Opinión

  • | 2011/10/21 07:00

    Los ciudadanos solidarios y filántropos anónimos

    Historias de personas que dedican su tiempo a causas filantrópicas muy eficientes y de alto impacto social. La opinión de Claudia Eugenia Toca Torres,

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Es normal que después de tragedias y desastres naturales se invoque, a través de campañas sociales, la solidaridad de los colombianos para recaudar no sólo dinero sino también artículos con destino a las familias que han sufrido pérdidas totales o parciales de sus bienes y pertenencias. Es el caso de la campaña Colombia Humanitaria, lanzada para recaudar dinero y destinarlo a los afectados por el invierno que azotó al país el año pasado. Desde entonces, se ha reconocido no sólo la solidaridad con los necesitados sino también la reacción inmediata frente a los llamados a la donación. Exaltación a todas luces justa, pero que desconoce o ignora la existencia de personas que, sin necesidad de campañas, donan periódicamente sus recursos a distintas causas sociales, recursos que favorecen a grupos vulnerables y no solo a los afectados por las inundaciones. Esta columna busca exaltar la labor de ciudadanos anónimos que atienden directamente con alimentos y con su tiempo a poblaciones frágiles.

Cuántas veces han escuchado una negativa rotunda frente a la invitación de las cajeras de ciertos supermercados para comprar unos cartones con destino a la alimentación o la educación de los niños. Muchas ¿cierto? Y cuántas, los han tachado de insensibles, cientos ¿verdad? Pero con seguridad, muy pocos han pensado que dicha negativa es la de una madre de familia que dedica la mitad de su tiempo para hacer voluntariado en una organización social de la cual es fundadora, o que es la de un cliente que tiene su propia causa social y atiende en su tiempo libre a una población vulnerable. Pues bien, resulta que existen ciudadanos como María y José* que prefieren entregar sus recursos y tiempo directamente a los individuos que lo necesitan y que forman parte de una población débil, por lo que nunca canalizan aportes a fundaciones desconocidas. Estos constituyen ejemplos de ciudadanos que merecen el reconocimiento público, así ellos insistan en permanecer en el anonimato.

María es una profesional que teniendo la posibilidad de disfrutar de su condición de pensionada, prefirió dedicar no sólo 20 horas semanales como voluntaria de un comedor que sirve cerca de 220 almuerzos a la población escolar en situación de vulnerabilidad, sino también, una parte de sus ingresos cuando la causa así lo demanda. Se vinculó a este emprendimiento social atendiendo la invitación de unas amigas profesoras que acordaron –una vez pensionadas- su dedicación y compromiso con las necesidades de alimentación de niños vulnerables o pobres. Es voluntaria y benefactora de esta Fundación de docentes, por el amor que profesa a Dios y al prójimo, “trabaja con mucha abnegación y voluntad sin esperar nada a cambio”, y al igual que sus compañeras, no persigue intereses particulares, su único deseo es darse a los niños. Su actividad le proporciona, no sólo la satisfacción de servir, sino la posibilidad de ver sus rostros de agrado cuando toman sus alimentos. Esta causa es el punto de convergencia de “la comprensión, la honestidad, la honorabilidad y la sinceridad” de las socias, donde todas hablan “el idioma del servicio”, pero también es “la forma y pretexto ideal de unión y amistad” entre ellas.

Si bien se trata de una iniciativa que recibe el apoyo del Programa Mundial de Alimentos PMA, de algunos empresarios del municipio y de los 32 filántropos que hacen parte de la Fundación, María no cesa de invitar a familiares y amigos a sumarse como voluntarios, porque quiere compartir con ellos las satisfacciones que brinda esta labor. De igual modo, convoca a personas naturales y jurídicas que declaran renta a convertirse en donantes, pues la Fundación expide el certificado de donación para la respectiva deducción de impuestos. En su opinión, el voluntariado constituye la forma preferida por los individuos para ayudar, en tanto, las donaciones de dinero y de insumos son más comunes entre los empresarios. Identifica como requisitos fundamentales del voluntario “deseo de servir, disponibilidad y conciencia que la labor es por vocación”, sin importar el género ni la condición (empleado, pensionado). El trabajo de la Fundación ha sido objeto del reconocimiento, no sólo por parte del PMA sino también de los medios locales de comunicación.

José es un profesional que sin tener los ingresos más altos, pero si responsabilidades económicas, dedica tres horas todos los domingos a la entrega de desayunos, financiados con sus propios ingresos (menos del 10% mensual), a cerca de 70 habitantes de la calle. Observe cuidadosamente, puede ser su vecino o un familiar y usted no lo sabe. Eso es el anonimato o como él mismo lo denomina “el bajo perfil”. La vinculación con la causa fue iniciativa propia, quería “retribuir o compartir bendiciones recibidas con los menos favorecidos”, proporcionándoles una comida digna a la semana. Para José, esta población es resultado de una mezcla de problemas sociales (adicciones, desplazamiento, etc.) y su atención puede evitar problemas mayores. Se preguntarán por qué existiendo organizaciones como iglesias católicas o cristianas dedicadas a la atención del habitante de calle, este ciudadano, no canaliza su ayuda a través de ellas. Por muchas razones, quiere cerciorarse que sus desayunos sean entregados al necesitado, no quiere experimentar incertidumbre sobre la focalización de su ayuda a esta población que ve prioritaria y porque desea, por sí mismo “observar el impacto que tiene en la gente el desayuno suministrado”. Sin desconocer las obras realizadas por las iglesias con los habitantes de la calle, José se mantiene firme en su decisión de permanecer independiente en su causa.

Su sueño, establecer un hogar de paso, donde el habitante de la calle encuentre “una comida digna, una cama limpia, a su vez, ayuda psicológica y orientación espiritual”; concretamente contribuir a que estas personas experimenten una noche digna. La principal limitación para hacer realidad este sueño, es su tiempo, necesita un espacio, en su agenda personal y laboral, para planear, proyectar y presupuestar su emprendimiento social y para ubicar potenciales grupos de apoyo. José, como muchos otros, nunca ha recibido reconocimiento alguno, tampoco lo espera, prefiere “seguir en el anonimato y que su actividad siga siendo silenciosa”, para él es suficiente que “los 70 beneficiados le agradezcan y que lo bendigan con sus oraciones”.

Es un hecho, que en Colombia existen ciudadanos solidarios y filántropos como María y José, y que hay capital para hacer de la nuestra una mejor sociedad, pero también es claro que las universidades pueden cumplir un papel importante para vincular este tipo de ciudadanos con los vulnerables.

*Aunque los nombres no son reales las experiencias sí que lo son.


La autora es profesora de la Facultad de Administración de la Universidad del Rosario e investigadora asociada del proyecto Perfil y modalidades de la donación en Bogotá.

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