Opinión

  • | 2011/10/11 10:30

    Verde que te quiero rojo

    Hace cuatro años, los bogotanos rechazaron el TransMilenio en la carrera séptima, al no elegir a Enrique Peñalosa y su propuesta de "TransMilenio Heavy" por esa emblemática avenida. Opinión Andrés Jimenez

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En su lugar eligieron a Samuel Moreno que prometió un Metro, pero sorpresivamente terminó proponiendo un TransMilenio Light para ese corredor. Ese también lo rechazaron los bogotanos a través de toda clase de protestas y movimientos en redes sociales. La estocada final fue cuando El Tiempo publicó la declaración ante la Fiscalía del ex funcionario del IDU, Inocencio Reyes, asegurando que las presiones que recibió del alcalde Moreno no fueron para la 26, sino para el TransMilenio Light de la séptima.

Ahora, con bombos y platillos, la Alcaldesa Clara López y el Presidente Santos anuncian que lo que se hará en la séptima.........ustedes lo adivinaron, es un TransMilenio. La tercera es la vencida, pensarán. Lo llaman "corredor verde", pero todo parece indicar que serán los mismos buses rojos, solo que se supone que serán eléctricos, desarrollados por la Fundación Clinton. Nadie sabe desde cuándo la Fundación Clinton fabrica buses, ni en qué lugar del mundo opera un sistema de buses tipo TransMilenio que sean eléctricos. Por las declaraciones del viceministro Felipe Targa, no saben todavía si serán trolleys con cables por encima, o tendrán baterías como los carísimos carros eléctricos que apenas empiezan a asomarse en el mercado, si serán híbridos o funcionarán a gas. En un publireportaje impreso del distrito que circuló recientemente se dice sobre el corredor verde que "la industria mundial de transporte que ha dado grandes pasos en la creación y producción de vehículos eléctricos o híbridos, ya ha sido invitada a estudiar el caso de Bogota". Es decir, están apenas estudiando el experimento que pretenden hacer con la vía más importante de la capital. Lo que sí están seguros, es que serán TransMilenios. No verdes, sino rojos.

No importa que los 18 metros -sin contar los sobrepasos- que requiere un sistema de buses para poder circular por la septima, no existen en ese corredor. Asumimos que la tan cacareada cicloruta y las zonas verdes serán aéreas, o de pronto subterráneas, o que la Fundación Clinton se va a inventar una máquina para correr los cerros tutelares un poco más al oriente para abrir espacio. Lo que sí sabemos es que será un TransMilenio.

Tampoco importa que los TransMilenios eléctricos que se van a inventar en Bogotá, circulan sobre las mismas losas de concreto que ya nos han costado 51 mil millones de pesos, y que según la alcaldesa dijo a El Espectador "el 75 por ciento (de las losas) se han venido dañando de manera progresiva y aleatoria". De pronto la Fundación Clinton se inventará unas losas de caucho que no se rompen. Lo que está claro es que para el Ministerio de Transporte, la locomotora de la infraestructura no va sobre rieles, sino sobre losas.

Todo esto nos lleva a una verdad de a puño: estamos sometidos al imperio del Complejo Industrial Busero, que ha permeado todos las instituciones, desde los representantes de la banca multilateral en Colombia, el Ministerio de Transporte, Planeación Nacional, la Alcaldía de Bogotá y por supuesto, la campaña a la Alcaldía, donde Enrique Peñalosa no ve nada bueno en tecnología que no sea buses. En los debates ha brillado por decir que el Metro es carísimo, que vale 250 millones de dólares por kilómetro como en Sao Paulo -ignorando que el de Santo Domingo costó 40 millones de dólares por kilómetro como le recuerdan todos los demás candidatos-, diciendo que solo lo usará el 3 por ciento de los bogotanos, y asegurando que el Tren de Cercanías es un "desastre urbanístico". Por supuesto, él no considera que haya conflicto de interés alguno cuando su nombre aparece como Presidente de la Junta Directiva del Institute for Transportation & Development Policy http://www.itdp.org/index.php/about_us/board/  una ONG con sede en Nueva York, cuyo objetivo es promover la tecnología de buses tipo TransMilenio por todo el mundo. Tampoco que otro de los miembros de la junta sea el viceministro Felipe Targa. Ni que dicha ONG sea socia de la Fundación Clinton. Todo esto mientras usa el sombrero de candidato para argumentar que la única tecnología posible en Colombia son los buses, cuando Medellín -que es ejemplo de movilidad en América Latina-, tiene Metro, BRT, Cables y ahora Tranvía en Ayacucho y Carrera 80. Peñalosa quiere hacer de Bogotá, el experimento de la única ciudad del mundo con más de tres millones de habitantes que considera que con solo TransMilenios basta.

En el caso de la séptima, es evidente, como lo han dicho los candidatos Carlos Galán, David Luna, Jaime Castro, Aurelio Suárez, Carlos Eduardo Guevara, expertos en transporte como el profesor Fernando Rey y la cabeza de lista al Concejo por el Movimiento Progresista que lidera Gustavo Petro, Carlos Vicente de Roux, que lo que se debe hacer es un Metro Ligero o Tranvía Moderno, que cuesta lo mismo o menos que un TransMilenio por kilómetro- cerca de 15 millones de dólares- que transita en rieles que duran 50 años y no en losas que son un desangre permanente con destino al bolsillo de las concreteras, que requiere la mitad del ancho que un TransMilenio -tan solo 7 metros- que son eléctricos y su tecnología ya existe desde hace años operando en 2.000 líneas en todo el mundo, que no hay que inventárselos, que son más baratos de mantener y operar, que hacen menos ruido y no requieren costosas estaciones elevadas porque operan a nivel del piso.

El fatídico 9 de abril de 1948, se incendiaron los tranvías de la séptima y nació la famosa guerra del centavo, la privatización del transporte, el sálvese quien pueda en la peor encarnación criolla del capitalismo salvaje, los buses de Bogotá. Lo curioso es que lo que iba a suceder lo predijo Gabriel García Márquez, al escribir su primer cuento y dar a luz el primer ejercicio de realismo mágico con "El Cuento del Fauno en el Tranvía", texto que se quemó en el incendio del bogotazo. http://www.elpais.com/articulo/opinion/COLOMBIA/Bogota/1947/elpepiopi/19811021elpepiopi_15/Tes Gabo parecía pronosticar lo que se venía, cuando permitimos que las llamas del fauno envolvieran al Tranvía para dar paso a la privatización de las calles bogotanas.

En defensa de esos mismos intereses, hoy se pretende con un paciente infartado como Bogotá, no hacerle un bypass con una vena gruesa, como un Metro, un Metro Ligero o un Tren de Cercanías, sino ponerle varias venitas chiquitas de buses rojos, solo por defender el ego del cirujano que se inventó el procedimiento. No importa que ninguna otra gran ciudad del mundo se haya arriesgado a este procedimiento costoso, inseguro y peligroso, ni siquiera los suecos que venden los buses rojos marca Volvo. En Estocolmo, hay Metro, Tren Ligero, Tranvía y hasta un sistema de Ferrys. No hay TransMilenios.
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