| 7/20/2006 12:00:00 AM

De vuelta a la realidad

Para Paul Krugman, los mercados financieros internacionales al fin descubrieron la política que la Fed venía aplicando desde hacía dos años. En 2007 podría haber recesión en Estados Unidos por cuenta de la caída de la vivienda.

Paul Kugman es considerado el economista más brillante de su generación en Estados Unidos y también el más controvertido. Es un gran crítico del presidente George W. Bush, lo cual le ha generado un caudal de lectores para sus columnas en el New York Times. Hace poco estuvo en nuestro país, con ocasión de la celebración de los cinco años de la Bolsa de Valores de Colombia. Dinero habló con él sobre los recientes sobresaltos de los mercados financieros, la coyuntura de Colombia, y también sobre temas de la agenda de largo plazo que el presidente Álvaro Uribe quizás debería tener en cuenta en su segundo mandato.

Mercados financieros?

Usted llega a Colombia unas semanas después de la caída de las bolsas internacionales, que en Colombia fue particularmente abrupta y vino acompañada de una devaluación del peso. ¿Qué tanto de todo esto lo atribuye a los mercados externos y a Ben Bernanke, y qué tanto a razones internas, como la mala regulación o la excesiva laxitud monetaria?

Para mí, casi todo se debe a razones globales. En los dos últimos meses, todo ha sido de locos. Durante dos años, los intereses de corto plazo en Estados Unidos venían subiendo de forma gradual y se habían dado varias señales de que también habría alzas en otros lugares. De repente, los mercados financieros del mundo decidieron tomar en serio lo que estaba pasando. Los mercados emergentes se desplomaron. Esto es muy decepcionante para todos los que creíamos que los mercados financieros estaban discriminando más, que no se contagiaban y que los inversionistas no entraban y salían de manera irracional de los mercados.

Entonces, ¿lo interno no tuvo nada qué ver?

Puede ser, pero es muy difícil distinguir su efecto. Si usted mira a su alrededor, se dará cuenta de que en todas partes hubo víctimas, desde Turquía hasta Islandia. No se les puede echar la culpa a las razones internas. Colombia aparece como el caso más extremo, tanto en el crecimiento de la bolsa desde 2003, como en el desplome de este año; pero su caso no es tan diferente de lo que ocurrió en Brasil, en Turquía o en cualquier otro lugar del mundo o en los hedge funds. Durante algunos años, la gente decidió que el riesgo había desaparecido. Ahora, decidió que está asustada nuevamente.

¿Este susto repentino tiene algo qué ver con la magnitud del déficit de cuenta corriente de Estados Unidos?

Hemos estado viviendo en un mundo de bajos intereses y de gran acumulación de reservas internacionales en China, en los países de Asia y en los de la OPEP. El dinero fluye hacia cualquier sitio en busca de mayores retornos, sin tener en cuenta qué pueda pasar en el futuro. Sin embargo, el mayor beneficiario es Estados Unidos y no los países emergentes. De hecho, Estados Unidos no se ha visto afectado con el reciente aumento de la percepción de riesgo. Yo creo que sí hay todo un tema en relación con la sostenibilidad del déficit de cuenta corriente de Estados Unidos, pero no creo que esto esté detrás de la reciente caída de los mercados. Los mercados no parecen estar preocupados con este asunto.

Lo que hay, en realidad, es la acumulación de una serie de factores menores. La Reserva Federal parece que se está tomando más en serio la inflación ahora que hace unos meses; hay incertidumbre frente a cuánto podrían subir los intereses en Estados Unidos; y los japoneses, claramente, después de todos estos años, están girando hacia el abandono de la política de tasa de interés cero. No parece que fuera mucho, pero fue suficiente para generar pánico en el mercado.

La Reserva Federal subió la tasa 25 puntos básicos y esto calmó los mercados. ¿Cree usted que habrá más incrementos?

El alza reciente era esperada. Creo que existe una probabilidad razonable de que los intereses aumenten una o dos veces más. Aquí hay algo que parece absurdo: la Fed venía subiendo los intereses, puntual como un reloj, desde hace dos años, pero solo ahora hay un impacto sobre los intereses de largo plazo. La Fed buscó un ajuste gradual, pero los mercados han reaccionado de una manera curiosa a este gradualismo. La Fed también actúa en forma un poco rara, porque mantiene la memoria de lo que sucedió en 1994, un año que recuerda con horror, cuando a pesar del gradualismo que buscaba la política, los mercados se dispararon de manera repentina. Infortunadamente para la Fed, esto parece ser lo que está sucediendo ahora.

¿Cómo ve usted el mercado de la vivienda en Estados Unidos?

