Opinión

  • | 2009/11/09 12:00

    Relaciones con Venezuela: ¿Cómo prepararse para las nuevas crisis?

    Hasta dónde será capaz de llegar un Chávez evidentemente determinado a causar daño, aún a costa de que su propio país incurra en costos como la inestabilidad social en la frontera y mayores presiones inflacionarias. Opinión de David Ramírez.

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En mi columna pasada comenté que la significativa caída interanual de nuestras exportaciones a Venezuela en julio (-32%) y agosto (-50%) debería causar alerta, pero la reciente revelación del DANE sobre el dato de septiembre (-50%) confirma que ahora hay que ocuparse de apagar el incendio.

 

Mientras en 2008 las ventas externas al vecino país crecieron 17% y en el primer semestre de 2009 apenas cayeron 0,2%, con lo ocurrido en el tercer trimestre acumulan un retroceso de 14% en los primeros nueve meses del año.

 

Puntualmente, la contracción de los bienes no tradicionales a Venezuela—en su mayoría, manufacturas—fue responsable en dos quintas partes del crecimiento negativo de 13,4% en el total de nuestras exportaciones menores en enero-septiembre.
Sin duda, estos hechos van a complicar la recuperación industrial (y en general la del PIB), no sólo en lo que resta de 2009, sino potencialmente en 2010, de no resolverse pronto este “diferendo ideológico”.

 

Aunque, hay factores adicionales que explican la tendencia (tales como la recesión venezolana, el mayor control a la sobrefacturación, y la propia reticencia de una parte de los exportadores colombianos a enfrentar nuevos problemas de cartera), algunos representantes del sector privado admiten fuera de micrófono que detrás del marcado deterioro comercial está sin lugar a dudas la materialización del anuncio del líder del Socialismo del Siglo XXI de “llevar a cero” las importaciones desde Colombia.

 

Es la primera vez que país alguno—incluyendo a Venezuela durante el famoso incidente de la corbeta “Caldas” en 1987 como parte del diferendo limítrofe—aplica restricciones comerciales contra Colombia. Ni siquiera EE.UU. nos quitó el ATPDEA en las épocas de tensión con el gobierno Samper.

 

La pregunta es hasta dónde será capaz de llegar un Chávez evidentemente determinado a causar daño, aún a costa de que su propio país incurra en costos como la inestabilidad social en la frontera y mayores presiones inflacionarias ante la escases y el encarecimiento de productos importados de proveedores alternos, más costosos, como Argentina y Brasil (!).

 

Mucho se ha escrito en estos días sobre la solución a esta nueva crisis y por lo tanto mi aporte va más en dirección a como estar mejor preparados (o, en lo posible, prevenir) desastres adicionales.

 

En el frente comercial, la intensificación de las macro-ruedas de Proexport no va a generar grandes resultados en el corto plazo, y sólo los dará en el mediano/largo si va acompañada de un mayor apoyo gubernamental al aumento de la competitividad de nuestra oferta exportable a Venezuela, más allá de ventajas fundamentalmente basadas en costos de transporte. Ya existe una agenda de competitividad, pero así como hay férrea voluntad para derrotar al terrorismo, pareciera que falta mayor voluntad política para cumplirla (caso del atraso en vías…).

 

En términos de estrategia diplomática, sin duda hay Canciller pero falta Cancillería. Alguien debió haber previsto que Chávez iba a reaccionar de ésta manera ante el acuerdo con EE.UU. para el uso de bases militares colombianas.

 

Así como nuestras fuerzas armadas realizan ejercicios simulados de reacción—los llamados teatros de operación—ante a una posible agresión militar chavista, la Cancillería (y/o posiblemente, el futuro DAS), debería(n) contar con equipos de analistas especializados en prever escenarios y recomendar acciones.

 

De seguir deteriorándose la situación, ¿cómo se están preparando gobierno y empresarios para el siguiente paso más factible de Chávez?: la expropiación de las inversiones colombianas en Venezuela.

 

Hacia el mediano plazo, y casi que independientemente de lo que suceda con este diferendo ideológico, no he escuchado discutir cómo nos estamos preparando para el enorme impacto socio-económico que tendría la migración masiva hacia Colombia de compatriotas y de venezolanos que sigan huyendo del deterioro en sus condiciones de vida en el país vecino, y que hoy por hoy—por órdenes del propio comandante—los tiene con escasez alimentaria, bañándose con totuma, y haciendo pipi con linterna!.

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