada y responde a preguntas que ni siquiera nos hemos hecho, desatando el interés de generaciones; la ciencia aplicada genera la riqueza y el desarrollo necesario para reinvertir, convirtiendo el conocimiento básico en riqueza y en soluciones a los problemas de la sociedad. Se requiere entonces de un balance y es precisamente eso lo que busca este Conpes. No estamos solos en esta tendencia, por el contrario, países que han sido ejemplo a seguir como Corea del Sur, hace ya tiempo resolvieron el dilema creando dos entidades con el mismo presupuesto y que se encargan de fomentar cada una el desarrollo de la ciencia básica y aplicada respectivamente.

En cualquier caso, estamos ante un momento histórico en el que por fin la ciencia reclama toda la importancia que merece. Por primera vez se le considera no sólo un asunto clave para desarrollar el pensamiento crítico sino además un factor clave para el desarrollo económico del corto, mediano y largo plazo. La proximidad de la paz abre nuevos debates y éste, sin duda, es uno de los que vale la pena. En esta, nuestra Colombia, tierra de fútbol, reinas, y lamentables guerras, alegra saber que un debate sobre la ciencia nos saca de la senoidal rutina dialéctica en la que vivimos estancados.

PD: La humanidad finalmente resolvió la pregunta de la edad media sobre cuántos ángeles pueden bailar en la cabeza de un alfiler. El físico Phil Schewe basado en la teoría de la física de cuerdas, el tamaño de un alfiler y cálculos de la edad media, ha concluido que en la cabeza de un alfiler, pueden bailar hasta 10.000.000.000.000.000.000.000.000 de ángeles.

Daniel Quintero

Gerente de iNNpulsa

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