| 9/2/2005 12:00:00 AM

Colombia no es la excepción

Colombia no es la excepción

Andrés Velasco, economista chileno y profesor de Harvard, estuvo recientemente en Colombia exponiendo sus teorías respecto al crecimiento económico y el tipo de cambio. Dinero habló con él sobre estos dos temas.

¿Cómo ve el comportamiento de la tasa de cambio en Colombia?

No se puede entender Colombia, si no se entiende toda la región. Los países de Latinoamérica nos miramos demasiado el ombligo. Siempre creemos que lo que nos ocurre, no le ocurre a nadie más. El tipo de cambio es un problema regional, no nacional. En el último año, la depreciación del peso colombiano ha sido algo mayor que la de otras monedas; pero si se miran los últimos tres meses, Chile ha tenido una revaluación mayor, y si se miran los últimos tres años, Colombia no queda tan mal, porque tuvo una depreciación previa y luego sí, la apreciación. Eso hay que tenerlo en mente, porque no es un problema único.

También hay que dimensionar el problema y analizar si el nivel en que está el peso hoy, es una amenaza. Yo pienso que hasta el momento es un poco prematuro alarmarse, porque en un país en que las exportaciones crecen al 34% y el déficit de cuenta corriente es entre 1% y 1,5% del PIB, no hay desequilibrio externo actual. La pregunta es si Colombia se debe inquietar en el futuro en caso de que la tendencia continúe y la respuesta es sí.



Pero antes de hablar del futuro, ¿cómo se explica lo que está pasando hoy?

Se explica por dos razones. Primera, porque los capitales golondrina han vuelto a América Latina. Las tasas de interés internacionales todavía son bajísimas. Entonces, los muchachos de Londres y de Wall Street recorren el mundo buscando papeles más rentables.

Por ello, estamos hablando de una brecha de apenas 2 ó 3 puntos entre los intereses internos y externos, que no es mucho. Pero la percepción del riesgo ha cambiado. Hace tres años, ningún gringo se habría metido en Colombia para ganarse tres puntos. El apetito de los inversionistas cambió mucho porque sus alternativas en Estados Unidos se volvieron bajas y el riesgo crediticio en América Latina en el corto plazo es bajo. El riesgo crediticio a un año en Colombia es casi cero, porque la economía está creciendo, el déficit fiscal es relativamente pequeño, el déficit de cuenta corriente también y hay cierta estabilidad política. El mundo está confiando en Colombia, pero paradójicamente, los colombianos no ven esto con buenos ojos.



¿Les atribuye todo a los capitales golondrina?

Parte son los capitales y parte son las condiciones objetivas, como que los precios de los commodities están en las nubes.



¿Y el narcotráfico y las remesas?

El narcotráfico no es una explicación para lo que está pasando. Es muy viejo, siempre ha estado y tendrían que decirme que hubo un cambio en el volumen de dólares que los narcos traen a Colombia. Es más, parece que su momento de mayor auge fue anterior. Y las remesas han subido, pero muy paulatinamente.

Hay un debate entre los expertos acerca de si las remesas son estructurales o pasajeras. La experiencia de Colombia es muy reciente, pero si se miran países que llevan más años, como Filipinas, en Asia, o El Salvador, en América Latina, todo puede sugerir que son procesos estables que duran 20 a 30 años, que es el ciclo de vida de una generación. Esto es casi como un regalo de los colombianos residentes en Estados Unidos. Hay que celebrarlo y no lamentarlo.



¿Cómo ve la tendencia del dólar hacia adelante?

Yo sospecho que la tendencia revaluacionista va a continuar. Supongamos que la tendencia continúa por uno o dos años y que el peso se aprecia en términos reales al 5% o al 7% por año y viene un cambio abrupto en las condiciones internacionales. Hay un ajuste en las tasas en Estados Unidos y un menor apetito de China por comprar materias primas. La pregunta es ¿qué tan bien parada va a estar Colombia para realizar ese ajuste? Hay un potencial de riesgo que no se ve en las cifras hoy, pero que sí se podría ver en las cifras más adelante.



¿Cómo en qué?

