| 7/10/2014 6:00:00 AM

Río Magdalena S.A.

La inversión privada en el río Magdalena está disparada. Solo falta impedir que naufrague la licitación del dragado. El río es el nuevo Dorado. 

Desde hace siglos, el río Magdalena ha reflejado la más viva y tradicional manera de expresar lo que significa ser colombiano. Sus aguas anidaron comunidades que dieron origen a pueblos prósperos y a las primeras generaciones de comerciantes y agricultores. Muchos años después de que navegara el primer explorador foráneo por sus aguas, un puñado de empresarios nacionales e internacionales ven un nuevo Dorado en esta riqueza natural, hoy más convertida en alcantarilla nacional que en ícono de Colombia.

Son miles de millones de dólares los que recibirá en inversiones, materializados en puertos, bodegas, barcos de última generación y dragado. En China y en países de Europa es común ver los principales ríos como auténticas autopistas colmadas de convoyes de mercancías y turistas.

Con el Magdalena se quiere hacer lo mismo, pero mientras los empresarios van a velocidad de crucero con sus inversiones e infraestructura, el Gobierno va remando y parece ir en chalupa, pues después de un par de años de ires y venires no ha logrado cerrar una millonaria licitación que permita concesionar el dragado y mejorar la navegabilidad. En términos muy prácticos, hoy se puede navegar el río, pero es como si se transitara en una carretera destapada, se navega lento y con dificultad. Con el dragado y alineación en algunos sitios habrá mucho más tráfico y velocidad.

Las inversiones

Una de las empresas con mayores inversiones en el río Magdalena es Impala, multinacional de origen suizo que a la fecha ha invertido US$450 millones en equipo e infraestructura. “Nuestra inversión total, estimada en US$1.000 millones, incluirá 80 camiones para nuestra flota terrestre; aproximadamente 115 barcazas de doble casco para carga liquida y seca y 20 remolcadores para nuestra flota fluvial; así como el más moderno centro de formación para la navegación fluvial”, explicó a Dinero el gerente de Impala, Alejandro Costa Posada.

Dentro de este conjunto de inversiones también se incluye un terminal portuario fluvial en Barrancabermeja de US$117 millones que se “convertirá en el más moderno del país”.

El puerto fluvial contará con cinco subterminales con capacidad para almacenar 30.000 toneladas de gráneles sólidos en sus dos silos horizontales, 720.000 barriles para hidrocarburos y 100.000 toneladas de carbón. Además, tendrá dos depósitos, uno de 7.500m² y otro de 4.700m², para el manejo de contenedores y carga general, respectivamente. Así mismo, moverá 2,1 millones de toneladas de carga al año.

Por su parte, el gerente de la Sociedad Portuaria de Santa Marta, Mauricio Suárez, anunció que mediante una sociedad con la firma SSA Marine, que lidera la familia Hemingway, de Seattle, Estados Unidos, se acaban de inaugurar dos subterminales. La primera obra está ubicada en el barrio Villanueva de Barranquilla, y se trata de la primera terminal especializada en contenedores sobre el río. La inversión allí asciende a US$74 millones.

En este subterminal también participa otro gigante mundial: la naviera Hamburg Süd, compañía que podrá movilizar por allí 200.000 contenedores para atender la demanda de Barranquilla y en un futuro la movilización de bienes al centro del país por el afluente.

La otra obra es el subterminal Barranquilla International, destinada a manejar cargas de granos, aceros y fertilizantes. Allí se invirtieron US$14 millones. Pero ahí no paran las inversiones. En Gamarra, Cesar, se cerró un acuerdo con la firma OPL de Bucaramanga para construir un terminal multimodal que pueda atender los mercados de Santander, Antioquia y Cundinamarca. Se está a la espera de la concesión para invertir US$20 millones en una primera fase.

Con respecto a la demora de Cormagdalena para cerrar la licitación de dragado y navegabilidad, el dirigente empresarial dijo que ojalá se cumplan los nuevos cronogramas fijados por el gobierno nacional para mejorar la navegabilidad del río.

Igualmente, en Tamalameque (Cesar) se erigirá un puerto por parte de Compas, firma que nació de un alianza entre el grupo Argos y Southern Port Holding (conformada por la familia Echavarría Obregón y el Grupo Ership de España).

Así mismo, cerca de Barranquilla, la Sociedad Portuaria Bocas de Ceniza construirá un superpuerto de aguas profundas cuyas inversiones llegan a US$800 millones y que se convertirá en un competidor de talla internacional, dado que tendrá una profundidad de 20 metros, lo que permitirá el ingreso de los barcos más grandes del mundo. 

Las ventajas


De acuerdo con Augusto García, gerente de Cormagdalena, la empresa que se gane el contrato de concesión deberá realizar las obras que permitan que el Magdalena sea navegable desde Puerto Salgar, Cundinamarca, hasta Barranquilla. Esto significa hacer trabajos que garanticen que por todo este corredor, que es de 908 kilómetros, se puedan mover convoyes de 7.500 toneladas, lo que equivale a 250 tractomulas de día y de noche y durante todo el año.

El concesionario no solo deberá construir, sino también entregar las cartas náuticas; es decir, un manual de instrucciones para transitar por el río. El objetivo será reducir los tiempos para pasar de los 7 días que hoy toma el recorrido de Barrancabermeja a Barranquilla a 3,5 días.

Además, es una medida de ahorro, dado que con el mismo consumo de combustible se puede mover cinco veces más carga por el río que por carretera, al tiempo que se puede descongestionar las autopistas y reducir la accidentalidad vial.

Con las inversiones privadas y públicas, que se pagarán con vigencias futuras, la idea es que en dos años se pueda pasar de los 1,5 millones de toneladas que hoy se movilizan por el río a 4 millones y en cuatro años a 6 millones, lo que reemplazaría 200.000 viajes de tractomulas al año.

Se espera que en agosto o septiembre esté adjudicado, por fin, el contrato de dragado. Ojalá no vuelva a naufragar la licitación y se mande esa señal positiva a un sector privado que por primera vez le apuesta en serio al río de las oportunidades.
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