| 8/30/2011 9:00:00 AM

De los piratas a la contaminación, los enemigos de la muralla de Cartagena

La muralla de Cartagena de Indias, que sobrevivió durante siglos al ataque de piratas y corsarios, ahora combate a la contaminación y el vandalismo. Son los peores enemigos para la conservación de esta colosal obra defensiva, catalogada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

La cercanía del tráfico de vehículos, los excrementos de aves y el desarrollo urbanístico son algunos de los factores que han puesto en jaque a esta joya colonial del norte de Colombia. Así lo advierte la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena, institución privada sin ánimo de lucro que vela por los casi once kilómetros de muralla.

"Tenemos un problema de bacterias que está afectando a la composición de la piedra de la muralla, por lo que se hace necesario limpiarla y quitar esos elementos nocivos", explica la directora, María Pía Mogollón.

Dichas bacterias tienen su origen en la contaminación producida por el humo de los automóviles. Se acumulan hasta formar una costra negra apreciable en varios puntos de la magnífica obra de ingeniería militar, construida por los colonos españoles hace casi 400 años.

"Esa costra negra poco a poco va adhiriéndose a la piedra, pegándose y originando una serie de daños", señala la arquitecta Rosa Elena López, quien trabaja en la conservación y restauración de la fortaleza.

"La piedra se va erosionando y se va comiendo, va perdiendo su volumen. Por eso es que vemos perforaciones en algunos sectores de la muralla, o que la piedra ha perdido su sección útil".

Pero los automóviles y camiones no solo contaminan. El tráfico por las calles adyacentes a la muralla también genera vibraciones que alteran el equilibrio estático del edificio.

Además, debido al proceso de urbanización que ha vivido la ciudad, en algunos puntos la base de la muralla se encuentra enterrada hasta dos metros bajo tierra.

"Cada vez que construyen una vía, un sistema de alcantarillado o un edificio van rellenando", explica Mogollón.
A ello se suman problemas medioambientales, como la lluvia ácida o los excrementos de animales, que carcomen la piedra.

Y por si esto fuera poco, se suma el vandalismo de turistas y cartageneros que graban su nombre en la muralla o cuando drogadictos raspan la piedra para preparar sus dosis de "bazuco" (derivado de la coca de muy baja calidad).

Cartagena de Indias obtuvo el título de ciudad de la Corona española en 1574 y desde su nacimiento fue bautizada con el fuego de piratas y corsarios, como el legendario Sir Francis Drake, quienes se empeñaron durante siglos en intentar conquistar uno de los centros urbanos coloniales mejor conservados de América Latina.

Para mantener a raya a los invasores, la colonia española construyó entre 1602 y 1616 un conjunto de baterías armadas con cañones, del que hoy en día solo quedan once kilómetros debido a que gran parte se demolió durante el proceso de expansión que experimentó la ciudad a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

La Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena dispone de un presupuesto anual de US$ 844.500 para la conservación de la muralla, una cifra insuficiente para realizar mantenimientos periódicos, por lo que esos fondos se ejecutan por orden de prioridad, atendiendo a los daños más urgentes.

"Ojalá tuviéramos todos los recursos para retirar la costra negra absolutamente de todos los sitios, pero la limpieza está siendo paulatina", lamenta Mogollón.

Los ingresos de la entidad provienen del dinero recaudado con las entradas y la tienda de regalos del Castillo de San Felipe, la otra gran obra colonial de Cartagena, de donaciones, de la adjudicación de proyectos puntuales y del alquiler de espacios.

Aunque Efe intentó contactar con la alcaldesa de Cartagena, Judith Pinedo, para consultar su versión de los hechos, no hubo respuesta por parte de sus asesores. Mientras tanto, el deterioro de la muralla continúa.

EFE

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