Opinión

  • | 2006/09/29 00:00

    Viene una semana de decisiones

    El trimestre que inicia debe ser observado con lupa por los inversionistas.

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La anterior fue la última semana del tercer trimestre de 2006. Fue un trimestre agridulce plagado de complejidades con sentimientos encontrados en el ámbito de la política económica y en el terreno de la economía política.

En términos de la política económica, el resultado conjunto que arrojaron el crecimiento de la economía, la tasa de inflación y la tasa de desempleo fue en nuestro concepto aceptable, pero con evidentes riesgos a la vista en lo que tiene que ver con el costo de vida futuro y con la política monetaria venidera.

En términos de la economía política, los niveles de incertidumbre son excesivamente altos. La constante metamorfosis del proyecto de reforma tributaria, la baja popularidad parlamentaria del proyecto de reforma al régimen de transferencias y la falta de cohesión del uribismo son factores que, en nuestra opinión, plantean retos de grueso calibre a la gobernabilidad económica del país.

Por las razones anotadas, el trimestre octubre-diciembre que se inicia hoy debe ser examinado con lupa por parte de los inversionistas. El avance de la agenda legislativa en medio de un clima político enrarecido por el debilitamiento del uribismo parlamentario y la eventual aprobación del TLC o la prolongación de las preferencias arancelarias, son acontecimientos con alto impacto sobre la variable fiscal y de comercio exterior, para no mencionar su gran influencia sobre la futura calificación del riesgo soberano. Por lo pronto, la cuota inicial del último trimestre llega esta semana, pues se inicia con un trío de cifras con alta repercusión sobre la economía política y sobre la política económica.

La semana que viene
Esta semana arranca con tres hechos de grueso calibre cuyo desenlace desconocemos al momento de cierre de este informe. La decisión de la Junta directiva del Banco de la República sobre si incrementa o no la tasa repo (viernes en la tarde), la publicación de la tasa de desempleo criolla (sábado), el resultado de la elección presidencial en Brasil (domingo) y la publicación de la inflación colombiana de septiembre (domingo a medio día) son tres datos que van a marcar la semana financiera y que le van a poner un sello indeleble al último trimestre del año.

En lo que tiene que ver con la tasa repo de Colombia, creemos que el Emisor tiene fuertes argumentos en favor del incremento de la tasa. La histeria inflacionaria del mercado, materializada en el incremento en las expectativas de inflación de cierre de año de 4.18% en julio a 4.52% en septiembre, el aumento del PIB del segundo trimestre que desbordó las expectativas del mismo Emisor y que fue leído con aroma inflacionario por parte de los agentes, la elevada expansión de la industria y el comercio en julio (tercer trimestre), la chiva sobre la longevidad del fenómeno del Niño y el cuasi-máximo histórico de la confianza del consumidor de Fedesarrollo, son todos ellos insumos alcistas de una política monetaria proactiva.

La elección presidencial de Lulla Da Silva es el segundo elemento de la ecuación con un vaticinado triunfo en primera vuelta que garantizaría la disciplina fiscal y la solvencia externa del referente emergente más importante de Colombia.

Y la inflación colombiana de septiembre completa el círculo con un augurado descenso en el acumulado anual de 4.7% a 4.6%, que es más el producto de un factor estadístico puntual que un quiebre de tendencia.

Debido a que nosotros no esperamos sorpresas en el IPC de septiembre y a que damos por sentado que Lulla va a ser reelecto en primera vuelta, pensamos que el disparador de volatilidad va a correr por cuenta del Banco de la República.

En primer lugar, porque las apuestas están divisas entre quienes asumen la misma tasa repo y quienes esperamos un incremento de 25 puntos básicos. En segundo lugar, porque es muy posible que la decisión altere las apuestas sobre la tasa repo de cierre de año y en tercer lugar porque leemos en el mercado una histeria inflacionaria exagerada.

Exagerada, porque entre un país que no crece y tiene un desempleo creciente con una inflación en descenso, preferimos aquel que se expande (así sea a punta de demanda interna) con un desempleo menor y una mayor tasa de inflación. En este sentido, tenemos cierto nivel de complacencia con la inflación con bajos niveles de tolerancia respecto al desempleo y el estancamiento.

Por las razones anotadas, si bien entendemos que el aumento de la inflación exige de parte de los agentes una mayor tasa nominal, creemos que la ponderación de otros riesgos debería operar como fuerzas compensadoras. Nos referimos, por ejemplo, al menor riesgo de solvencia de la deuda pública en un país que aumenta el recaudo tributario por efecto del mayor crecimiento, al aumento en las cotizaciones a los fondos de pensiones que se derivan de la disminución de la tasa de desempleo, al mayor apetito del mercado externo por los papeles de deuda emitidos por los países cuyo PIB crece y al mayor peso que tiene el crecimiento sobre la inflación en los juicios que hacen las calificadoras sobre el riesgo soberano de los países.

En conclusión, si bien auguramos un incremento de 25 puntos básicos en la tasa repo, esperaríamos que el mercado no se saliera de los chiros con bruscos aumentos en las tasas de negociación de los TES, deprecio de las acciones y devaluación de la tasa de cambio. Al fin y al cabo, es absolutamente normal que la inflación aumente en un país que crece y que poco a poco doma la tasa de desempleo.

Septiembre 29 de 2006
Ricardoduran@intervalores.com.co
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