El primer efecto sería el resentimiento de la capacidad exportadora no tradicional, que todavía no se ve porque están creciendo mucho, pero que en uno o dos años sí se va a ver. El segundo es que Colombia es un país con una situación fiscal bastante frágil, porque tiene una deuda grande y hay amenazas potenciales al equilibrio fiscal, como las pensiones o los impuestos. Por tanto, una devaluación real abrupta en un par de años podría favorecer a los exportadores, pero podría crear muchos problemas en los sectores de la economía. El tercero es que la combinación de una salida de capitales y de un gobierno hambriento por endeudarse en casa llevaría a una tasa doméstica de interés muy alta y eso es malo para los exportadores, las empresas y los bancos. No digo que eso vaya a ocurrir, pero podrían darse las condiciones y hay que estar vigilante.



¿Qué debe hacerse entonces?

Número uno, en América Latina, la política cambiaria es más un arte que una ciencia. Los bancos centrales están entre dos objetivos contrapuestos, quieren que el tipo de cambio flote, porque la flotación es buena, pero a la vez no quieren una apreciación excesiva. ¿Cómo se compatibilizan estas dos variables? Con una política hábil de intervenciones. Más que intervenir regularmente en cantidades pequeñas, hay que intervenir esporádicamente en cantidades grandes. El objetivo de la intervención en el mercado no debe ser quitarle la volatilidad de corto plazo al tipo de cambio.

Los bancos centrales deben hacer un diagnóstico sobre lo que constituye un desalineamiento excesivo del tipo de cambio real y cuando se llega a ese límite, hay que intervenir con mucha fuerza.



¿Cree usted que eso funcione y que se pueda controlar la tasa de cambio al punto de que la gente quede satisfecha?

No se quién va a estar satisfecho con qué. Con la intervención no se puede evitar una apreciación o una depreciación a largo plazo, motivada por cambios fundamentales en el mercado mundial, como el precio del petróleo o la demanda de China por productos primarios. Pero se puede evitar un proceso de overshooting. Si esto pasa, la gente empieza a apostar a que el tipo de cambio se va a apreciar, pero el banco central no deja que se aprecie a corto plazo. Todos empiezan a apostar, traen más dinero y al final hay un ajuste dilatado; pero justamente porque se dilata y se agranda, se termina con un overshooting excesivo.



Además de la intervención con compras de dólares, ¿qué más pueden hacer los bancos centrales?

Pueden pensar en los costos e incentivos para hacer arbitraje especulativo y tratar de incidir sobre ellos. Es bueno hacerlo por razones de control macro, porque evitan booms excesivos en el tipo de cambio y también es bueno hacerlo por prudencia micro. Sabemos que los bancos latinoamericanos son proclives a los procesos de auge y de crisis. Es bueno que internacionalicen los costos sociales de algunas cosas que hacen. Hay riesgos sociales asociados a los préstamos. Hay riesgos reales que el sector privado no siempre ve.

De otra parte, la política fiscal en Colombia sigue siendo descomunalmente expansiva. Es un Estado muy grande, con una estructura impositiva con muchas exenciones, una deuda pública nada despreciable y amenazas futuras, como las pensiones. Todo eso presiona el tipo de cambio. Cuando el gobierno gasta más, el gobierno compite con los exportadores tratando de contratar a los mismos trabajadores y cuando el gobierno se endeuda, compite por los mismos créditos. Los países asiáticos lograron sostener los tipos de cambio porque mantuvieron una gran disciplina fiscal.



¿Qué pasará en Estados Unidos en dos años?

Si Estados Unidos fuera latinoamericano, ya estaríamos quebrados. Los lujos que Estados Unidos se puede dar son enormes. Además, la irresponsabilidad fiscal que el gobierno estadounidense cometa debe ser muy grande para llevarlo a crisis. En América Latina, la deuda es cara en años malos y es barata en años buenos. A los gringos les pasa lo contrario, cuando se endeudan en dólares, su pasivo desaparece. El resto del mundo les facilita el ajuste y les financia la deuda. Aunque Estados Unidos no es invulnerable.

