¿Aprovechar el airecito?

| 9/15/2000 12:00:00 AM

¿Aprovechar el airecito?

El Ministro de Hacienda trajo las mejores noticias de su viaje a Washington. La más importante de todas es su compromiso con la tarea que le espera: reconstruir la economía colombiana.

Después del viaje del ministro Santos A Washington y de las fuertes palmadas en el hombro que recibió de parte de los jefes de los bancos multilaterales, los empresarios en Colombia se preguntan: ¿qué significa todo esto para mi negocio? La respuesta es clara: el gobierno ha ganado un nuevo margen de tiempo para hacer una gestión económica eficaz. Si la aprovecha, la economía podría iniciar una recuperación en serio en el segundo semestre del año 2001.





A Santos le fue muy bien en Washington (difícilmente podría haberle ido mejor) y es evidente que la diplomacia económica del presidente Pastrana está rindiendo frutos de manera admirable. Se trata de un logro que no puede ser subestimado, dada la pérdida de confianza internacional que Colombia registró en el primer semestre de este año, causada en buena parte por el propio gobierno, con sus torpes propuestas de revocatoria del Congreso y su inacción frente a los compromisos adquiridos respecto a las reformas estructurales.



Es una ventana de oportunidad increíble y, por lo mismo, sería ruinoso desaprovecharla. Lo peor que podría pasar sería caer en la complacencia y pensar que es una licencia para seguir perdiendo el tiempo. Lo cierto es que no hemos hecho la tarea; es más, en la práctica no hemos comenzado. Los mercados siguen en la fase de "ver para creer" y la inversión, el elemento esencial para que la economía colombiana salga del túnel en el que se ha metido, no se va a recuperar a menos que el Gobierno produzca hechos contundentes. El aval del Banco Mundial para la nueva emisión de deuda colombiana, aunque le facilita la vida al Gobierno, no cambia lo fundamental.



Se abren entonces 2 escenarios. Las reformas estructurales tomarán por lo menos 12 meses, teniendo en cuenta que la reforma de las transferencias requiere dos legislaturas para su aprobación y que en materia de seguridad social el Gobierno ni siquiera ha planteado su propuesta. En el escenario optimista, el proceso de reformas se inicia inmediatamente, pero sus efectos sobre la economía solo comienzan a sentirse en el segundo semestre del año 2001. Así, el crecimiento en los próximos 12 meses fluctuará entre 1% y 2%. A partir de julio del año entrante se iniciaría un nuevo período de crecimiento, para terminar el año 2001 con un crecimiento cercano al 3%.



Dinero consultó a los principales economistas del país y del exterior acerca de sus perspectivas para la economía colombiana en lo que resta del año y para el año entrante (ver página 42). Es muy interesante el consenso que existe entre todos ya que las proyecciones difieren muy poco las unas de las otras, pero más interesante aún es la semejanza de las mismas con las proyecciones oficiales. O bien el gobierno se ha ganado la confianza de los analistas, o ellos se rehusan a creer que aquel permitiría el desastre que implicaría no hacer el ajuste.



El escenario pesimista se puede describir brevemente. Las reformas se quedan en anuncios, como ocurrió bajo la administración del anterior ministro de Hacienda. En el último año del gobierno, la desconfianza frente al país en los mercados internacionales se profundiza y la economía entra en una tendencia secular de bajo crecimiento. La administración Pastrana pasa a la historia como una serie de oportunidades perdidas en el campo económico.



El hueco



El aval por parte del Banco Mundial y del BID para la emisión de bonos de deuda pública colombiana en el exterior es una excelente noticia, que garantizará al país el acceso a recursos nuevos y más baratos de financiamiento en el año 2001. También es positivo que los procesos de privatización de Carbocol e Isagen se encuentren en sus fases finales. Pero el gobierno no puede perder el rumbo. La bomba fiscal de largo plazo sigue vigente. Con tasas de interés superiores al 10% real, una deuda de 35% del PIB y un crecimiento económico del 2 al 3% en el mejor de los casos, mantener un déficit fiscal de 3 ó 4% del PIB como el que tendrá el país a finales del año 2000 equivale a buscar activamente el desastre.



El servicio de la deuda pública --amortizaciones e intereses-- será de 10,9% en el 2001, o 90% de los ingresos corrientes previstos para ese año. Incluso si la economía creciera al 4,5%, que es su promedio histórico, si no se corrigen los niveles de déficit la deuda pública en 20 años valdría 124% del PIB. La única salida es generar un superávit primario, para lo cual la única solución es reducir gasto y aumentar los ingresos.



Sin embargo, no es evidente hasta ahora que ese vaya a ser el curso de acción del Gobierno. El Presupuesto de la Nación que se está discutiendo en el Congreso tiene un monto de gastos de $57 billones e incluye $2 billones para inversión y gasto social, que no cuentan con financiamiento pero que el Ministro de Hacienda tiene previsto financiar con ingresos de la reforma fiscal que también va a presentar al Congreso el 15 de septiembre. El crecimiento del presupuesto es de 11,6% sin inversión y de 15,6% con la nueva inversión. En caso de no aprobarse esta reforma tributaria o se haga por un menor valor, la inversión y gasto social dejarían de hacerse.



Es difícil pensar que un presupuesto que crece con el PIB nominal cuando no se incluye la inversión social, y 6 puntos reales cuando esta se incluye, sea austero y refleje la intención del gobierno de reducir el gasto. ¿Por qué en lugar de reducir gastos para dar espacio a la inversión social, el gobierno la condiciona a los posibles ingresos de la reforma tributaria? Al parecer, la reforma tributaria no se hace para tapar el hueco fiscal, sino para aumentar el gasto.



