Opinión

  • | 2011/04/07 15:25

    ¿Para qué sirve la Inteligencia Cultural?

    Los colombianos estamos en desventaja en inteligencia cultural. Por ser herméticos a las migraciones, no hemos gestado ciudadanos que crezcan en contacto amigable con las diferencias. La opinión de Andres Vélez, profesor de Negocios Internacionales de Eafit.

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Pocas veces se menciona la frase inteligencia cultural o su equivalente en inglés, Cultural Intelligence o Cultural Quotient (CQ), que fue usada por primera vez en 2003. En el mundo actual, interdependiente y global, este concepto juega un papel imprescindible ya que sirve para determinar quién será exitoso o perdedor en un entorno nacional o internacional.

Usualmente, cuando se habla de medir la inteligencia, se hace referencia al Cociente Intelectual (CI), y a través de este indicador se ha calificado y clasificado a las personas en diferentes contextos. Así, quien obtenga un puntaje igual o superior a 130 en las famosas pruebas de inteligencia, será tenido como superdotado. Pero ¿son estos superdotados seres capaces de relacionarse exitosamente con otros y ser buenos líderes? No necesariamente. Por eso se habla hoy en día de Inteligencia Emocional (EQ). Sí, sí, otro indicador -van tres-, y quién sabe cuántos más vendrán después.

 

La Inteligencia Emocional (Emotional Intelligence o Quotient: EQ) es tan importante como la intelectual, y por eso los procesos de selección en las empresas miden a los candidatos no solo en sus habilidades intelectuales sino también en sus destrezas sociales. Un individuo considerado inteligente, debe ser capaz de entender tanto sus emociones como las de los demás.

 

Hay un problema latente cuando la inteligencia emocional es local, ya que hoy cada vez se interactúa más con personas de diferentes nacionalidades, regiones y grupos étnicos, no solo en el exterior sino en nuestro propio suelo. Entra en juego, pues, la Inteligencia Cultural (IQ), la cual postula que entender el impacto del entorno cultural propio y el de los demás, es esencial para conseguir relaciones y negocios eficaces: mide la pericia de un individuo para entablar una vinculación exitosa en cualquier ambiente o entorno social. La mayoría de los negociadores de nuestro medio piensa que las diferencias culturales internacionales pueden ignorarse, una postura que genera inconvenientes. Creer que los temas de cultura son del resorte de una habilidad intuitiva, y que puede improvisarse sobre la marcha, es un error que ha hecho que muchas negociaciones fracasen, sin explicación alguna aparente.

¿Hay quienes nacen con mejor CQ? ¿Cómo se mejora el CQ? Aunque usted no lo crea, nacer y criarse en ciertos lugares sí determina qué tan inteligente se es o no, en cuanto a sensibilidad cultural. Por ejemplo, alguien nacido y criado en Sao Paulo en contacto con gentes de distintas razas, religiones y países, con seguridad ha desarrollado una sensibilidad hacia las diferencias culturales. Empero, y también como ejemplo, alguien nacido y criado en Medellín, ciudad naturalmente aislada por la geografía, en un país que tradicionalmente ha sido impermeable a las migraciones, con seguridad tendrá más dificultades para entender y aceptar a una persona cuya raza, valores o creencias son muy diferentes.

Los colombianos estamos en desventaja en aspectos como la sensibilidad e inteligencia cultural. Al ser herméticos a las migraciones, no hemos gestado ciudadanos que crezcan en contacto amigable con las diferencias, lo que ha originado una uniformidad problemática en un mundo cuya globalización es inevitable. Esta homogeneidad hace ver a los colombianos como etnocentristas, nacionalistas, patrioteros exagerados, y xenófobos con poca tolerancia hacia los demás. Así, para algunos extranjeros una interacción con un colombiano puede ser dificultosa, infortunada o frustrante; para muchos colombianos resulta difícil percibir aquellas diferencias culturales que pueden determinar si una relación o negociación será exitosa.

No todo lo comentado son malas noticias. Para los que nacimos en un país en el que en la práctica no se estudia ni se aprende mucho de la inteligencia cultural, también existen métodos para mejorarla y aplicarla. El más obvio es la práctica, ya sea a través de viajes o contactos amables con personas diferentes a nosotros. También se debe conocer algo de antropología cultural y sociología, herramientas que facilitan el entendimiento de las diferencias culturales. En el medio académico se acude a las dimensiones culturales, un concepto desarrollado por el antropólogo americano Edward T. Hall, y elaborado aun más para los negocios internacionales por el sociólogo holandés Geert Hofstede. Son instrumentos que, de manera generalizada, permiten entender comportamientos y creencias fundamentales de diferentes culturas, para así generar aquella sensibilidad que permita por lo menos estar alertas y no “embarrarla” cuando se trata de establecer una comunicación intercultural.



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