Opinión

  • | 2011/09/29 08:00

    Transacciones y vacunas

    La tolerancia frente a bandas delincuenciales que extorsionan, apoyada por la idea de que brindan una protección que el Estado no provee, es la mejor forma de promover su proliferación. La opinión de Gustavo López Álvarez.

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Una transacción es un acuerdo entre dos personas –naturales o jurídicas– mediante el cual una de ellas cede la propiedad de un bien o presta un servicio a cambio de una suma de dinero. Adam Smith reconoció en la estrecha relación entre el intercambio y la división del trabajo la posibilidad de satisfacer cada vez en mayor grado las ilimitadas necesidades humanas. Una empresa, cualquiera que sea su tamaño, espera cubrir sus costos y obtener beneficios entregando sus productos a cambio de dinero, es decir, realizando transacciones en el mercado. Para satisfacer sus necesidades, los ciudadanos recurren cada vez más a transacciones y cada vez menos a producción directa. La extensión cualitativa y cuantitativa de las transacciones constituye lo que denominamos crecimiento económico. Obviamente, cada transacción requiere ante todo del reconocimiento de la propiedad privada.

Las “vacunas” son simplemente la entrega –no deseada– por parte de una persona natural o jurídica, de dinero, bienes o servicios: es una transferencia de propiedad obtenida por la fuerza y no mediante una transacción. Mientras que esta última se realiza porque ambas partes mejoran su bienestar, la vacuna implica pérdida de bienestar para quien la paga y ganancia de bienestar para quien la recibe. La transacción reconoce y respeta la propiedad privada; la vacuna presupone el irrespeto a la propiedad privada.

Las transferencias obligatorias –o tributos– deben constituir un monopolio del Estado y están avaladas por la Constitución Política del país, expedida por una Asamblea Constituyente elegida mediante votación popular. Las vacunas son un tributo obtenido mediante la fuerza por grupos delincuenciales organizados para satisfacer sus propias necesidades y no las de una colectividad.

La supuesta contrapartida de las vacunas es un servicio de vigilancia que garantiza la seguridad de un área específica: “Te atraco para que no te atraquen otros”. Este “servicio de vigilancia” suele estar acompañado de la supresión violenta del derecho de circulación de los ciudadanos en o hacia una determinada zona urbana o rural y de otros derechos de las personas. Constituye así una especie de feudalización de zonas urbanas o rurales.

El respeto a la propiedad privada debe ser parte fundamental de la formación de los ciudadanos, en ella intervienen la familia, el entorno y el proceso educativo. Cuando ese respeto se pierde –o nunca se ha tenido– la decisión de transferir violentamente la propiedad es, según Gary Becker, el resultado de un análisis de los costos y beneficios de cometer el delito. Hay un valor esperado de cometerlo que incluye, de una parte, ponderar los eventuales beneficios obtenidos por la probabilidad de tener éxito, y, de otra parte, de la probabilidad de ser detenido, enjuiciado y castigado, por la pérdida de bienestar resultante para el delincuente.

Así, es esencial inculcar en los ciudadanos, por medio del proceso educativo, el respeto a la propiedad privada como elemento fundamental del desarrollo de una sociedad; pero también es preciso hacer que el ordenamiento jurídico –policía y justicia– aumente tanto la probabilidad de que los delincuentes sean capturados como la de que sean enjuiciados y sancionados.

La tolerancia frente a estos fenómenos, apoyada por la idea de que las bandas delincuenciales brindan una protección que el Estado no provee, es la mejor forma de promover su proliferación.


El autor es profesor del departamento de Economía de la Universidad Eafit.

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