| 5/14/2010 12:00:00 PM

Competitividad en la zona euro

En el año 2000, en lo que se conoció como la Estrategia de Lisboa, los jefes de Estado europeos fijaron un periodo de diez años para convertir a la Unión Europea en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de mantener un crecimiento sostenido con una mejor calidad de empleo y cohesión social. Se trataba de mejorar la competitividad y la productividad de Europa a través de varias iniciativas de política, entre las cuales se incluían la creación de una sociedad de la información, estableciendo una era europea de investigación y desarrollo, impulsando un ambiente favorable para la creación de empresas, un mercado único, mercados financieros eficientes e integrados, una economía del conocimiento, una protección social de mejor calidad, inclusión social y un ambiente sostenible.  

El logro de los objetivos de Lisboa en la última década se ha complicado debido a razones políticas y económicas. Para comenzar, los objetivos se fijaron en un momento de crecimiento económico, debido a lo cual muchos de ellos no eran realistas.

La adhesión de 12 miembros a partir de 2004 introdujo nuevos retos, en la medida en que estos tenían un menor desarrollo relativo, aunque la principal razón del poco avance estaba en la falta de acción política en los frentes críticos.

Una evaluación en 2005 estableció que en realidad había habido poco avance y llevó a una revisión por parte de la Comisión Europea y al Parlamento Europeo a enfocarse en los elementos que condujeran al crecimiento y a la generación de empleo. Este proceso se llamó Lisboa II.

Al cumplirse diez años, la Comisión hizo su propia evaluación, llegando a las siguientes conclusiones: las reformas que se han llevado a cabo han hecho que la Unión Europea sea más resiliente y capaz de enfrentar la actual crisis. Por otro lado, la Comisión concluyó también que no siempre el mayor empleo condujo a la reducción de la pobreza y que la brecha entre los países con mejor y peor desempeño se había ampliado; además, que las reformas se habían implementado de manera desigual entre los diferentes países. Esto se hizo en el contexto de reformulación de la estrategia Europa 2020.

El Foro Económico Mundial, desde la implementación de la Estrategia de Lisboa, decidió hacer cada dos años una revisión de la misma, mediante el cálculo de un índice de competitividad basado en ocho dimensiones. Estas son: sociedad de la información, investigación y desarrollo, liberalización, industrias de redes, servicios financieros, empresarismo, inclusión social y desarrollo sostenible. Los resultados los compara con Estados Unidos, así como con cinco economías muy competitivas de Asia: Japón, Hong Kong, Corea, Singapur y Taiwán.

A lo largo de los diez años, los países nórdicos siempre han estado en los primeros lugares en competitividad. Igualmente, durante estos años son los mismos diez países los que han figurado dentro del ranking de los diez primeros. A partir de 2004, Portugal, España, Grecia e Italia han perdido competitividad y actualmente ocupan los lugares 16, 18, 23 y 25, respectivamente, en el listado de 27 países. Los superan Estonia, Chipre, Eslovenia y República Checa. Adicionalmente, la dispersión entre los mejores y los peores es enorme.

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