Opinión

  • | 2011/05/02 04:00

    Slow management

    Porque de las carreras no queda sino el cansancio. Esta tendencia administrativa busca promover la creatividad, la innovación y una vida equilibrada donde el éxito profesional dé cabida a la vida personal. La opinión de Cristina Robledo, profesora Asistente del Departamento de Negocios Internacionales de la Universidad Eafit.

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Productividad, eficiencia, agilidad, conexión en tiempo real y menores tiempos de respuesta son conceptos que sin duda resultan familiares hoy en el mundo de los negocios.

Tanto los ejecutivos más jóvenes, como algunos más experimentados, han emprendido una carrera sin fin que incluye estar conectados en tiempo real con sus funciones laborales 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días del año. Cada vez es más común escuchar expresiones como éstas:

- “Somos jugadores globales, nuestra empresa no duerme”
- “Hoy es feriado en Colombia, pero no en el resto del mundo”
- “El tiempo es oro, no hay un minuto que perder”
- “El mercado no para, esta empresa tampoco”

Estas explicaciones justificadas muestran, a la hora de la verdad, las grandes implicaciones financieras que supondría para una empresa el que sus ejecutivos no estén conectados de forma permanente.
Sería realmente fácil y también bastante simplista, atribuirle esta gran carrera a los avances en tecnologías de la información. Si, es verdad, el correo electrónico, los teléfonos celulares y la súper popular BlackBerry, no solo permiten, sino que prácticamente exigen y obligan, a una disponibilidad permanente. Ya no hay excusa. Estar por fuera de la oficina en una reunión, montar en bicicleta con los hijos un domingo en la ciclovía o estar en vacaciones en una isla paradisíaca ya no son razón suficiente para no estar enterado, y más aún, para no dar respuesta inmediata a las demandas de la vida profesional.

Pero más allá del fenómeno tecnológico, podría decirse que existe hoy un movimiento administrativo y social enfocado a la gerencia rápida. Las demandas de la vida profesional se asumen hoy con altísimas cargas de adrenalina, con un frenesí que en ocasiones resulta adictivo. Los numerosos estudios sobre productividad y eficiencia, las biografías sobre la vida y logros de grandes líderes empresariales de este siglo, e incluso, la manera en que los ciclos de vida de los productos se acortan y exigen innovación constante constituyen el fundamento epistemológico de esta tendencia laboral.

En contravía a tales teorías bien podrían aducirse razones de peso para combatir y tratar de revertir esta tendencia. Permítaseme utilizar aquí una analogía con la denominada “comida lenta” ("slow food") para ilustrar este punto de vista.

Desde hace un par de décadas, el negocio de alimentos ha visto florecer las llamadas “comidas rápidas” caracterizadas, como su nombre lo indica, por la celeridad en su preparación, entrega e incluso, consumo por parte del destinatario final. Esta alternativa aparece en concordancia con un estilo de vida en el que las personas cada vez tienen menos tiempo que perder. No obstante el éxito de este tipo de productos, desde hace algunos años apareció su gran oponente “la comida lenta”. Originado principalmente en Francia, este movimiento busca devolverle al acto de alimentarse su real dignidad. Esto es, recuperar la importancia del comer, considerado ya no simplemente como un acto que busca satisfacer una necesidad biológica, sino como un ritual donde la preparación, la presentación y el consumo requieren tiempo para entregar al consumidor una experiencia inolvidable. El resultado final no es solamente agradable sino también muy rentable.

Mucho se ha dicho sobre la comida rápida: que engorda, que no es saludable, que causa efectos secundarios y que, incluso, puede resultar adictiva. Este punto permite ilustrar lo que ocurre con fast management (gerencia con urgencia y afán).

Los fast managers (gerentes afanados) tienen su agenda copada en un 150% y viven en función de la consecución de la porción variable de su salario. Porción que se obtiene, generalmente, al alcanzar el mismo porcentaje de sus metas, es decir, que el 100% no basta. Hay que exceder las expectativas; o ¿a quién no le han ofrecido una porción “agrandada” (sea de papas fritas o de participación de mercado) a cambio de un moderado esfuerzo adicional? Es así como en la gerencia, así como en la comida rápida, aparece el efecto adictivo: una carrera sin fin, excitante, emocionante, con perspectivas de renovación profesional constante e ilimitadas, donde no es posible parar, ni siquiera a tomar un respiro.

