Opinión

  • | 2008/09/02 00:00

    Redes sociales y protección de identidades

COMPARTIR

¿Pueden las herramientas de social networking o redes sociales aplicarse al desafío de la protección de identidades en línea? Las redes sociales dan a las personas mucho más control de quién puede acceder a su información personal que cualquier otro formato en línea.

Encontrar el equilibrio correcto entre privacidad y comodidad en línea es algo que se deja al criterio de cada consumidor. Ellos están más interesados que nadie en proteger su información personal. Pero sin duda un mayor control les permitirá decidir qué información compartir y cómo compartirla.

Internet, desde sus comienzos, ha sido moldeada por los usuarios que determinan su función y evolución. Si bien la protección de la identidad no fue integrada a la trama de la Internet, más y más usuarios buscan delinear las reglas básicas de la privacidad.

Por ejemplo, hoy más internautas indican que quieren la capacidad de limitar “la huella digital” de una identidad. Esto se refiere a cuánto tiempo puede mantenerse y accederse información sensible como nombres y direcciones, cuántas copias de la información existen, quién tiene acceso a la información y, lo más importante, las reglas que deben seguirse al recibir información de identidad. Los consumidores están empezando a entender que limitar las copias digitales de su información personal en el ciberespacio puede reducir el posible abuso de los estafadores y en vista de los recientes incidentes en seguridad, su preocupación no es infundada.

Adelantarse a los estafadores
El informe de la Comisión Federal de Comercio de los EE.UU. de este año, sobre fraude contra consumidores, menciona el robo de identidad como la principal queja citada por los consumidores, pues representa casi un tercio de todas las quejas de defraudación recibidas. Si bien la mayor concientización, un mejor monitoreo crediticio y métodos más sofisticados para autenticar la identidad han ayudado a frenar el comportamiento fraudulento, la protección de la información personal sigue siendo un desafío.

El costo del robo de identidad y el fraude sigue siendo alto. Sólo para ver cifras tomemos como ejemplo a Estados Unidos, donde en 2006 se elevó a aproximadamente US$49.000 millones, pagado principalmente por comerciantes y entidades financieras, más aproximadamente US$4.500 millones a cargo de los consumidores. Es necesario redoblar esfuerzos para bajar las cifras del robo de identidad y el costo del fraude. Mientras tanto, se traman estafas cada vez más sofisticadas, que exigen a consumidores, empresas y desarrolladores de tecnología de Internet mantenerse un paso más adelante.

Los defraudadores siguen atrayendo a los consumidores desprevenidos con mayor sofisticación en métodos ya conocidos, tal como lo demostró este año la acusación de 38 miembros de una organización delictiva global con sede en Rumania. La banda de delincuentes apuntaba a cuentas financieras mediante suplantación de identidad (phishing) para acceder a los IDs, las contraseñas y la información de tarjeta de crédito de los consumidores, enviando más de 1,3 millones de mensajes de correo no deseado en un solo ataque, en un plan tecnológicamente complejo, urdido para extraer dinero de cuentas bancarias.

Las redes sociales muestran el camino
Por supuesto, una vez que los consumidores toman conocimiento de la última trampa, los delincuentes empiezan a idear una nueva, y así sucesivamente. Para desarrollar una solución de más largo plazo al fraude en línea y al robo de identidad de forma evolutiva, puede ser útil buscar en un lugar inesperado: las redes sociales.

Uno de los atractivos de las redes sociales es que las personas deciden a quién incorporar a sus redes. La gente que hoy busca empleo, por ejemplo, recurre a sitios de redes sociales porque permite mayor control de su hoja de vida e información personal que las bolsas de trabajo o los sitios web que brindan acceso a cualquier usuario. Recientemente, cuando Facebook diseñó un programa de publicidad para hacer un seguimiento de las actividades de sus usuarios, la medida fue recibida por una fuerte resistencia porque quitaba a los usuarios el control de su información personal al que estaban acostumbrados. Facebook pronto desistió de la idea.

Fin del Caos U y P
Los modelos de la “gestión de identidad centrada en el usuario” tales como OpenID y el Proyecto Higgins de Eclipse, surgieron como formas populares de ahorrar tiempo al conectarse a nuevos sitios web y permiten a los usuarios un mayor grado de control y propiedad de sus identidades digitales.

OpenID es una tecnología gratuita que elimina la necesidad de múltiples nombres de usuarios en distintos sitios web y así ayuda a limitar la información personal que comparten los usuarios y a reducir la molestia de manejar docenas –incluso cientos- de nombres de usuario y contraseñas. Esta tecnología se ha vuelto popular con los sitios de redes sociales y blogs. La comunidad abierta está trabajando en su propia seguridad para OpenID, a fin de respaldar su ímpetu en la Web abierta, en especial cuando interviene información personal crucial como números de tarjeta de crédito o del seguro social.

Hoy la gente comienza a esperar –y exigir- un mayor nivel de control sobre su información personal en todas sus interacciones en línea. A medida que la Internet madura, los usuarios tienen más en claro qué desean y qué no desean como parte de su experiencia en línea. La mejor forma de combatir el fraude y alimentar la fidelidad de los clientes es aumentar el control de los consumidores sobre la información personal y limitar cuántos datos personales deben revelarse para interactuar de manera segura en línea.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?