| 9/28/2013 7:00:00 AM

¿Cómo viven los campesinos?

Una investigación de la Universidad del Rosario, del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) y de la Universidad del Cauca revela que cerca del 32% de los colombianos habita en el campo.

Este estudio reveló cómo viven los campesinos en el país y encontró que el aumento de las superficies destinadas a la ganadería extensiva y a los monocultivos redujo el empleo rural, así como la pequeña y mediana propiedad.

Nadia Rodríguez, investigadora del Observatorio de Identidades, Prácticas y Políticas en el Espacio Rural Colombiano de la Universidad del Rosario, explicó que con esta investigación se ratificó que los campesinos siguen viendo sus necesidades básicas insatisfechas y que las políticas del Estado siguen siendo asistencialistas.

¿Qué piden los campesinos?, nada diferente a que se resuelvan los problemas de distribución de tierra, de desarrollo rural, de desprotección del sector agrícola, entre otros. También exigen el derecho a la vida, al trabajo y a la ciudadanía, lo que demuestra la capacidad de los campesinos de desarrollar alianzas estratégicas con variados actores y de renovar discursos y espacios de lucha y reivindicación, recalcó Rodríguez, quien hizo parte del equipo de investigación.

El estudio indica que en las últimas dos décadas, a pesar de la desaceleración agropecuaria, la autosuficiencia alimentaria del país descansó en los cultivos predominantemente campesinos que en los capitalistas, pues cerca del 40% de la canasta alimentaria se sustenta en productos campesinos.

La investigación se hizo en varias veredas de los municipios de Mesitas del Colegio en Cundinamarca, Garagoa en Boyacá y Río Frío en el Valle del Cauca. Se analizaron tres aspectos: cómo son representados en las políticas públicas, en qué formas se organizan y cómo se alimentan y cuál es su participación en el suministro de productos para la alimentación de la sociedad en general.

En cuanto a las políticas públicas, la investigación encontró que “Colombia pasó de ser un Estado regulador, que asumía gran parte de los riesgos de la producción agrícola, de la cosecha y de la comercialización, a un modelo de desregulación estatal, de flexibilización laboral y de reorientación de la estructura productiva”.

Señala la investigadora que mientras el sector agropecuario pierde vigencia, el campo cobra valor como fuente de bienes y servicios ambientales, turísticos y recreativos y de actividades primarias de extracción minera y forestal, pero no para los pequeños productores.

Finalmente, para Nadia Rodríguez los sectores que han logrado adecuar su producción y asumir una identidad empresarial frente al imperativo de la competitividad se ubican cerca de las ciudades, donde encuentran mayor apoyo estatal y privado. Es el caso de los productores de frutas y hortalizas de Cundinamarca, que se han articulado al programa Bogotá sin Hambre.

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