Las reformas que se necesitan



La tarea del Presidente y su Ministro de Hacienda es doble. Por un lado, tienen que dar gusto a Wall Street y producir las reformas fiscales que allí están esperando, relacionadas con la descentralización y la seguridad fiscal. Pero, además, deben ejecutar otras reformas cuyo efecto es más importante en el corto plazo, como la ley de responsabilidad fiscal, que limita la capacidad de gasto y endeudamiento de las entidades territoriales y la Nación. Deben producir una reforma tributaria proempresarial (en lugar de un remiendo fiscalista). Y deben abrir espacio para que se produzca un giro de la inversión a favor de la competitividad.



La reforma tributaria es un tema central para que resucite la inversión en este país. Según se sabe, el ministro Santos busca aumentar la base de contribuyentes, esencialmente mediante la eliminación de las exenciones al IVA y al impuesto de renta. Estas exenciones valen alrededor del 6% del PIB. El impuesto a las transacciones financieras se quedará por unos años más, a pesar de las muchas críticas que tiene por antitécnico y porque estimula la desintermediación financiera. Incluso es posible que este impuesto, que es de 2 x 1.000 actualmente, aumente al 3 x 1.000.



La propuesta también contempla reducciones en las tarifas de impuesto de renta, especialmente para las empresas que aumenten la nómina y contribuyan a reducir el desempleo. El riesgo está en que las cosas buenas de la reforma se queden colgadas en las discusiones del Congreso, al tiempo que se aprueban las malas. Es positivo buscar un sistema tributario más neutral, con menores exenciones. Pero es muy factible que las exenciones queden (lo cual limitaría la posibilidad de dar estímulos a la creación de empleo), al tiempo que se busque subsanar el hueco aumentando el nivel del impuesto a las transacciones, lo que tendría efectos devastadores sobre el sistema financiero.



Por otro lado, la agenda económica del gobierno si realmente desea enderezar la economía es mucho más amplia. Debería incluir una verdadera reforma tributaria proempresarial, con estímulos claros a la reinversión de utilidades. Más allá del tema tributario, debe abarcar un estímulo decidido al mercado de capitales y a la creación de vivienda, y desembotellar la Ley de Telecomunicaciones.



También debe generar inversiones ambiciosas a favor de la competitividad. En el ámbito internacional, el avance hacia la competitividad se mide en inversiones y logros, no en intenciones y programas. La ministra Martha Lucía Ramírez ha aportado el software que se necesita para el desarrollo de las exportaciones, pero está faltando el hardware: las inversiones en puertos, comunicaciones, vías y demás, que están en la raíz de la competitividad. Los rendimientos de estas inversiones podrían ser gigantescos. Si Colombia demuestra su compromiso, las probabilidades de obtener un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos se incrementan exponencialmente. Ese acuerdo sería un disparador de la inversión.



El nuevo aire que ha recibido el Gobierno gracias al respaldo de Estados Unidos y los bancos multilaterales tendrá un efecto claro sobre la actividad de los empresarios, pues se ha abierto un margen de acción que afecta las perspectivas de crecimiento. En la página siguiente presentamos una síntesis de las proyecciones de destacados economistas, para lo que queda de este año y el próximo. Al interpretar estos datos, el lector debe recordar que las expectativas pueden estar sesgadas hacia el optimismo. La oportunidad es histórica y nadie quiere pensar que los responsables del manejo económico la van a dejar pasar.



Sorprende el consenso que existe entre las proyecciones económicas del 2000 de los analistas, y entre estos y el gobierno. En el 2001, la varianza es mayor.



Dinero a partir de esta edición y cada dos meses publicará las proyecciones económicas de los principales analistas nacionales e internacionales. De igual manera, publicará la visión de consenso, así como las desviaciones frente a la misma. Al parecer por las proyecciones que se mantienen siempre dentro de un rango prudente, todos los analistas consultados confían en que el gobierno hará los ajustes necesarios para mantener la casa en orden. Sorprende, para el 2000, el gran consenso que existe entre los analistas, y entre estos y el gobierno. Para este año, el más optimista en materia de crecimiento económico es el JP Morgan con una proyección de 3,1%, mientras que el más pesimista es el Banco Santander con 1,9%. Por el lado cambiario, nadie avizora sorpresas ya que la tasa máxima esperada es de $2.300 por dólar y la mínima de $2.150.



Para el año 2001, hay mayor varianza en las proyecciones entre los economistas y el gobierno. Mientras que la mayoría coincide en que el crecimiento será del 3% aproximadamente, poca credibilidad le da a la posibilidad de que el gobierno cumpla la meta acordada con el FMI de un déficit fiscal del 2,5% para ese año. En materia de inflación tampoco hay mucho consenso ya que mientras el gobierno mantiene su proyección del 8%, analistas como Steiner y Carrasquilla estiman la inflación del 2001 en 15%. Sin embargo, para estos últimos analistas, este aumento de la inflación está acompañado de una recuperación del crecimiento económico y de una reducción en el desempleo, aunque con el costo de una mayor tasa de interés que estiman en 20% y un aumento del déficit fiscal. La varianza es mayor en las proyecciones nominales que en las reales.







El hecho

La diplomacia económica de este Gobierno demostró sus efectos, con el aval del Banco Mundial a la emisión de deuda colombiana.



El impacto

Se abre una ventana de oportunidad para realizar las reformas. Es la última que le queda al Gobierno para corregir el rumbo de la economía.



Lo que viene

Si hay reformas, la economía colombiana podría comenzar a crecer en el segundo semestre del 2001.



Si no se hacen las reformas, entraremos en una tendencia secular de bajo crecimiento. El potencial se reducirá dramáticamente
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