| 8/3/2011 6:00:00 PM

Cruda asonada

La revuelta en Puerto Gaitán que afectó a Pacific Rubiales abre un preocupante expediente para la inversión petrolera en el país. ¿Qué hay detrás?

El pasado 20 de julio se abrió un gravísimo antecedente en la historia petrolera del país. Una protesta por las supuestas malas condiciones laborales que ofrecía un contratista petrolero terminó convertida en una asonada con disturbios de orden público en el municipio de Puerto Gaitán, en el Meta.

La operación de uno de los más importantes pozos petroleros del país, Rubiales, fue afectada, generando dificultades en el suministro de crudo. En medio de la disputa, terminó metida la compañía Pacific Rubiales, operadora del pozo, que trató por todos los medios de hacerle entender a la opinión pública que no tenía nada que ver con los reclamos de los trabajadores.

Ronald Pantin, CEO de Pacific Rubiales Energy, explicó a Dinero que “en el municipio de Puerto Gaitán operan varias compañías petroleras distintas a Pacific Rubiales. Personal de un contratista de esas empresas ajenas a Pacific Rubiales inició una serie de reclamaciones de índole laboral; reclamaciones que generaron un clima de violencia alterando el orden público del municipio de Puerto Gaitán, llevando a la Alcaldía a declarar un toque de queda”.

De acuerdo con Pantin, las instalaciones de su empresa quedan a seis horas del casco urbano de Puerto Gaitán, lo que deja en claro que los dirigentes de la protesta encontraron “la posibilidad de crear un impacto mediático trasladando un conflicto laboral de otra compañía hacia Campo Rubiales, buscando una mayor notoriedad”.

Pantin denunció también que varios dirigentes sindicales “irrumpieron en nuestras porterías intempestivamente, vulnerando todos los esquemas de seguridad industrial y protocolos de seguridad física. Simultáneamente, hizo presencia un grupo de personas encapuchadas, no identificadas como personal vinculado al campo, quienes cometieron actos vandálicos de la peor naturaleza, rociando gasolina y prendiendo fuego a los dormitorios donde se encontraban reposando nuestros trabajadores del turno de la noche, con amenazas, ‘pistola en mano’, fueron coaccionados a participar en las protestas y en varios casos recibieron heridas de arma blanca y golpes con objetos contundentes”.

Por su parte, el presidente de la USO, Rodolfo Vecino, reconoció que el conflicto laboral inicialmente no tenía ninguna relación con Pacific, aunque aseguró que en el sector petrolero hay demasiadas tensiones por las malas condiciones laborales que ofrecen algunas empresas y, por eso, las protestas se extendieron hasta Rubiales.

Al final del día se superó la protesta y las partes conformaron una mesa de diálogo con el respaldo del gobierno nacional para abordar las peticiones de los trabajadores. Es evidente que, en este caso, Pacific Rubiales quedó en medio del fuego cruzado y fue utilizada para darle mayor trascendencia a la protesta. Las autoridades deben garantizar que este tipo de situaciones no se presenten más. El Gobierno tiene que impedir que los reclamos se canalicen por las vías de hecho. Las legítimas aspiraciones de los trabajadores no pueden convertirse en problemas de orden público. Está en juego el futuro de una de las locomotoras más importantes para el desarrollo de Colombia.
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