Alguien tiene que financiar el déficit de cuenta corriente de Estados Unidos. Hasta el momento han sido los países asiáticos y la contraparte es que acumulan reservas. Pero hemos empezado a ver que la política asiática tampoco es invulnerable. Hoy, los chinos están interviniendo y comprando dólares para que su moneda no se aprecie de mala gana. Yo creo que los chinos se equivocaron en el ajuste actual, porque hicieron un ajuste pequeño y en el mediano plazo va a haber nuevas presiones que los van a obligar a revaluar más aún. En este momento, esas compras gigantescas se acaban, el superávit empieza a reducirse y los gringos se tienen que preguntar quién los va a financiar. Eso va a significar un alza de tasas en ese país, que el peso de la deuda pública va a ser mayor y que el ajuste macro va a ser más doloroso y que el gasto público y privado va a ser muy grande.



¿Qué hay que hacer para crecer?

En la década del 90, en América Latina se hicieron reformas estructurales para que las economías crecieran. Sin embargo, esto no sucedió. Las reformas eran condiciones necesarias para que se empezara a hablar de crecimiento, eran una cuota necesaria e inevitable. Hugo Chávez y Néstor Kirchner no entienden esto, pero es una lección básica que hay que aprender. Chile y Brasil lo entienden bien. Una cosa es crear las condiciones para el crecimiento y otra muy distinta es garantizarlo. Lo que nos ha pasado es que les hemos aplicado la misma medicina a diferentes enfermedades.

Hay que profundizar en los detalles y encontrar los obstáculos para el crecimiento. Por ejemplo, está de moda hablar de que la educación es necesaria para crecer y, por tanto, hay que mandar a los jóvenes a la universidad y aumentar la cobertura. Sin embargo, cuando se miran los casos concretos, como el de Uruguay, en ese país la gente universitaria está manejando taxi.

Sería preciso hacer un diagnóstico de cuánto es el premio salarial que justifique la mayor educación. En Uruguay, ese premio es bajísimo.

El problema es que no hay datos. En América Latina, no miramos datos porque no los tenemos y no sabemos qué tipo de profesionales tenemos. Nadie tiene esta información, porque a nadie le interesa. Las universidades privadas ofrecen las carreras más baratas porque esto es rentable. A ellos no les conviene decir cuál carrera sirve y cuál no. Los sueldos de un psicólogo, un periodista o un publicista son bajos y las universidades no sacan estos datos. Guiemos el mercado y llegaremos a carreras que no creíamos necesitar, como técnicos en recursos naturales.

Se deberían hacer censos de egresados. Las universidades gringas hacen esto rutinariamente. La drástica y arbitraria distinción entre lo técnico y lo profesional debe acabarse, pues la brecha es muy grande.

Quizá se puede pensar en módulos educativos más cortos para poder pasar de técnico a profesional o viceversa. Sin tantas dificultades, bloques más pequeños para generar más movilidad. Europa y Canadá ya están haciendo esto. Repensar el currículum de una forma más radical.



¿Qué otros ejemplos hay?

Otro tema sobre el cual se generaliza y no se toman medidas concretas es la corrupción. No obstante, no toda la corrupción es un obstáculo. Hay ciertos sectores en los que la corrupción bloquea la inversión y hay otros en los que no. Se debe pasar de grandes diagnósticos a tomarse en serio los detalles. No se van a resolver los problemas de corrupción de 500 años en una semana. Por ejemplo, en Nigeria se crearon zonas especiales que están sujetas a la ley inglesa o francesa. En República Dominicana se crearon áreas de seguridad para los turistas y poder enfrentar el problema de la inseguridad. La inseguridad no se resuelve en un mes.

También hay que enfocarse en las fallas del mercado, que pueden ser considerables en áreas de tecnología, innovación e inversión. En América Latina -a diferencia de los países escandinavos, o Israel y Nueva Zelanda-, tenemos bajísima capacidad de nuevas tecnologías. No se inventan productos nuevos, sino que se copian. Es el típico caso en el que el gobierno podría adoptar un papel más activo para estimular la innovación. Claro está que se requiere un Estado fuerte y transparente que pueda dar y quitar cuando sea del caso.

Adicionalmente, se necesita mayor coordinación entre lo público y lo privado. La rentabilidad de un proyecto depende de muchos factores y en este sentido es importante que diferentes actores trabajen en conjunto. Por ejemplo, no basta con construir un hotel en un sitio bellísimo. Es necesario para que sea rentable, que haya vías, aeropuertos, playas limpias, agencias que ofrezcan el plan, etc.

Por último, los gobiernos latinoamericanos tienen que ser más activos al promover la competencia.
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