Los detractores de lo rápido, llámese comida o llámese gerencia, provienen de diversas disciplinas, países y negocios y más allá de parecer a simple vista algo perezosos y facilistas buscan dedicar el tiempo justo a cada cosa: preparar el menú o hacer la planeación estratégica de la empresa, cocinar los ingredientes a fuego lento o formar día a día los futuros líderes de la organización, esmerarse en presentar sus platos en forma refinada y atractiva o transmitir las necesidades del negocio a todos sus funcionarios.

Los planteamientos de slow management o la gerencia pensada, pausada y sin afán van desde lo razonable hasta lo excéntrico:


- Existen dos tipos de ejecutivos: los adolescentes y los maduros. Los primeros, lo quieren todo y piensan, equivocadamente, que todo lo pueden. Los segundos, tiene claras sus prioridades, saben qué hacer y qué no. Son diestros en elegir el momento oportuno.
- No se habla de perder el tiempo y se habla de optimizar, no maximizar, la agenda. Es decir, aprovechar el tiempo de la mejor manera posible, no de programar actividades para cada minuto del día. Se sugiere programar solo un 80% del día, dejando una holgura del 20% para tomar oportunidades inesperadas, y ¿por qué no? Tener cierto espacio para el ocio creativo.
- En cuanto a este último, el ocio creativo, consiste básicamente en tener espacios de esparcimiento e interacción comprendidos en la jornada laboral, con el objetivo de propiciar el intercambio de ideas y la generación de innovación. Muchas agencias de diseño y publicidad colombianas han manejado este concepto por años. Google, una de las empresas más creativas del mundo, es conocida por sus estrategias en este sentido.
- Lo urgente vs. Lo importante. Es común por estos días que todo sea “urgente”: los correos electrónicos se envían con prioridad alta, se incluye la palabra urgente en el encabezado, se pide que toda la información solicitada sea enviada ASAP ("As soon as posible", lo más rápido posible). Pero, ¿es todo realmente inaplazable, apremiante? La experiencia enseña que cuando todo es urgente, nada termina siéndolo. Es algo así como una doble negación. Si los esfuerzos diarios están encaminados a lo que se conoce comúnmente como “apagar incendios”, ¿quién se preocupa por los objetivos y las estrategias del negocio?
- Existen dos maneras de transmitir la cultura organizacional: de arriba hacia abajo (top-down) o de abajo hacia arriba (bottom-up), por lo menos teóricamente. Sin embargo, cuando la presión y el estilo de trabajo rápido provienen de arriba es difícil que los de abajo, incluyendo desde vicepresidentes hasta operarios, ofrezcan resistencia. Es algo así como “el bus ya arrancó, si no puede ir a este ritmo, mejor bájese”. Esto implica, que para promover y consolidar una cultura de slow management, es necesario que exista una iniciativa clara y estrategias firmes encabezadas por los altos directivos de la organización.
- Tomarse más tiempo contribuye a hacer mejor las cosas. Los gerentes que tienen la capacidad y el tiempo de reflexionar sobre los retos a los cuales se enfrentan, tienden a delegar mejor en sus subordinados, a transmitir las necesidades del negocio de manera más efectiva, a priorizar y, en últimas, a generar mejores resultados, – léase utilidades -.

Esta tendencia administrativa no es una utopía, es un movimiento real que cuenta cada día con más adeptos. Unos buscan promover la creatividad y la innovación en sus negocios, otros quieren vivir una vida equilibrada donde el éxito profesional de cabida a una vida personal, mientras que otros, un poco más excéntricos, han llegado hablar de la importancia de hacer “siestas fortificantes” (conocidas como “power naps”) en el trabajo como algo aceptable y necesario para mejorar su productividad.

Si los anteriores planteamientos le resultan al lector imposibles de considerar en la “montaña rusa” de su vida profesional, lo invito a reflexionar sobre la sostenibilidad de su actual ritmo de vida en el largo plazo.



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