Mi mayor preocupación en el corto y mediano plazo es el mercado de la vivienda. Creo que es probable una recesión en Estados Unidos en 2007 y la única razón es la vivienda. Las tasas bajas de interés llevaron a una bonanza en la vivienda y la gente se emocionó por el aumento de los precios, refinanció las hipotecas y se dedicó a consumir. Veremos qué pasa. Ya hay señales de fatiga entre los consumidores.

¿El crecimiento en Estados Unidos podrá seguir siendo cercano al 4%, como en los dos últimos años?

No creo, pero debo admitir que me he equivocado en el pasado. Una serie de factores, como el incremento de los precios del petróleo y el aumento de los intereses, lo llevarían a uno a pensar que el crecimiento se vería afectado, pero no ha pasado nada. La pregunta es, ¿cuándo se va a dar el punto de quiebre? La respuesta parece ser: ahora. Así lo indican los datos.

El crecimiento potencial de Estados Unidos está por los lados del 3% y la pregunta es si la demanda puede seguir creciendo a ese ritmo. Hasta ahora, hemos dependido del gasto en consumo y en la vivienda, que directa e indirectamente ayudó a compensar la falta de inversión empresarial. Bueno, la inversión empresarial se ha ido recuperando lentamente. El escenario feliz, aunque lo considero improbable, sería que la inversión empresarial creciera rápidamente y compensara la caída que se va a dar en el mercado de la vivienda.

El boom de la vivienda se ha extendido por más tiempo del que yo pensé y la inversión empresarial se está recuperando. Creí que la vivienda se iba a desplomar hace un año y en ese momento no habría habido un colchón en términos de inversión empresarial. Ahora, las cosas están mejor. No dependemos tanto de la vivienda como hace un año y, aunque creo que la vivienda se va a desplomar, estoy un poco más confiado en la fortaleza de la economía ahora de lo que estaba antes.

Colombia

Entre los logros del presidente Uribe está el mejoramiento de la seguridad, para lo cual ha contado con la ayuda de Estados Unidos. ¿Cree usted que Colombia puede contar con esta ayuda de manera permanente?

Para Colombia, la ayuda significa mucha plata, pero para Estados Unidos no lo es. Si usted le pregunta a cualquier persona en Estados Unidos qué piensa sobre la ayuda a Colombia, seguramente le va a preguntar de qué está hablando.

¿Y en el nivel político?

En el nivel político es fácil de vender. El terrorismo y las drogas son una preocupación y, por tanto, es fácil convencer a los políticos. Además, Estados Unidos no está teniendo muertos aquí. Yo creo que no habría ningún problema para seguir con esa ayuda.

Colombia se considera un buen aliado de Estados Unidos. ¿Usted cree que Estados Unidos ve a Colombia de la misma manera?

Este tema está, si acaso, en las cabezas de algunas pocas personas en el Departamento de Estado y en el Congreso. Nadie más piensa en esto. Es uno de los efectos de la guerra de Iraq. Desde el momento en que esta guerra comenzó, los temas del hemisferio occidental dejaron de tener importancia. Cuando en mis columnas escribo sobre Latinoamérica, recibo correos de lectores que me preguntan para qué pierdo mi tiempo. La gente está tan preocupada con lo que está pasando en Iraq, en la política interna y en la economía, que poco le importa lo que pueda suceder en Argentina, Colombia o México.

Colombia le está apostando al TLC con Estados Unidos como una herramienta de crecimiento en el futuro. ¿Qué piensa de esta estrategia?

Estados Unidos está haciendo muchos tratados de este tipo. En principio, deberían ser bastante triviales desde el punto de vista económico, aunque yo no he mirado con cuidado el de Colombia. La reducción de aranceles con un tratado no es muy grande. El mayor impacto está en que se asegura que no habrá un aumento del proteccionismo en el futuro. Sin embargo, los tratados no siempre son buenos. Por ejemplo, yo me opuse al tratado de libre comercio con Centroamérica, pero desde la perspectiva de los centroamericanos. No por el tema de comercio de bienes, sino el por el de propiedad intelectual, sobre todo en los farmacéuticos. Los centroamericanos iban a perder más por el aumento en el costo de las drogas que lo que iban a ganar por un mayor acceso al mercado.

Lo que pasa con los tratados de libre comercio es que permanecen unas cuantas barreras, en sectores como el agropecuario y el de confecciones, y son muy difíciles de eliminar. Esta es la razón por la cual Doha ha sido tan difícil, pero tampoco es una tragedia. Los subsidios agrícolas son una cosa terrible, así como las barreras a las exportaciones agrícolas, pero la economía mundial es bastante abierta para muchas otras cosas.

Usted cree que si los demócratas ganan las elecciones de Congreso en noviembre, ¿habrá oposición al Tratado con Colombia?

