Opinión

  • | 2011/11/02 07:00

    Tecnologías básicas: el eslabón perdido de la competitividad

    Al lado de los consultorios jurídicos, las universidades deberían establecer consultorios tecnológicos para asesorar en asuntos básicos a las empresas más pequeñas del país. La opinión de William Oswaldo Castaño.

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“Se cuenta de Tales que, mientras se ocupaba de la bóveda celeste, mirando hacia arriba, cayó en un pozo. Por lo que se rió de él una esclava tracia, jocosa y bonita, diciéndole que mientras deseaba con toda pasión llegar a conocer las cosas del cielo le quedaba oculto aquello que estaba de hecho ante su nariz y ante sus pies".
Teeteto, diálogo de Platón.


No son los hombros de las grandes empresas los que sostienen la mayor parte del empleo de un país. Esta honrosa tarea le compete a las “mipymes” (micro, pequeñas y medianas empresas), responsables del 80.8% del empleo en Colombia[1] y del 25% del PIB[2]. Adicionalmente, en nuestro país la relación de número de mipymes por cada gran empresa es de 26 a 1.

A pesar de su importancia en nuestra economía, son las mipymes las que enfrentan los mayores retos para su supervivencia, representados, entre otros, en: la dificultad para el acceso y desarrollo de sus mercados; sensibles restricciones para acceder a financiación (debido a su perfil de riesgo); nivel de conocimiento y formación limitados para la toma de decisiones e incluso para el desempeño de sus actividades del BAU (“business as usual” u operaciones normales del día a día); y -el tema que nos compete en este artículo- para adoptar con efectividad las tecnologías adecuadas para sus negocios.

Un “riesgo” persistente en la Academia es entregarse a la “nunca gastada lucha” (como diría Neruda) de expandir la frontera del conocimiento, buscando con ahínco las posiciones de vanguardia, tratando de integrar esa avanzadilla ávida por explorar y descubrir nuevos terrenos tecnológicos. De este modo, vertiginosamente, nos sorprenden una y otra vez con las aplicaciones tecnológicas más asombrosas y útiles imaginables. Este "riesgo", apasionante y seductor (como suelen ser casi todos los riesgos), ha de ser, sin duda, una de las labores capitales en las que la Academia tiene que destacarse, en sintonía con el lugar que le es propio en el entramado social.

Sin embargo, conviene reflexionar en el papel que la Academia, el Estado y otras instancias y organizaciones están ejerciendo o dejando de ejercer para facilitar la adopción efectiva (eficiente y eficaz) y masiva de la tecnología básica, de la tecnología más elemental, en aquellos los actores más abundantes, vulnerables y críticos del tejido empresarial como lo son las mipymes.

En este orden de ideas, la Corporación Interactuar, con el apoyo metodológico y el patrocinio del BID y del FOMIN, viene ejecutando desde el año 2010 un Programa denominado "Tecnologías Industriales y de Información en las Microempresas de Confección y Alimentos de Antioquia". El objetivo principal del programa consiste en elevar la competitividad de las microempresas intervenidas, mediante el diagnóstico, evaluación, definición e implementación de soluciones tecnológicas básicas.

Amparo Gallego, directora del programa, señala que hasta el momento se ha intervenido un total de 175 microempresas, con una meta de intervenir 300 hasta finales del 2012. También menciona que “a partir de esta experiencia se ha venido descubriendo (o mejor dicho, ratificando) de manera palmaria que en materia de tecnología las microempresas aún tienen serias dificultades y una enorme brecha por recorrer, no digamos aún en temas de nuevas tendencias tecnológicas, sino inclusive (y de manera prioritaria) en lo que atañe a tecnologías industriales e informáticas absolutamente básicas”.

Además de las dificultades de financiación, el otro gran obstáculo que enfrentan los empresarios para invertir en tecnología es el hecho de no contar con el suficiente conocimiento y criterio para saber con un mayor grado de certeza si lo que está inclinado a implementar es lo que realmente requiere para su negocio. Además, de acuerdo con la opinión de Amparo Gallego, el empresario “difícilmente va a encontrar en el proveedor una total neutralidad para asesorarlo, y la mayoría le van a decir que la solución que le ofrecen es la que él necesita. Por este motivo, los empresarios reiteradamente señalan que ‘se sienten solos’. Ayudar al empresario a ‘perder el miedo’ a la tecnología, acompañarlo y orientarlo en la definición de sus prioridades en cuanto a tecnología básica, selección, negociación e implementación de la solución final, es el enfoque diferenciador del Programa y su garantía de éxito”.

Complementariamente, conceptúa Christine Ternent, Especialista Sectorial del BID en Colombia, que más allá de un marco metodológico adecuado y del acompañamiento personalizado por parte de un consultor técnica y humanamente idóneo, el verdadero protagonista del cambio y garante del éxito de la implementación tecnológica básica no puede ser otro que el mismo empresario.

Todos estos elementos se reflejan en un caso como el del plan de intervención tecnológica desarrollado en la Panadería Vida Nueva. La tecnología identificada como prioritaria, evaluada e implementada fue un sencillo sistema de Punto de Venta o sistema POS (Point of Sale), incluyendo hardware y software. Antes de vincularse al Programa, a la empresaria Flor Delcy Otálvaro, propietaria de la panadería, varios proveedores le habían tratado de vender diversas cajas registradoras. Si hubiese adquirido una de éstas “estaría en las mismas –dice Flor Delcy Otálvaro-, pues seguiría sin información de los inventarios, de las ventas de cada producto y de los ingresos del negocio”. La empresaria, que al inicio del proyecto contaba con unos conocimientos muy reducidos en el área de tecnología de información (factor limitante para la identificación de la necesidad, selección e implementación de la solución), tuvo que avanzar a marchas forzadas en el proyecto: asistió a todas las capacitaciones básicas en TICs ofrecidas en el marco del programa y parametrizó el software con el acompañamiento del proveedor seleccionado y de la Corporación Interactuar, sin disminuir el ritmo de operación del negocio. Además, la empresaria perseveró en el proyecto no sólo frente a las dificultades que implica para una persona sumergirse por primera vez en el mundo de la tecnología de información entre las presiones propias de un negocio, sino también frente a la fuerte resistencia inicial al cambio llevada a cabo por algunos de los empleados de la panadería.

