Opinión

  • | 2011/12/22 08:00

    Los conspiradores del proceso de sucesión

    Con frecuencia el fundador, su esposa, los banqueros, los proveedores y los empleados más antiguos, son quienes más presionan al fundador de una empresa familiar a que no abandone su cargo, a pesar de haber cumplido ya la edad de retiro, hecho que puede comprometer el crecimiento y la continuidad de la compañía. Opinión de Gonzalo Gómez-Betancourt.

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Dilatar la sucesión es una de las grandes amenazas de las empresas familiares; por lo general hay una serie de personas allegadas al fundador, incluso él mismo, que se convierten en los grandes conspiradores del proceso. El profesor Iván Lansberg investigó a fondo esta temática cuyos resultados fueron consignados en un estudio titulado “Succession The Conspirators”, donde analiza las diferentes etapas de la vida del fundador, la familia y la empresa. El estudio refleja más la realidad de la generación de fundadores que hoy está a las puertas de la sucesión, entre los 60 y 70 años, que la de las nuevas generaciones de empresarios, en las cuales las condiciones de la familia han cambiado y la mujer es también una emprendedora más.

Los fundadores usualmente inician su actividad empresarial a los 30 años con gran iniciativa, sin embargo durante este periodo sortean grandes dificultades ante la ausencia de recursos. Más adelante, en el periodo entre los 45 y 55 años, la empresa demanda mucha atención de su parte, los hijos están por los 15 años, el padre empieza a involucrarnos en el negocio familiar, pero pueden surgir conflictos porque están en plena adolescencia. A su vez la esposa del fundador está alrededor de los 40 años, ha dedicado una buena parte de su vida al hogar sin recibir mucha atención por parte de su esposo que permanece en la empresa ni de sus hijos que ya no le demuestran el mismo afecto que antes, por lo que siente la necesidad de hacer sus propios negocios o actividades benéficas. 

Cuando el fundador está entre los 55 a los 65 años, puede considerarse como la mejor etapa de la empresa y del desarrollo del núcleo familiar. El Padre ha logrado la consolidación de la empresa, la madre está alrededor de los 50 años, concentrada en sus actividades profesionales y filantrópicas, el hijo está por los 25 años, es ya un profesional cuya experiencia en la empresa es muy productiva. 

Cuando el fundador alcanza los 65 años, el hijo está alrededor de los 35 años y la madre de los 60 años. Es cuando debe darse el proceso lógico de la sucesión, pero es cuando surgen los conspiradores. 

El primero es el mismo fundador, aunque aparentemente se crea que es la esposa. Por lo regular ella le aconseja que aún no se vaya de la empresa, esta advertencia no es otra cosa que el temor de la esposa por la llegada del fundador a la casa, pues de una u otra forma él va querer gobernar ciertos espacios que ella siente propios. Esta situación se da ante la falta de creación de un proyecto de vida en pareja.

Es tan frecuente esta situación, que en la práctica de la consultoría a empresas familiares, hemos recolectado testimonios como estos: “Si a mi esposo lo sacan de la empresa lo matan, es que a él no le gusta viajar, detesta los tumultos, los aviones le dan pánico su empresa es el juguete, el debería trabajar hasta el último día, todos pedimos que se quede”.

El segundo conspirador es el banquero, quien por ser adverso a todo tipo de riesgo, una vez se entera que el fundador está por hacer la sucesión, analiza a cada uno de los hijos con el fin de saber si son capaces de asumir las mismas responsabilidades crediticias que el padre ha adquirido, usualmente tratan de persuadir al fundador de cancelar el crédito antes de su retiro, lo que lo hace dudar de la conveniencia o no de su retiro. 

El tercer conspirador son los empleados más antiguos, que de alguna manera manipulan sentimentalmente al fundador diciéndole todo lo que se ha logrado en la empresa bajo su dirección, generándole dudas sobre el futuro, pues…”seguramente el hijo no va a tener la misma preocupación por ellos”. Lo que no saben los empleados es que con ese comportamiento están conspirando con la sucesión y la evolución de la empresa.

El cuarto conspirador son los clientes, que al presenciar el cambio comienzan a preguntar por el futuro de la empresa, junto con la emisión de mensajes emocionales al fundador que se dan quizás por una larga trayectoria en la empresa y una alta dosis de respeto por la persona que deja el cargo. 

El quinto conspirador son los proveedores, los cuales se preocupan por cómo será el nuevo sucesor y si les continuará comprando sus productos bajo las mismas condiciones que tenían con el fundador. 

¿Cómo enfrentar la conspiración?
El fundador debe ser consciente que lo importante no está en crear la empresa sino en saber entregarla, eso lo dice el profesor John Ward y coincido con él en este punto, pues una empresa familiar debe crearse para pasar de generación en generación y perdurar en el tiempo, para lo cual es fundamental que se trabaje con tiempo la sucesión. 

El fundador debe comprender que la conspiración es una muestra de afecto, respeto, cariño o preocupación ante la buena gestión que venía realizando; lo más importante es dar el paso y saber cuándo hay que retirarse y entregar la propiedad. 

Una de las claves para limitar las conspiraciones contra la sucesión, es que el fundador logre mantener un grupo de asesores independientes quienes conjuntamente con la Junta Directiva, no lo dejen caer en el emocionalismo, esto hará del proceso algo más sencillo, que ayudará a transmitir el cambio de manera apropiada al resto de la compañía. 


* Ph.D. Director Área Family Business.
INALDE Business School, Universidad de La Sabana
gonzalo.gomez@inalde.edu.co 


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