Opinión

  • | 2006/05/05 00:00

    ¿Qué será lo que busca el persa ?

    Carlos de Greiff Moreno, columnista de Dinero.com, analiza las verdaderas razones geopolíticas de la escalada del precio del petróleo en el último mes.

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El alza acelerada de los precios del petróleo de los últimos días ya no es fácilmente imputable a la creciente demanda de India y China; ni a falencias en la producción de Irak, Rusia y Nigeria; ni a insuficiente capacidad de refinación; ni a secuelas del huracán Katrina; ni al conjunto o combinación alguna de tales ocurrencias. Se debe, muy fundamentalmente, a las expectativas surgidas de las cada vez más frecuentes, amenazantes y beligerantes declaraciones del señor Ahmadinejad de que Irán persistirá, a todo trance, en su política de enriquecimiento de uranio, con fines estrictamente pacíficos….para, entre otras cosas, borrar a Israel del mapa.
 
Lo cual replantea un asunto hasta hace poco estrictamente geopolítico y lo complica y convierte en un imperativo geoestratégico de supervivencia y, en consecuencia, de máxima prioridad para Occidente e Israel, dentro del marco del creciente enfrentamiento Islam/Judeo-Cristianismo.
 
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a instancias de sus mayorías, ha notificado a Irán de que deberá sus pender sus actividades de enriquecimiento de Uranio. Pero ya el señor Ahmadinejad ha declarado que hará caso omiso de las sanciones de la ONU que, por otra parte, serían a lo más estrictamente simbólicas, dada la lenidad de la ONU y la simpatía manifiesta de China y Rusia con las pretensiones de Irán, países estos miembros permanentes del Consejo de Seguridad y con poder de veto. Además ya Rusia ha ofrecido reforzar a Irán con aviones de combate para repeler cualquier ataque contra su territorio.
 
Así las cosas, cualquier intento de sanciones o de ultimátum le daría al ya más que envalentonado señor Ahmadinejad, luz verde para retallar, como ya lo ha disimuladamente sugerido. Y es que, a todas luces, parece tener la sartén por el mango. Y, de cierta manera, la tiene.
 
El sartenazo podría llevarlo a intentar, como ya lo ha dejado entrever, bloquear el Estrecho de Ormuz, por el cual obligadamente deben cruzar todos los enormes tanqueros que alimentan a Occidente de petróleo del Golfo Pérsico. En donde Europa carga 14 MBD (millones de barriles por día), Japón 7 MBD y Estados Unidos 5 MBD. En total 26 MBD, equivalentes a 31% de la demanda total de petróleo del planeta que asciende a 83 MBD. El bloqueo pondría al paranoico Occidente de rodillas en menos de 24 horas. No sin razón.
 
Por tanto, al menor indicio de que el señor Ahmadinejad se moviera a retallar hasta tal extremo, USA e Israel tendrían que reaccionar como un relámpago. No habría tiempo para una movilización militar convencional como no lo habría tampoco para convencer a la siempre vacilante Unión Europea, por lo demás carente de poderío militar y medios, de participar en el envión preventivo. El envión tendría que ser eminentemente tecnológico y a distancia: misiles intercontinentales; superbombarderos B-2; misiles de crucero disparados desde portaviones (la guerra portátil) surtos o a la mar en el Mediterráneo, en el Golfo Pérsico mismo o en sus inmediaciones, en la base de Martín García, en el Indico. La acción tendría que ser demoledora y simultánea sobre Natanz - centro y corazón de la investigación nuclear de Irán - y sus otros siete muy dispersos laboratorios satélites; sobre sus misiles móviles de alcance intermedio; sobre sus aeródromos militares; y sobre sus instalaciones a lo largo del litoral del golfo y en el Estrecho de Ormuz. Sería indispensable asegurar desde un principio el dominio absoluto del aire sobre toda la región del golfo y alrededores. Como consecuencia, el golpe tendría que desestabilizar al señor Ahmadinejad.
 
Pero bloqueo o no bloqueo del Estrecho de Ormuz, Israel no podrá, por motivo alguno, tolerar que Irán llegue a contar con ojivas nucleares para sus misiles de alcance intermedio. Y a este respecto ya estableció un antecedente con el reactor nuclear de Irak, en tiempos de Saddam Hussein. Si este fuere el caso, se saldría al mismo llanito: sin la menor duda Irak retaliaría contra el paso por Ormuz y Estados Unidos tendría que anticiparse a tal eventualidad y respaldar la acción israelí.
 
Pero, dada una u otra coyuntura, ya el Presidente Bush advirtió nuevamente que todas las opciones están sobre la mesa para resolver el diferendo con Irán. Seguramente, dada una u otra coyuntura, ya todo esta listo. ¡Menuda tarea! ¡Armageddon a la vista! Allah no lo quiera.
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