Revista Dinero

Andrés Vélez Calle, profesor del Departamento de Negocios Internacionales, universidad Eafit.

| 8/23/2011 8:20:00 AM

Multilingüismo: ¿mentalidad o necesidad?

La importancia de aprender otro idioma, además de la pragmática y profesional, que incrementa nuestra competitividad, debe tocar también al individuo: aprender otra lengua nos abre la mente. La opinión de Andrés Vélez-Calle, profesor del departamento de Negocios Internacionales de la Universidad Eafit.

por Andrés Vélez-Calle, profesor del departamento de Negocios Internacionales de la Universidad Eafit.

Quedé impresionado cuando un taxista del aeropuerto de Curasao me habló en cinco lenguas mientras llegaba al hotel. Me dijo que era lo común y corriente; que entre ellos hablan el papiamento y que en la escuela se enseña en holandés y en inglés; el portugués, lo estudió como una opción; y el ¡español se aprende por la popularidad de las telenovelas venezolanas y colombianas! Para concluir, en Curasao se aprenden cuatro idiomas por el solo hecho de crecer en la isla, y los otros, por añadidura.

Lo propio ocurre en Aruba y Bonaire, que formaban las tres parte de las antiguas Antillas Holandesas. En Bonaire, una pelota como de softball golpeó mi zapato y al devolverla vi un grupo de jugadores jóvenes de largas barbas, con gorros de musulmanes -debí temerles, según los medios noticiosos-. Noté sus camisetas de la selección de cricket de Pakistán. Por regresarles la pelota, me sonrieron, y me invitaron a participar de su juego, desconocido para mí. Hacía poco, en un mundial de cricket la India, una de las anfitrionas, había ganado la copa ante Sri Lanka luego de una tensa semifinal con su vecina Pakistán occidental. Fue tal la pasión que para pasar la rígida frontera militarizada entre Pakistán e India, ella se volvió tan elástica que los boletos hicieron las veces de pasaporte y visa. En Latinoamérica ni cuenta nos dimos de dicha copa, que mantuvo conectadas a Europa con Asia y Oceanía, y esta porción del Caribe, mientras que nosotros, desconectados y excluidos, ignorábamos lo que sucedía en los otros dos tercios del planeta.

Al visitar la tercera isla, Aruba, alejé la imagen publicitaria que estima que las llamadas islas ABC son un veraneadero. El multilingüismo, me incitó a indagar más sobre su historia, culturas y mentalidad abierta, siendo las varias lenguas un vehículo. En ellas coexisten en armonía más de 50 nacionalidades, con variadas lenguas y maneras de pensar y de vivir. Las que fueran tenidas como islas inútiles por los conquistadores españoles, por ser pobres en agua y en oro, fueron estimadas por los comerciantes flamencos que valoraron sus excelentes puertos, sus nativos, y su posición geográfica; no mucho tardaron los portugueses en imponer el tráfico de esclavos, y toda esa actividad sembró el papiamento, un valor patrimonial que los abrió a más lenguas.

Hoy las ABC cuentan con un ingreso per cápita del primer mundo. Los inmigrantes colombianos se ven forzados a estudiar las lenguas holandesa e inglesa en escuelas nocturnas, para trabajar en un restaurante, y ganar un salario mínimo de US$800, muy por encima del salario mínimo nuestro. El enfoque comercial y multicultural que han adoptado esas islas las ha convertido en potencia del sector turístico y mercantil. Hacen grandes esfuerzos educativos con universidades conectadas a Holanda y Estados Unidos; es difícil aceptar que Kralendijk, capital de la pequeña Bonaire, tiene una facultad de medicina de primera.

Es claro que no se pueden copiar procesos históricos, más sí debemos estudiar otros modelos que nos hagan reflexionar sobre el multilingüismo y sus ventajas. Así, en Guatemala se hablan 24 idiomas diferentes, la mayoría variantes de la familia maya; Colombia tiene 64 lenguas indígenas, en 14 familias lingüísticas, además de las criollas. La diferencia está en que cinco de los 12 millones de guatemaltecos son bilingües Español-Maya, mientras que en Colombia la cifra de bilingüismo es irrisoria. Hay estudios recientes (2011) que miden el dominio de la lengua inglesa en diferentes países; la evaluación EF EPI indicó que nuestro país fue calificado con nivel muy bajo al ocupar el puesto 41 entre 44 países, y cargamos con el Inri de ser el último en Latinoamérica, lo cual no solo afecta la competitividad en aspectos comerciales y turísticos, sino también campos como el de la educación y la Cooperación Internacional.

Algo se ha hecho entre nosotros con el programa nacional Colombia bilingüe 2004-2019, que va en la mitad del plazo y con resultados desalentadores. ¿Podremos ser políglotas como nuestros vecinos de las islas ABC, si ni siquiera hemos alcanzado el estatus inicial de bilingües? La importancia de aprender otro idioma, además de la pragmática y profesional, que incrementa nuestra competitividad, debe tocar también al individuo: aprender otra lengua nos abre la mente y nos zambulle en otras maneras de pensar y de interpretar el mundo, lo que permite un entendimiento cultural más acertado, por encima del etnocentrismo y los estereotipos tan característicos de nosotros. Y no solo el inglés. Hay que sumar el portugués, la lengua del gigante de al lado. En un futuro ya no se preguntará solamente el ¿do you speak english? También nos dirán ¿Você fala portugués?

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