Opinión

  • | 2011/08/17 08:00

    Mejores empresas para trabajar, ¿Lo mismo que mejores empresas con quien trabajar?

    En Colombia una cosa es como las organizaciones se comportan con sus empleados, y otra, como se comportan con sus proveedores. Las mejores empresas para trabajar en Colombia a veces actúan con tremenda soberbia corporativa. La opinión de Andrés Aljure Saab.

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¿Acaso una organización puede catalogarse como socialmente responsable cuando contempla, en sus acciones del día a día, los intereses de uno o más de sus stakeholders, (entendidos como los públicos que pueden afectar o son afectados por las actividades de una organización), pero que al mismo tiempo desatiende los intereses de otros? No es temerario afirmar que en Colombia una cosa es como las organizaciones se comportan con sus empleados, y otra, como se comportan con sus proveedores.

Los siguientes son comportamientos corporativos, irrespetuosos e irresponsables, que diferentes proveedores han experimentado con cerca del 42% de las más de 100 empresas con operación en Colombia con las que han desarrollado procesos de convocatoria, contratación y ejecución de servicios de asesoría. Como algo especial, 7 de estas han estado o están en el ranking de las 25 mejores empresas para trabajar en Colombia, en los últimos 3 años, según Great Place to Work, y se constata a la vez que casi 4 de cada 5 de las organizaciones de este 42% se autodefinen como socialmente responsables en sus respectivos sitios web.

Aunque esta muestra no pretende plantearse como estadísticamente representativa del universo de organizaciones con operación en el país, sí permite evidenciar con claridad lo común de este tipo de comportamientos.

Comportamientos comunes de los clientes con los proveedores:
· Solicitudes de propuestas y cotizaciones, catalogadas por las organizaciones como de suma urgencia, que luego de ser atendidas, llevan a procesos de decisión internos que toman días, semanas e incluso meses para ser resueltos, cuando se resuelven, sin ninguna comunicación de feedback a los oferentes.
· Peticiones de ajuste a propuestas, en una, dos, tres o más ocasiones, que no llevan a ninguna decisión o comunicación por parte de la organización.
· Silencio organizacional ante las llamadas o contactos de proveedores que solicitan, respetuosa y prudentemente, feedback sobre propuestas y cotizaciones.
· Cierres de convocatorias y procesos de selección que nunca generan una respuesta, positiva o negativa, a quienes participan en los mismos y que, cuando la generan, no ofrecen un feedback o explicación mínima básica de las razones por las cuales no son seleccionadas, negando así la posibilidad de mejoramiento.
· Apropiación y aplicación de ideas, conceptos y elementos de propiedad intelectual de los proveedores que son a su vez el resultado de la aplicación de su know how y dedicación, sin autorización expresa de los mismos.
· Términos de contratación, en ocasiones leoninos, que llevan incluso a la obligación de adquirir los productos y servicios de la organización contratante.
· Modalidades de pago inequitativas, mezcladas con dilaciones, que desconocen la necesidad de flujo de caja de sus aliados, los proveedores, incluso cuando se han otorgado descuentos y ventajas por parte del proveedor en el proceso de negociación.

Ahora bien, no se pretende desconocer la importancia de contar con buenas habilidades de negociación para lograr las mejores condiciones posibles en el establecimiento de relaciones comerciales, sin embargo, una cosa es ser hábiles negociadores y otra diferente es no respetar los derechos de terceros, incluso cuando estos los desconozcan o no los ejerzan.

¿Cuál puede ser la causa de estos comportamientos? Según el tipo de organización y de situación las causas podrían ser diversas: ¿Será acaso “soberbia corporativa” basada en la percepción, muy común, de que los proveedores deben ajustarse a las demandas-solicitudes de los que son o serán sus clientes porque “el cliente siempre tiene la razón”, o será tal vez la concepción de que el cliente le hace un favor al proveedor al contratarle, en especial cuando hay alta oferta de productos o servicios, o tal vez sea la concepción corporativa de que no se hace un buen manejo financiero del pasivo corriente al pagar a los proveedores antes de 60 días, o más, incluso en casos en los que las organizaciones-cliente cobran de contado?

Estos comportamientos y algunas de las posibles causas descritas, más allá de ser ejemplo de gestión irresponsable, ponen de manifiesto el desconocimiento de las ventajas de implementar programas de desarrollo con proveedores, los cuales se fundamentan en dos grandes ejes: la necesidad de establecer alianzas estratégicas para incrementar la competitividad y la búsqueda de la sostenibilidad como consecuencia del desarrollo equilibrado entre lo económico, lo medioambiental y lo social.

Más allá del impedimento que genera, en algunos casos, la firma de cláusulas de confidencialidad por parte de quienes compartieron sus experiencias, este artículo no presenta nombres de organizaciones porque su intención, más que de denuncia, es la de generar un espacio de reflexión sobre los comportamientos socialmente irresponsables en los que no pocas organizaciones incurren, consciente o inconscientemente, incluso a pesar de que estas se autoproclamen, o sean reconocidas por terceros, como compañías socialmente responsables.

El autor es socio fundador de Aljure y Ocampo Comunicación Corporativa.
Twitter: @andresaljure

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