| 7/2/2015 5:00:00 AM

¿La TV todavía paga?

¿El negocio de televisión aguanta un tercer canal? Esa es apenas una de las preguntas que está tratando de responder la Autoridad Nacional de Televisión (Antv) para definir el futuro del mercado de la TV en Colombia.

El reto no es menor. Según informó la directora de la Antv, Ángela Mora, la entidad también tendrá que determinar en los próximos 12 meses -además de la conveniencia de un tercer canal de televisión-, las reglas para un nuevo proceso licitatorio para el Canal Uno, las condiciones en que se deberá realizar  las nuevas licencias abiertas que permitan a la televisión por suscripción convertirse en prestadores multiservicios y las nuevas condiciones legales y de regulación de todo el mercado.

Todos los temas son sensibles, pues sin lugar a dudas cada uno de ellos va a transformar radicalmente el futuro del negocio de la televisión en Colombia. Lo más probable es que la Autoridad termine reconociendo lo que los usuarios ya entienden: primero, que la TV abierta (la que se financia exclusivamente con pauta publicitaria) está enfrentando enormes desafíos y que allí no hay cama para tanta gente; segundo, que es necesario fortalecer las nuevas ofertas de televisión y, tercero, que se necesita de una profunda reforma de todo el marco legal y regulatorio de la televisión en Colombia.

Las cifras demuestran que el país ya vive una revolución en el consumo de televisión. Según el Informe Sectorial de Televisión 2014, que reveló en junio pasado la Antv, en 2007, los ingresos de la televisión por suscripción apenas llegaban a $750.000 millones y los de la televisión abierta (nacional, regional y local) eran de $923.000 millones. Desde entonces y hasta el año pasado, la proporción de ingresos en la televisión mostró un cambio rotundo. Mientras que la televisión por suscripción, a pesos corrientes, alcanzó $2,12 billones en ingresos por suscripciones, la televisión abierta apenas alcanzó los $1,2 billones en ingresos por pauta. Esto significa que, nominalmente, el mercado de la televisión abierta apenas creció una tercera parte en un período de ocho años, mientras que los ingresos de la televisión por suscripción se triplicaron en el mismo período.

El tema no exige mayor análisis.
Esta tendencia muestra cómo el modelo del negocio de televisión está cambiando radicalmente. Los ingresos por pauta no muestran un crecimiento exorbitante (cerca de 5% en los últimos dos años), mientras que el número de suscripciones viene aumentando a buen ritmo (por encima del 20% anual).

La conclusión es clara:
cada vez más, la gente quiere pagar por los contenidos que ve, que deben tener calidad premium. Esto genera enormes presiones sobre las empresas de televisión abierta que necesitan desarrollar contenidos de costos elevados, para garantizar la calidad, pero que dependen del mercado de la publicidad (cada vez más competido); de otra parte, las grandes productoras y comercializadoras de televisión paga muestran que sus millonarias apuestas de inversión resultan muy rentables.

Esto es lo que ha llevado a la Antv a alargar estas decisiones claves para el futuro de la TV: si saca a licitación un tercer canal de televisión o renueva la del Canal Uno, es necesario identificar qué tan rentable sería el negocio con estos nuevos actores; si decide autorizar las licencias abiertas, es necesario determinar cuál va a ser el impacto de esta decisión en la torta de mercado entre la televisión por suscripción y la TV abierta. A lo mejor, la primera de todas las decisiones es un proyecto de ley para definir en el Congreso las nuevas normas de este mercado.

La pregunta que queda en el aire es por qué necesita la Antv de un año para emprender la tarea titánica que tiene por delante. Las tendencias son claras y cualquier demora en dar el timonazo puede ir en detrimento de las empresas de televisión y los consumidores.
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