Opinión

  • | 2010/11/11 10:00

    Sobre los incentivos en las políticas contra la pobreza

    Después de la crisis financiera del final de la década pasada, los programas de ataque contra la pobreza con transferencias condicionadas se convirtieron en el modelo a seguir. Opinión de Mauricio Olivera.

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Después de la crisis financiera del final de la década pasada los programas de ataque contra la pobreza con transferencias condicionadas se convirtieron en el modelo a seguir. La crisis demostró que el crecimiento no es suficiente para acabar con la pobreza; es necesario incluir programas activos que la ataquen. Es además indispensable incluir incentivos para que los beneficiarios se conviertan en participantes activos de su desarrollo.

 

En Colombia se creó Familias en Acción, programa que transfiere a los beneficiados recursos condicionados a la asistencia escolar y la nutrición infantil. Evaluaciones mostraron un impacto positivo del programa y hoy es la base de la estrategia para la superación de la pobreza extrema -Red Juntos. En esta participan 17 entidades del orden nacional, los gobiernos regionales, y un grupo de cogestores que acompañan a las familias a cumplir con su plan de vida. Es la estrategia más importante de gasto social focalizado.

¿Qué tan efectiva es esta estrategia? Las transferencias condicionadas buscan evitar que los programas sean asistencialistas. Es mejor enseñar a pescar que dar el pescado, dice el proverbio. En un debate organizado por Fedesarrollo se discutieron los requerimientos adicionales para que la Red cumpla con este proverbio. Por un lado, es necesario diseñar mecanismos de coordinación adecuados entre las entidades participantes. La Red Juntos busca que todas las entidades suplan conjuntamente las necesidades de las familias beneficiarias. Hasta el momento, estos mecanismos de coordinación son débiles. Por otro lado, es necesario un sistema de indicadores que ayude a identificar los incentivos adecuados.

 

Por ejemplo, la Tasa Global de Participación de los beneficiarios de la Red es 46%, mientras que la nacional es 62%. Esta tasa mide la relación entre la población económicamente activa que está trabajando o buscando trabajo y la población en edad de trabajar, y el resultado sugiere que aunque las familias beneficiarias cumplen con los condicionamientos de las transferencias y reciben el subsidio, no van más allá. Sin los incentivos adecuados el programa puede convertirse en asistencialista. Finalmente, una tasa de graduación que garantice la superación de la pobreza en un plazo perentorio es un incentivo necesario para que le Red cumpla su objetivo. Es importante anotar que Acción Social, principal entidad coordinadora de la Red, participó en el debate y estuvo atenta a las sugerencias.

 

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