| 1/23/2009 12:00:00 AM

Comienza la acción

Con la llegada de Obama al poder, renacen las esperanzas de la nación más rica del mundo, hoy inmersa en la que podría ser la peor crisis económica de su historia.

Tras su victoria en una agotadora campaña presidencial, el candidato de mayor popularidad en los últimos tiempos, Barack Obama, debe ahora gobernar una nación que, según los expertos, estará en recesión durante su primer año de mandato. Esta no es una tarea fácil, Obama toma posesión en la coyuntura más adversa para un mandatario estadounidense desde la presidencia de Franklin Roosevelt, en 1933, en medio de la turbulencia de la Gran Depresión.

El nuevo presidente de Estados Unidos tiene que encontrar una salida a la crisis financiera, sin descuidar temas primordiales para su país como las guerras en Irak y Afganistán, el cambio climático y la crisis alimentaria, por mencionar los más urgentes. A juzgar por la ceremonia de posesión, a Obama le sobran simpatizantes y buenas intenciones, pero su discurso inaugural resultó predecible y carente de energía.

Poner el tema de la guerra contra una "red de violencia lejana de alcanzar", antes de reconocer que la economía estadounidense "está fuertemente debilitada", después de afirmar que no hay lugar a dudas en cuanto a que "estamos en medio de una crisis", da para dos interpretaciones.

La primera es que Obama pretende transmitir confianza al poner el problema económico en el mismo nivel de importancia de otros inconvenientes que enfrenta la nación. Una buena estrategia si se tienen en cuenta las repercusiones que tienen sobre la economía de un país, más aún sobre una economía de consumo como la de Estados Unidos, las expectativas de sus habitantes.

La segunda es que realmente el nuevo presidente tenga entre sus prioridades "comenzar a dejar responsablemente Irak a su gente", como afirmó en la mitad de su discurso, lo cual tiene sentido desde un punto de vista meramente económico si se tiene en cuenta que, desde el inicio de esa guerra, Estados Unidos ha gastado un presupuesto que supera el del plan de estímulo aprobado durante la anterior administración junto con el que será presentado al Congreso en las próximas semanas.



El primer afroamericano en la casa Blanca

Con la elección de Obama, los estadounidenses sienten además que han logrado dejar atrás la discriminación racial y que llegó el momento de las oportunidades para los más pobres. Esto último, aunque se dé durante el presente mandato, no está dentro de las promesas del nuevo dirigente, ni guarda una estrecha relación con el imaginario común de que la riqueza en ese país no se distribuye de manera equitativa entre anglosajones y afrodescendientes.

Esto fue cierto para las generaciones nacidas con anterioridad al final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, durante los últimos 25 años en Estados Unidos se han amasado inmensas fortunas sin distinciones de raza, género o edad, en diversos campos. Obama es, como todos los nacidos en ese país, un 'americano' más, hijo de un kenyano y una estadounidense que se conocieron en su época de estudiantes en la universidad de Hawai.

Lo que diferencia a Obama de muchos otros 'americanos', europeos, latinos, etc. es su dedicación y entrega a lo que hace. Ostenta grados de las universidades de Columbia y Harvard, en donde además ocupó la presidencia del prestigioso Harvard Law Review, fue tres veces senador por Illinois, profesor de la escuela de derecho de la Universidad de Chicago y hace parte de la Convención Demócrata Nacional desde julio de 2004.

El nuevo guión

En gran medida, Estados Unidos y el mundo han apoyado a Obama incondicionalmente por su mensaje de cambio, presente desde el inicio de su campaña y palpable en su discurso del martes. En él, el presidente Obama hizo énfasis en que habrá un quiebre decisivo frente a la administración que termina y se refirió a una "nueva era de responsabilidad", en la que reconstruirá la economía y la posición de Estados Unidos en el mundo. Posteriormente, declaró que el país está "listo para liderar nuevamente". Por último, listó los frentes en los que trabajará, que van desde la economía hasta el extremismo islámico, pasando por el calentamiento global.

Recordando que continúan siendo la nación más próspera y poderosa del mundo, tras declarar que ha llegado a su fin la protección de intereses particulares, dijo que habrá de poner en marcha decisiones desagradables y comenzará el trabajo de reconstrucción de Estados Unidos. Además, Obama declaró que la economía necesita impulso, no sólo con la creación de nuevos trabajos, sino "en la configuración de un nuevo fundamento para el crecimiento".

Esto último se lograría, según su discurso, devolviéndole a la ciencia su lugar; haciendo que la tecnología aumente la calidad de la salud, al tiempo que abarata sus costos; empleando fuentes de energía renovable para mover sus vehículos e industrias y transformando los colegios y universidades para enfrentar las demandas de una nueva era.

Obama llega en un momento decisivo para la historia mundial y los vientos de cambio que lo han acompañado desde su campaña lanzan un mensaje de esperanza para el futuro económico de Estados Unidos y el mundo. El nuevo presidente no tiene tiempo que perder, de la rapidez con que se aprueben sus políticas de rescate y de la diligencia con que se implementen depende en gran medida el desenlace de la crisis. Además, si Obama logra con ello que su país muestre mejorías en medio de la delicada situación actual, su modelo podría perpetuarse y difundirse.

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