| 7/28/2017 12:01:00 AM

Con matemáticas, organización calcula el daño ambiental en Colombia

El científico jefe de The Nature Conservancy (TNC), organización que trabaja por la conservación del medio ambiente, habló sobre las inversiones que debe hacer el país en esta materia y explicó el funcionamiento de herramientas que calculan el impacto medioambiental en Colombia.

The Nature Conservancy (TNC) es una organización científica que trabaja en Colombia con diferentes estrategias para mitigar el impacto negativo en el medio ambiente que puede generar la población por medio de prácticas que van desde procesos productivos de una empresa, hasta hábitos cotidianos que repercuten en la contaminación.

Esta comunidad de científicos con presencia en diferentes países, de los cuales Colombia hace parte por su riqueza en biodiversidad y otros factores ambientales, ha logrado desarrollar e implementar diversas herramientas tecnológicas que permiten calcular el impacto negativo que puede generar, por ejemplo, la ganadería o la tala de zonas verdes, pero a su vez ofrece alternativas de compensación para que el daño a la naturaleza sea el menor posible.  

Dentro de las herramientas de software utilizadas para realizar estas previsiones figura Marxan, herramienta de planificación usada en diferentes territorios como parques y mares. A esta se suma Sima, empleada en la Macrocuenca del Magdalena para prever los impactos que pueden generar diferentes prácticas empleadas en la zona.

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Ambas plataformas son abiertas al público de forma gratuita y TNC trabaja para que políticos, ganaderos y agricultores, entre otros, las empleen al momento de planificar una acción en un territorio determinado.

La ganadería es una de las principales problemáticas que está generando impactos negativos en el medio ambiente en Colombia.

Hugh Possingham es científico jefe de TNC que en su diálogo con Dinero, en medio de su visita a Colombia, habló sobre las principales amenazas que tiene el país en materia medioambiental y las inversiones que se deben realizar para mitigar al máximo las consecuencias negativas del impacto a la naturaleza.

En la vocería lo acompañó Thomas Walschburger, coordinador de ciencias en TNC, quien ha recopilado una amplia experiencia en el trabajo en países como Colombia, Costa Rica y Panamá entre otros.

Para Walschburger, la deforestación es una de las principales amenazas que tiene el país en su impacto ambiental: “repercute en pérdida de hábitat  que es la causa número uno en la pérdida de especies de todo el mundo”, afirmó y agregó que la minería es el principal problema que tiene Colombia ya que su impacto se ve reflejado en ríos como el Atrato, donde la minería ilegal ha transformado miles de hectáreas, repercutiendo a la larga en la salud humana por la contaminación de mercurio en el agua: “El país de cierta manera en un futuro tendrá que asumir esos costos en salud pública”, concluye este científico al medir el impacto negativo en la economía que generan estas prácticas extractivas.

Según sus cálculos, al final el país termina perjudicado no solo en su naturaleza sino también en su economía, puesto que la ecuación dice que se están perdiendo bosques, ríos, biodiversidad y gastos en salud pública para tratar enfermedades, solo para conseguir unos kilos de oro. “Esos balances son negativos para el país”, señala Walschburger.

Según los cálculos revelados por este directivo, en el Caquetá se están perdiendo más de 100.000 hectáreas al año por prácticas de ganadería, teniendo esta como resultado una productividad muy baja.

Por su alto grado de contaminación la minería es la práctica más nociva para la salud y ambiente en el país. 

“Debemos analizar a futuro los beneficios de esa ganadería y lo que produce contra lo que estamos perdiendo en bosques y biodiversidad. Lo que ha ocurrido históricamente, es que los ganaderos usan la finca 5 o 6 años y finalmente tienen que vender porque la productividad baja mucho”, enfatiza el directivo de TNC, quien propone desarrollar estas actividades y la agricultura en otras zonas donde los suelos son mejores y su impacto en la degradación y biodiversidad no es tan alto.

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Al preguntarle a Possingham sobre las inversiones que debe hacer Colombia para contrarrestar el impacto negativo en el medio ambiente, resolvió que una de las prioridades que debe tener este país es desarrollar el diseño de generación de energías hidroeléctricas, energía eólica y solar además de procurar que estas tengan el mínimo impacto en el medio ambiente.

“Sabemos que en Colombia para el 2050 la demanda de energía estará más o menos en el doble de lo que  está actualmente, entonces es un gran reto definir la infraestructura que va a producir energía limpia sin polución y teniendo el mínimo impacto en la naturaleza”, señaló Possingham.

No obstante manifiesta su preocupación al señalar que estas formas de producción de energía no son del todo buenas, ya que la energía eólica mata pájaros, la energía solar requiere de terrenos, y la energía hídrica tiene sus impactos sobre los ríos y la pesca.

“La clave es coger los lugares más inteligentes donde se pueda instalar esta infraestructura para la generación de energía pero de una forma que los beneficios económicos sean los más altos, teniendo los menores impactos sobre el medio ambiente”, ratifica Possingham, quien asegura que toda esta planeación estratégica se puede realizar mediante la implementación de las herramientas digitales que TNC ha puesto a disposición de la población para su uso gratuito.

Para este matemático, a las inversiones que debe hacer el país en esta materia se suma el mejor manejo de agua para proteger los ríos, bien sea por medio de incentivos, leyes o cualquier otro mecanismo.

El cuidado de la biodiversidad marina, que ha estado decreciendo al doble de la biodiversidad terrestre, también debe ser otro foco de atención.

“Los gobiernos solamente hacen lo que la gente pide que hagan, entonces TNC también trabaja en asegurarse de que la gente quiera el medio ambiente, porque en la medida que lo aprecie exigirá al gobierno que lo proteja, para que la gente pueda seguir disfrutando”, concluye Possingham, quien calcula que si no se realizan acciones para antes del año 2050 las serias consecuencias que ya se están viendo en el impacto ambiental se van a intensificar.

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