| 2/6/2009 12:00:00 AM

Davos, hacia una mayor cooperación internacional

La influencia del World Economic Forum en los destinos del mundo quedará demostrada en la capacidad de llevar a cabo las soluciones allí planteadas para superar la crisis. Habrá que esperar.

Este año, como todos, desde la década pasada, se reunieron en Davos, Suiza, los líderes empresariales, gubernamentales, religiosos, de la academia, las artes y la cultura del mundo para asistir al Foro Económico Mundial, WEF (por su sigla en inglés). El propósito: construir en conjunto la agenda global para el futuro. A diferencia de los años anteriores, en los que reinaba la euforia por la gran expansión mundial, en éste, la nota dominante fue la preocupación y el pesimismo ante el desplome de los mercados y la pérdida de confianza en el sistema financiero internacional.

Entre los ausentes al foro estuvieron los CEOs de las grandes empresas globales, que no viajaron porque tuvieron que permanecer en sus lugares de trabajo solucionando sus propios problemas.

El tema obligado y dominante fue la situación económica. Durante cuatro días, los asistentes trabajaron en las posibles salidas a lo que llamaron la peor crisis desde la depresión de los años treinta. Estas son sus conclusiones.

Incertidumbre, desconfianza y recesión

La actitud generalizada de los asistentes al WEF podría resumirse en las palabras de Stephen S, Roach, presidente de Morgan Stanley en Asia, pronunciadas en un debate sobre el panorama económico mundial. De acuerdo con este economista, reconocido por su realismo, estamos en una recesión global, como nunca habíamos visto y no hay una solución rápida para la misma. Adicionalmente, Roach llamó la atención acerca de la importancia de no subestimar los retos y peligros que enfrentaremos en 2009.

Muy en línea con Roach estuvo John Lipsky, segundo a bordo del Fondo Monetario Internacional. Lipsky, después de enfatizar la caída simultánea de las economías en el mundo, anunció que el FMI acababa de reducir su proyección de crecimiento global a 0,5% para 2009. Dijo además que este sería el peor desempeño de la economía global desde la Segunda Guerra mundial y que, en términos humanos, la situación era preocupante.

Pero no todos los asistentes fueron tan pesimistas. Por ejemplo, para Peter Sands, CEO de Standard Chartered, Reino Unido, la mayor preocupación es la incertidumbre. No obstante, llamó la atención acerca de lo mucho que se ha avanzado en los últimos meses: "no estamos en el mismo lugar en el sistema bancario en que nos encontrábamos en otoño. Entonces existía la amenaza de un colapso sistémico. Este riesgo se controló a un gran costo. Ahora tenemos una recesión económica real que presiona los bancos, pero es un tipo de presión diferente. Sería un error no reconocer lo que se ha hecho", dijo.

Entre los optimistas también estaba Mark J. Carney, presidente del Banco de Canadá, quien ratificó que su país, como otros, esperaban que 2009 fuera un año extremadamente difícil, pero que era optimista con respecto a 2010, debido a que el relajamiento de la política monetaria actual no tiene precedentes históricos.

Por su parte, Montek S. Ahluwalia, presidente de la Comisión de Planeación de India, destacó que las economías emergentes como India y China, con altas reservas, podrán superar la crisis mejor que otras, y que los impactos pueden ser compensados con inversión en infraestructura.

Proteccionismo y malestar social

Entre los asistentes había mucha preocupación respecto al malestar social que necesariamente se generaría como consecuencia de la crisis en todos los países, así como a las medidas proteccionistas que ya estaban empezando a tomarse.

En particular, Christine Lagarde, ministra de Economía, Industria y Empleo de Francia advirtió que el catalizador para las dos amenazas era la dependencia de los gobiernos del dinero de los contribuyentes para salir de la crisis. "Es posible que los contribuyentes ejerzan presión política en contra de los rescates de las instituciones financieras, y que además exijan que los dineros invertidos tengan un impacto directo en sus economías", afirmó Lagarde. Para ella, en la reunión del G20, que tendrá lugar el 2 de abril, los países deberían mandar señales muy fuertes.

De acuerdo con Moisés Naím, editor en jefe de Foreign Policy Magazine, el panorama económico se obscurece rápidamente y el dolor del creciente desempleo, las devoluciones de vivienda, las quiebras y la pobreza solo se están empezando a sentir. "Cuando los problemas económicos empiecen a afectar a las familias, y la gente no tenga empleo, habrá repercusiones políticas enormes", advirtió. Naím predijo que, mientras 2008 va a ser recordado como el año de los desplomes financieros, 2009 será el de los desplomes políticos, con muchos gobiernos fracasando en gran cantidad de países.

Señalamientos en este mismo sentido fueron hechos por el primer ministro británico, Gordon Brown, quien enfatizó sobre la necesidad que tienen los países de actuar. "Si no hacemos nada, esto conducirá a un retroceso de la globalización y a una reducción del comercio y de la actividad transfronteriza, a lo que le seguirá rápidamente el viejo proteccionismo comercial del pasado", afirmó.

Por su parte, el ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Celso Amorim, afirmó que "el proteccionismo es quizás la enfermedad más contagiosa que existe".

Montek S. Ahluwalia, anotó cómo muchas de las acciones tomadas son proteccionistas y, mientras los gobiernos están gastando billones de dólares en paquetes de estímulos, el FMI tiene tan solo US$250.000 millones y US$250.000 millones adicionales. ¿Por qué no triplicar esta suma? El tema es llegar a soluciones globales y no solo nacionales.