Dios mío, no creo que nadie esté pensando en eso. Esto que voy a decir es un análisis muy interno de Estados Unidos. En este momento, en las agencias del gobierno, hay una lucha entre los profesionales —que han sido servidores públicos por muchos años— y los políticos. Si los demócratas ganan, uno de los efectos indirectos sería el fortalecimiento de los profesionales y esto sería bueno, no podría decir que específicamente para el tratado con Colombia, pero sí para Latinoamérica, en general.

La gente que ha trabajado durante largo tiempo en el Departamento de Estado conoce Latinoamérica, simpatiza con la región y está dispuesta a hacer cosas por ella. No es lo mismo que los locos que se inventaron la guerra de Iraq y que son, precisamente, los políticos.

Aquí estamos convencidos de que si ganan los demócratas, será más difícil la ratificación de Tratado, o incluso podría no ocurrir.

Esa idea posiblemente es equivocada. Es cierto que hay un sentimiento proteccionista entre los demócratas, pero también existe entre los republicanos. Todo depende de lo que haga Bush para comprometer a los congresistas. Si es capaz de comportarse de una manera normal, podría hacer pasar el Tratado con el apoyo tanto de demócratas como de republicanos.

De cualquier forma, creo que es exagerado poner todas las esperanzas en un tratado de libre comercio. Creo que es un error político. El Cafta casi no pasa, porque había oposición republicana, y solo se logró su aprobación después, porque se torcieron brazos y se violaron procedimientos parlamentarios.

En Estados Unidos hay un ala muy proteccionista entre los republicanos y también entre los demócratas. Hay pánico frente a la inmigración. No deberían contar con que Estados Unidos vaya a ser muy generoso y no deberían poner todas las esperanzas en este Tratado.

¿Cuál sería una alternativa para Colombia, si el Tratado no pasa?
Negociar otros tratados.


Pero si el 50% de nuestras exportaciones va a Estados Unidos…
Aumentar las exportaciones no es necesariamente lo más importante de un tratado, y no necesariamente se tiene que tener un tratado de libre comercio para aumentar las exportaciones. Ni siquiera México, que es un caso extremo en su relación con Estados Unidos necesitaba un tratado. Nafta fue más un gesto político que cualquier otra cosa.

El presidente Uribe

El presidente Uribe ha sido exitoso en casi todos los frentes, pero se le critica por no haber avanzado en el tema social. ¿Qué sugerencias tiene para Uribe en este frente?

Lo que tiene que hacer es lo obvio. Tratar de proveer servicios sociales mejorados y apoyo de ingresos para la población. Nadie piensa a estas alturas —pues quedan muy pocos socialistas radicales en el mundo— que haya que hacer expropiaciones, pero este es el caso típico en el que con dos puntos del PIB dedicados a combatir la pobreza se podría avanzar mucho desde el punto de vista humano.


Pero el gobierno central tiene un déficit de 5% de PIB.

Tendrá entonces que darse la discusión sobre si se reducen los impuestos o se aumenta el gasto social. Este es el problema latinoamericano. Después de 15 años del Consenso de Washington y de reformas, algunas áreas de las economías están mejor, aunque no sustancialmente mejor, al tiempo que mucha gente no se ha beneficiado, o incluso está peor de lo que estaba en 1990. Algo se tiene que hacer, y no sé qué tan en serio se tome el tema el gobierno de Uribe. No es tan diferente a lo que pasa en Estados Unidos, aunque aquí es más grave. Llevamos dos años en los que la Casa Blanca dice que todo es maravilloso en la economía y no entiende por qué la gente no está contenta. La realidad es que hay mucha gente para la cual no ha habido ninguna ganancia.


¿Qué piensa de la propuesta que ha hecho el gobierno colombiano, de permitir a las empresas depreciar en el primer año el 100% del valor de las maquinarias y equipos que compren, con el fin de reducir la tasa efectiva de impuestos?

Esto me sorprendió y tengo un caso técnico para controvertirlo. Es una propuesta muy regresiva. Al final, indirectamente es una reducción de impuestos para los más ricos; si se trata de un ejercicio de tributación neutral, habrá que subir los impuestos a las personas de menores ingresos. Si la gente está tan preocupada con la pobreza, ¿qué sentido tiene reducirles los impuestos a los más ricos?

Al comienzo del gobierno de Ronald Reagan se aceleró la depreciación, algo parecido a lo que se está proponiendo en Colombia. Después de 6 años se eliminó por consenso entre republicanos y demócratas, porque incluso bajo el mismo gobierno Reagan, la gente estaba muy preocupada por haber reducido tanto los impuestos a las compañías.

Creo que no hay un argumento suficientemente sólido que justifique reducir los impuestos de las empresas y, a cambio, aumentar los de las personas de menores ingresos. Si la tasa de impuestos para las empresas fuera extraordinariamente alta, por ejemplo de 70%, tal vez tendría sentido pensar en algo así, pero 38% es apenas un poco superior a la de Estados Unidos o los países europeos.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?