Finalmente, el esfuerzo valió la pena: El payback ex post de la inversión total en el sistema de Punto de Venta fue de tan solo tres meses, vía ahorros en los inventarios (reducción de pérdidas y obsoletos), cuadres de caja más efectivos, tiempo administrativo liberado, aumento de ingresos debido a un mejor ajuste de los productos y cantidades ofrecidos con la demanda, entre otros beneficios.

El conocimiento en TICs, precisamente, es una de las principales falencias en los empresarios de las mipymes. Esto a pesar de que en nuestro país en la actualidad abundan los proyectos TICs para las pequeñas empresas. “Sin embargo -opina Amparo Gallego-, la mayoría de estos proyectos se orientan casi enteramente hacia la sensibilización, capacitación e identificación de necesidades. Este programa, por su parte, tiene un enfoque más orientado hacia la implementación de software administrativo y aplicaciones para agilizar sus procesos operativos. El enfoque del programa es más hacia la base de las necesidades de la microempresa y menos cosmético”.

Retomando la invitación lanzada líneas atrás a la Academia en general, es oportuno analizar el fenómeno que se presenta en las universidades con otras disciplinas del saber y del hacer, para que nos demos cuenta de que algo falta en el tema tecnológico: Por ejemplo, hay universidades que cuentan con prestigiosos y avanzados grupos de investigación en finanzas, pero a la vez cuentan (y han contado desde hace mucho tiempo) con instancias como el "consultorio contable", donde de manera gratuita se brindan asesorías y acompañamiento a los entes (jurídicos y naturales) más vulnerables, que aún tienen dificultades serias para implementar los más básicos elementos contables y financieros. Es incalculable el valor de la función que desempeñan las universidades para que estos entes no sigan ampliando su brecha frente a las prácticas contables y financieras. Lo mismo puede decirse de otra disciplina como el Derecho, pues en las universidades también coexisten grupos de investigación de primerísima vanguardia y los denominados “consultorios jurídicos” para apoyar en asuntos básicos a aquellos actores de la sociedad que así lo necesitan. Urge, por tanto, en virtud de las diferentes situaciones y argumentos presentados, -y máxime de cara al nuevo panorama que se presenta con la firma del TLC con los Estados Unidos- que las universidades comiencen la tarea de instaurar "consultorios tecnológicos", para también desde ese frente contribuir con el acompañamiento a los empresarios que así lo necesitan, un acompañamiento que se enfoque en lo necesario y no en lo accesorio o “cosmético”. Al lector propongo el ejercicio de buscar en Google cuántas de nuestras universidades emergen al buscar “consultorio contable”, “consultorio jurídico” y “consultorio tecnológico”…

Jack Trout nos recordó a finales de los noventa el “poder de lo simple” y no hace mucho, nos subrayó de nuevo la importancia de la “búsqueda de lo obvio”. Pero dada la mala memoria que nos caracteriza, es “bonito ritual, y necesario -como dice Andrés Hoyos-, descubrir cada tanto el agua tibia”. De ahí que la historia de Platón que sirve de introducción a este artículo, lejos de ser una apología a la visión miope y cortoplacista en lo atinente a tecnología, lo que propone es simplemente recordar que antes de correr hay que aprender a caminar. Y no podemos dejar atrás a aquellas pequeñas empresas que, con dificultades, con entusiasmo, están dando sus primeros pasos, porque al quedarse ellas, se queda toda nuestra economía y nuestra sociedad.

Conociendo el poder y las bondades de las tecnologías básicas, el joven pastorcillo David, otro “pequeño competidor” (al menos en comparación con la pantagruélica fisonomía de su oponente Goliat), dispuso de la siguiente manera de los elementos con que, de buena fe, le habían equipado: “Saúl vistió a David con su propia indumentaria, le puso en la cabeza un casco de bronce y lo cubrió con una coraza. Después, David se ciñó la espada de Saúl por encima de su indumentaria, e hizo un esfuerzo para poder caminar, porque no estaba entrenado. Entonces David dijo a Saúl: ‘No puedo caminar con todas estas cosas porque no estoy entrenado’. Y David se las quitó” [3]... Y, añade el relato bíblico líneas más adelante: “así venció David al filisteo con la honda y una piedra”.

Por último, para aquellos que gustamos de las soluciones más que de los problemas, les dejo la siguiente historia:

Cuando la NASA comenzó con el lanzamiento de astronautas al espacio, descubrieron que los bolígrafos no funcionarían sin gravedad (o con gravedad cero), pues la tinta no bajaría hasta la superficie en que se deseara escribir.

Solución A) Resolver este problema, les llevó 6 años y 12 millones de dólares. Desarrollaron un bolígrafo que funcionaba: bajo gravedad cero, al revés, debajo del agua, prácticamente en cualquier superficie incluyendo cristal y en un rango de temperaturas que iban desde abajo del punto de congelación hasta superar los 300 grados centígrados.

Solución B) ¿Y qué hicieron los rusos? ¡Los rusos utilizaron un lápiz!

El autor es docente del departamento de Contaduría Pública de la Universidad Eafit
wcastano@eafit.edu.co

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