Ricardo Hausmann, director del Center for International Development John F. Kennedy School of Government, Harvard, por su parte, opina que hay un sinnúmero de políticas de respuesta que representan una amenaza para los países en desarrollo. Señaló como ejemplos los esfuerzos en los países desarrollados por dirigir los fondos de los estímulos fiscales a los productores nacionales a través de requerimientos de producción locales y otras medidas proteccionistas, así como la no disposición de capitalizar el FMI y otras instituciones de crédito multilaterales en consonancia con lo que exige la crisis.

Latinoamérica

La participación de los países latinoamericanos en Davos fue bastante reducida, incluso inferior a la de África. No obstante, hubo algunas sesiones dedicadas a la región y en general los participantes se mostraron preocupados, aunque no excesivamente pesimistas.

Con respecto a Latinoamérica, hay una gran coincidencia en que está enfrentando la crisis económica en una mejor posición de la que tenía en los noventas, gracias al buen comportamiento de los países que la conforman durante los últimos años. De igual forma, los asistentes coincidieron en que el impacto no va a ser igual para todos los países. Los que tienen una mayor dependencia con Estados Unidos -por la vía del comercio o las remesas- son los que van a sufrir más. Es el caso de México y Centroamérica.

Un aspecto positivo, anotado por los participantes, es que los mercados de crédito aún no se han cerrado y, si bien el costo de la financiación es superior, el acceso a los mismos aún es posible.

Por el lado negativo, los asistentes cuestionaron el impacto de los paquetes de estímulos fiscales que han anunciado los países, debido a la falta de capacidad administrativa para llevarlos adelante.

De otro lado, los asistentes llamaron la atención respecto a las tensiones políticas y sociales que pueden surgir en la región debido a que este año 34 países de la región inician procesos de elecciones.

El riesgo de que lo países adopten medidas proteccionistas, como de hecho ya lo están haciendo, fue otro de los temas mencionados.

Estados Unidos

Otro de los temas que capturó la atención de los participantes al WEF en Davos fue si el mundo puede vivir con la frugalidad del consumidor estadounidense. Un tema realmente relevante en las posibilidades de la recuperación mundial.

De hecho, hasta antes de la crisis financiera, una cuarta parte del consumo del mundo se generaba en Estados Unidos, donde los consumidores gastaban tres veces (US$10 trillones) más que los consumidores de China e India unidos. Se espera que el consumo en Estados Unidos se reduzca en US$1 trillón.

Frente a la pregunta de si el mundo podrá reemplazar este consumo, Zhu Min, vicepresidente del Banco de China, descartó cualquier esperanza de que los consumidores chinos pudieran reemplazar a los americanos. "Los consumidores chinos gastan US$1,5 trillones y, pese a los esfuerzos por aumentar el consumo interno, China nunca va a poder hacer la diferencia".

De acuerdo con Ian E. Davis, presidente mundial de McKinsey & Co., los americanos no tienen opción diferente a reversar esta tendencia en los siguientes 10 a 20 años.

Ken Rosen, profesor de Berkeley, dijo "gastamos plata que no teníamos en productos que no necesitábamos". Es muy improbable que Estados Unidos regrese a este comportamiento y necesitamos un gobierno que gaste en infraestructura", afirmó.

Rosen dijo además que el cambio era obligatorio. "El equipo que teníamos durante los últimos ocho años dejó caer la pelota", a lo que añadió que Alan Greenspan y el Tesoro Americano no hicieron la corrección obvia. "Todos lo vimos venir". "El fundamentalismo del mercado libre fue un error, pero irse al otro extremo también hubiera sido un error. Es hora de cambiar de paradigma. El modelo de Estados Unidos estaba equivocado: Si todo el mundo lo siguiera no podríamos existir".

Zhu estuvo de acuerdo con Rosen y añadió que el modelo americano no es sostenible. "Creo en la globalización, pero el modelo americano fue demasiado lejos. La lección es que no podemos tener esto sin gobernabilidad global".

Para Richard Haythornthwaite, CEO de la junta directiva de MasterCard mundial, la situación actual se caracteriza por una crisis de inversión y anotó que los americanos están comprando de manera más inteligente. Mientras que los precios están cayendo, algunos sectores están manteniendo sus volúmenes.

Rosen también dijo que, en la medida que los mercados emergentes surjan, es inevitable que los recursos limitados -compartidos por más consumidores- conduzcan a una restricción en los estilos de vida de los países más ricos.

El sistema financiero del futuro

Con respecto a este tema, la discusión se centró en el futuro de los fondos de capital privado, los hedge funds, los bancos y la regulación.

Henry R. Krevis, socio fundador Kohlberg Krevis Roberts and Co., dijo que el capital privado no debía descartarse, ya que todavía puede poner la plata a trabajar. Afirmó, sin embargo, que el foco iba a ser menor en la compra de compañías y más en inversión en las que necesitan capital. Krevis confía en que se va a poder seguir consiguiendo capital de financiación de largo plazo, aunque más de los fondos soberanos y los fondos de pensiones que de los bancos.

En cuanto a los hedge funds, los participantes estuvieron de acuerdo en que sobrevivirán los que operaron bien, mostraron transparencia y mantuvieron la confianza.

Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, por su parte, pidió una visión de largo plazo que forjara un sistema más resiliente con un gobierno fuerte. Pidió además transparencia y accountability en el mercado de derivados.

Grandes Conclusiones

Para poder sobrevivir a la crisis se requiere una mejor coordinación de economía política a través de un sistema multilateral, así como rechazo decidido al proteccionismo

Los paquetes de estímulos fiscales que van a adoptar los países son importantes, pero pueden no ser suficientes.

Los líderes de los países del G20, que se reunirán en Londres en abril, deben anunciar su disposición para desarrollar una respuesta de política coordinada.

Es necesario que los gobiernos y empresas hagan todo lo que está a su alcance para preservar el empleo y evitar despidos masivos que afectarían aún más la confianza.

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