Opinión

  • | 2011/01/26 15:00

    La locura de la prohibición

    Durante las últimas semanas importantes medios de Estados Unidos, incluyendo The Huffington Post, MSNBC, Time y Fox News, han reportado sobre una nueva droga sintética en USA: la metilendioxipirovalerona (MDPV). Opinión de Daniel Gómez Gaviria.

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Esta nueva droga está siendo comercializada como sales de baño bajo nombres llamativos como “Ivory Wave,” “Red Dove,” y “Vanilla Sky.” Los empaques son iguales a los de sales de baño ordinarios y hasta tienen advertencias diciendo que el producto no es para consumo humano y que es toxico.

Los servicios de salud y las autoridades en USA han encendido las alarmas al constatar un aumento en el número de pacientes llegando a las salas de emergencia a causa de los efectos secundarios del MDPV incluidas alucinaciones extremas, paranoias, intentos de suicidio. Estos efectos secundarios vienen con los efectos estimulantes esperados, similares a los de las anfetaminas y la cocaína.

La respuesta de las autoridades estatales ha sido la esperada: gobernadores de varios estados están promoviendo la prohibición de la MDPV proponiendo leyes que conviertan esta sustancia hasta ahora legal en una sustancia prohibida.

¡Parece que no hubiéramos aprendido nada de la guerra contra las drogas!

Claro, las intenciones de los gobernadores y de los cuerpos legislativos es loable: quieren proteger a los ciudadanos del peligro para la salud que representan estas nuevas drogas, pero, ¿es esta una función legítima del gobierno? ¿Debe el gobierno prohibir sustancias que pueden ser nocivas para la salud? Si la respuesta es afirmativa, ¿no hay una infinidad de sustancias y comportamientos nocivos para la salud que el Estado tendría que prohibir y regular?

La visión de un Estado paternalista protegiéndonos de nuestras decisiones no sólo es una afrenta a la autonomía personal, al individualismo y a la dignidad de evaluar alternativas y ser responsables de nuestro destino. También es ingenuo y los resultados de estas políticas suelen ir en contrasentido a lo esperado. El primer efecto de las leyes que regulan sustancias psicoactivas, potencialmente nocivas para la salud, es transferir la responsabilidad del individuo, su familia y su comunidad al Estado. La criminalización vuelve un problema individual, familiar, de salud, en un problema legal y penal.

Adicionalmente, los bien-intencionados legisladores y gobernadores parecen ignorar los efectos de la prohibición sobre el mercado de la sustancia prohibida. La prohibición aumenta los costos de transacción haciendo que el mercado se vuelva más concentrado. Donde antes había un mercado legal, relativamente competitivo, ahora podemos esperar encontrar un mercado concentrado, dominado por productores con ventajas comparativas en medios ilegales: hampones, mafiosos, gente sin escrúpulos y sin ningún respeto por la ley. El factor riesgo aumenta los márgenes de ganancia e induce competencia por las rentas del negocio. Esta competencia se da entre carteles y grupos de criminales que no compiten principalmente en precios y calidad, como sucede en mercados legales, sino a través de la violencia, las guerras entre carteles, el soborno y la corrupción del sistema legal y de policía.

La prohibición sugerida por los gobernadores y sus cuerpos legislativos en Estados Unidos no va a hacer desaparecer el problema de la adicción a sustancias psicoactivas. No va a tener ningún impacto positivo en las causas fundamentales que llevan al consumo de drogas. Pero si tienen el potencial de crear nuevas mafias, nuevos problemas de orden público requiriendo aun más poderes policiales y más afrentas contra las libertades individuales.

En medio del panorama sombrío que prometen los instintos prohibicionistas de nuestros gobernantes, existe la posibilidad de que algo bueno salga de todo esto. Las drogas sintéticas producidas en países industrializados pueden volverse buenos sustitutos y competir efectivamente contra la cocaína y la heroína que alimentan la violencia y la corrupción en países como México y Colombia. En la medida en que las nuevas drogas desplacen a la cocaína en la política antidroga en USA y Europa, las agendas bilaterales se enriquecerán. De pronto las sales de baño terminen siendo nuestros mejores amigos.
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* PhD(c) Business Economics, Universidad de Chicago.

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