Opinión

  • | 2011/04/04 07:40

    Trabajo Confidencial: descalabro de la ética corporativa

    La corrupción sorprende en Estados Unidos por lo nuevo de su auge, en Colombia por lo viejo. Qué deben hacer los empleadores para limitarla en sus empresas. Consejos para reclutar bien de Pablo Londoño, nuevo blogger de Dinero.com.

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Tuve la oportunidad de ver “Trabajo confidencial”, dirigida por Charles Ferguson, narrada por Mat Damon y ganadora del Oscar al mejor documental. Tienen que verla. Es una apasionante narración sobre la reciente crisis financiera mundial, sus causas y sobre todo sus actores. Deja muy mal parado en general a todo el sector financiero corporativo, a los entes reguladores, a los grandes “gurús” del mundo financiero, al Congreso norteamericano y su comisión investigadora y sobre todo a Wall Street y un sinnúmero de ejecutivos que inventaron los mecanismos para engañar, intencionadamente, a los inversionistas finales.

 

Nombres famosos del mundo de las finanzas como Paulson, Greenspan, Bernanke, y Summers para citar solo unos pocos, no solo salen mal librados por la toma de decisiones incorrectas, sino sobre todo, y de esto se trata el documental, señalados por su falta de ética profesional. No les va mejor a casi todos los últimos presidentes de Estados Unidos desde Reagan hasta el momento, incluido al propio Obama (señalado como débil en sus reformas sobre cabildeo, agencias calificadoras y compensación ejecutiva) y tampoco le va bien a las más importantes facultades de Economía de Estados Unidos, muchas cuyos profesores y rectores han sido asesores y miembros de juntas de gran parte de las más importantes instituciones financieras generadoras de esta debacle.

 

En fin, no les voy a contar el documental. Hay que verlo y construir un criterio propio alrededor del tema. Sin embargo, me ha puesto a reflexionar sobre un tema que en nuestro país, y particularmente en mi trabajo, se vuelve cada día más complejo de manejar y sobre todo muy complicado de valorar: la ética profesional.

 

La corrupción es, desafortunadamente, el tema de moda. Las últimas revistas Semana y Dinero le dedican sus carátulas, los periódicos sus editoriales, y los escándalos de contratación pública, los carruseles de nombramientos en el sector de la Justicia, el enjuiciamiento de algunos de los jefes de entes de control, los falsos positivos de los desmovilizados, etc., no hacen sino abonar a la preocupación de miles de personas que observamos ya incrédulas cómo este tema se salió de madre. Es cierto, no es local, es un problema mundial. Para la muestra, el documental. Lo que pasa es que allá sorprende por lo nuevo, y aquí, por lo viejo.

 

Tampoco es un problema del sector público. Tal vez en lo público da más rabia por que finalmente se están robando nuestros impuestos. Pero en el ámbito privado pasa, y pasa igual. Más de un proceso de reclutamiento ejecutivo hemos abordado en nuestra firma para reemplazar a alguien pillado recibiendo coimas, regalos, terciando a favor de un amigo, desviando contratos a personas cercanas, o amañando una licitación o un concurso privado.

 

En lo privado, la definición misma de “lo ético” entra a generar debates complejos, que para ser franco, creo que todavía no están resueltos. ¿Es ético o no dar regalos de fin de año?¿Qué tan éticos son algunos almuerzos a clientes a veces excesivos?¿Qué tan ético es invitar a ciertos clientes a viajes nacionales o internacionales para darles a ‘conocer’ nuestros productos o servicios?¿Es más o menos ético si a estos viajes se invitan las parejas? No sé, simplemente lo planteo por que el tema da para largo, al igual que su discusión. Lo que sí podemos hacer en el corto plazo es poner los controles y cierro con esta sugerencia.

 

Mientras el mundo todavía se debate en la discusión y aplica los correctivos (a hoy todavía ni un solo alto ejecutivo de wall street ha sido enjuiciado), creo que lo más inteligente es aplicar algunos mínimos controles, que podrían ayudar a evitarnos más de un dolor de cabeza.

 

En el ámbito del reclutamiento, mi sugerencia es ser excesivo, minucioso, casi que obsesivo alrededor de unas pocas prácticas que pudieran ayudar:

 

1. Realice un chequeo directo sobre la validez de los títulos profesionales. Más de un gol olímpico arrancó con engaños frente al pasado académico del candidato.
2. Haga un chequeo a las referencias 360 (subalternos, pares y superiores) en donde valide una por una aquellas cosas que son críticas del perfil. Son generalmente aquellos quienes han trabajado con el candidato, las personas más idóneas para hablar de las condiciones éticas de este. La gente se cuida mucho al dar malas referencias, pero generalmente es muy franca cuando la razón de la salida fue por un tema ético.
3. Pida el último recibo de la nómina antes de lanzarse a hacer una oferta económica. Es decir, valide que la persona gana contra lo que dice que le pagan. Muchos candidatos inflan descaradamente su nivel de compensación actual.

 

No sé si incluir la visita domiciliaria, el polígrafo y chequeo de datacrédito o Cifin que en algunos casos pudiera molestar; pero he visto que lo está practicando más de una organización y les ayuda a evitar más de un dolor de cabeza.

 

No comparto la afirmación de Nule de que “la corrupción es inherente a la naturaleza humana”, pero de que existe,..existe y desafortunadamente es pan de cada día en este país. Así que mientras se cumple el sueño del Presidente Turbay de “reducir la corrupción a sus justas proporciones”, impongamos controles y políticas severas y hagámosle la vida a los corruptos mucho más difícil.

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