Opinión

  • | 2010/09/09 18:20

    ¿Por qué se necesitan tasas más altas en microfinanzas?

    Con la tecnología que usan ahora los bancos latinoamericanos, difícilmente pueden hacer préstamos de menos de US$500 y prestar a tasas menores al 44% en micricréditos. Opinión de Leonardo Bravo y Jorge Saza.

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Es tradicional que la opinión pública no especializada ataque al sector financiero por su política de tasas de interés. Las críticas son mayores si el crédito está dirigido a las microempresas y a los más pobres de la población. Que cobrar más de 30% es excesivo e incluso pecado, que las instituciones financieras son agiotistas, que desangran al pueblo, son algunos de las críticas más comunes. Para propios y ajenos no es claro por qué a los créditos más pequeños y a individuos de menores ingresos se les deba cobrar una mayor tasa de interés, mientras que a los agentes económicos de mayores tamaños e ingresos se les cobran tasas menores e incluso preferenciales.

El microcrédito es una actividad relativamente nueva dentro de la industria financiera y sus principales desarrollos se han dado en mercados emergentes. Sin embargo, el creciente interés por financiar a las empresas de menor tamaño, también se ha visto en Estados Unidos y Europa donde la política de apoyo a la microempresa ha sido protagonista de primer nivel de la agenda pública.

La teoría
Según la literatura internacional y los operadores de microfinanzas existen tres tipos de costos para cualquier crédito: costos administrativos, de crédito y de fondeo. Después de cubrir los costos las entidades obtienen la utilidad.

1. Costos laborales, administrativos y de cobranza. Para otorgar un préstamo a microempresas es necesario que los prestamistas diseñen un programa de visitas personalizadas a sus clientes. Es necesario realizar varios desplazamientos para determinar la capacidad de pago, los activos, el nivel de ventas promedio y los costos de producción. Las microempresas generalmente carecen de balances contables, estados de pérdidas y ganancias y flujos de efectivo. Esto hace que sean los propios funcionarios de una entidad crediticia, los que tengan que dedicarse a reconstruir estos aspectos, a proyectar la capacidad de pago y, a su vez, a verificar que la información recopilada tiene asidero en la realidad.
2. Costos de riesgo de crédito. Estos costos muestran el grado de precisión con el cual las entidades financieras midieron la probabilidad de impago de un crédito.
3. Costos de fondeo. Mientras que las instituciones financieras, tienen muchos mecanismos de obtención de recursos, las fundaciones y ONG especializadas en microcrédito tienen dificultades para obtener fondos prestables. Por un lado, no se cuenta con un sistema de tesorería moderno que permita la movilización oportuna de excesos y defectos de liquidez. Por otro lado, no se cuenta con la red de oficinas lo suficientemente amplia para captar recursos del público.
4. Utilidad de la entidad (Retorno sobre Activos). En instituciones (microfinancieras) financieras un ROA entre 1% y 3% es habitual.

La realidad
Según información del MIX (Microfinance Information Exchange) en 2009 los siguientes fueron los costos para una institución que opera en Latinoamérica:
1. Costos administrativos totales 20%.
2. Costos de fondeo sobre activos de 6,5%
3. Costos de crédito de 3% a más de 90 días.
4. Utilidad de la entidad 0,3%

Con esta información se puede calcular que las tasas de interés tendrían que ser por lo menos de 30% para estar en punto de equilibrio. La tasa que cobraron las instituciones microfinancieras en Latinoamérica (yield on gross portfolio nominal) fue de 29,7% que es cercana al cálculo que se acaba de realizar. Con estos números se podría concluir que no habría necesidad de tasas más altas que 30%. Sin embargo, dado que el costo administrativo es el que mayor peso relativo tiene dentro de los costos totales, el tamaño del préstamo es fundamental.

Otro ejemplo
El costo promedio por préstamo en América Latina era de US$172. Es decir que originar, administrar y cobrar un préstamo independientemente de su tamaño era de US$172. El préstamo promedio era de US$926. Dividiendo el costo por préstamo por el valor del costo se obtiene que el costo administrativo sería de 18,5% del total del préstamo que es cercano al ejemplo inicial.

Al elaborar el cálculo anterior con un crédito exactamente igual pero de US$500. La tasa mínima para tener punto de equilibrio de este préstamo sólo cubriendo costos administrativos sería de 34% (172/500). A esta tasa se le tendría que sumar el 6,5% de costo de fondeo y el 3% de costo de crédito para llegar a 44%. Para un préstamo de US$200, la tasa de interés que se les cobra a los usuarios tendría que ser de casi 96%.

¿Qué se debe hacer?
Si el gobierno quiere que el sector financiero preste a segmentos de la población de ingresos bajos y que realice préstamos de menos de US$1.000 es necesario que la tasa de interés total que las instituciones puedan cobrar se acerque por lo menos a sus costos. Hoy no sería negocio prestar menos de US$500. El sistema financiero está prestando cada vez créditos más pequeños pero todavía hay camino por recorrer.

Otra solución es que los costos administrativos sean menores. La utilización de canales de distribución alternativos como los celulares, Internet y teléfono están empezando a cambiar este panorama pero todavía falta bastante. El uso de tecnología con aparatos móviles tipo Palm para ir donde el cliente, analizar y aprobar los créditos está tomando mucha fuerza en mercados como México y pensamos va a imponerse cada vez más.

En nuestra opinión un límite muy bajo a las tasas de interés va a seguir excluyendo a la población de menores ingresos que hoy sigue en manos de los agiotistas. En la medida en que sea rentable para las instituciones van a entrar a estos mercados en menos tiempo de lo pensado.


Los autores son socios de Sustainable Finance Partners. www.sfpartners.com.co

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