Opinión

  • | 2010/09/21 10:00

    La filantropía de los grandes magnates

    Qué mueve a los hombres más ricos del mundo a donar una parte sustancial de su fortuna a fundaciones de caridad. ¿Impuestos?¿la incapacidad de los herederos? Hay razones más profundas. La opinión de Raúl Serebrenik

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En el día a día de la consultoría he podido comprobar que ha surgido entre los empresarios familiares una inquietud coyuntural relacionada con las generosas donaciones que los grandes magnates del mundo están haciendo en los últimos años a sus propias fundaciones de caridad o a las de otros millonarios del mundo y cuya noticia ha sido ampliamente divulgada en los más importantes medios de comunicación.

Específicamente la pregunta que se hacen hoy muchos de ellos es ¿cuáles han sido las verdaderas razones que han llevado a Bill Gates, uno de los hombres más ricos del mundo y fundador de Microsoft, a convertirse en el mayor benefactor de la historia, al donar casi toda su fortuna a su propia fundación de caridad? Y el hecho genera aún más inquietud cuando esa decisión ha llevado a otros grandes magnates como Warren Buffet, el segundo hombre más rico del mundo, a donar cerca del 85% de su fortuna a la misma fundación de Bill Gates.

Obviamente la pregunta genera bastante suspicacia, en primera instancia porque muchos empresarios asocian las donaciones a causas filantrópicas, a un tema de tipo tributario y probablemente a una jugada de tipo legal para proteger el patrimonio familiar de algún Impuesto de herencia. Haciendo un análisis mucho más profundo, el tema resulta un tanto complicado puesto que se debe entrar a diferenciar varios aspectos y tener una visión más crítica sobre cada uno de ellos.

En primera instancia estas grandes fortunas están solo en la primera generación y por ende, donar una gran cantidad de dinero de la fortuna familiar no rima con el manejo que las dinastías familiares (patrimonios que persisten en la misma familia por más de cinco generaciones por lo menos) tradicionalmente le han dado a sus dineros. En su gran mayoría éstas tienen sus propias fundaciones, como en el caso de Bill Gates, que dona su fortuna a su propia fundación y para que sean sus familiares, quienes la administren con fines específicos.

Hay que entender que estas dinastías familiares tienen una historia muy larga de filantropía y esta no solo cumple con una labor social fuera de la familia sino que también internamente cumple y es parte integral de las estrategias fundamentales en el manejo de los patrimonios familiares.

La filantropía profesional pasa por la creación de una estrategia y sus respectivas estructuras y con un seguimiento de cerca sobre dónde, a quién y cómo se dona o participa en proyectos de tipo social. En algunos casos son los mismos miembros de la familia, los encargados de esa gestión filantrópica; lo que potencia varias de las dimensiones del patrimonio de la riqueza familiar, como por ejemplo el capital Intelectual (cómo vamos formando la nueva generación) de manera proactiva en estrategias, estructura y gestión y a la vez potenciamos otra de las grandes dimensiones de la riqueza que es el capital social.

En general los diferentes contactos y relaciones con familias pudientes o de personas que ejerzan una gran influencia en la sociedad o en el mundo de los negocios, potencian otra dimensión que es el capital espiritual. Es importante hacer entender a las nuevas generaciones que más allá del dinero, lo que existe es un propósito superior detrás de todo el tema familiar y que genera un sentimiento de compromiso, pertenencia y una reputación de pertenecer al clan familiar.

El rol de los hijos frente al Patrimonio Familiar
Otra de las inquietudes de los empresarios familiares, que por lo general aspiran a dejar el patrimonio de sus empresas en mano de sus hijos es ¿Cómo pueden estos magnates dejar parte fundamental del legado familiar en manos de desconocidos?

Warren Buffet y Bill Gates opinan que si sus hijos desean ser magnates, entonces ellos deberán hacer su propia fortuna, que ellos solo planean dejar a sus hijos un pequeño porcentaje de la fortuna.

A muchos empresarios familiares les inquietan estos conceptos, sobre todo viniendo de los hombres más ricos del mundo. Algunos se preguntan por qué desheredar a un hijo; otros dicen que quizás sus hijos no son los más aptos para heredar semejantes fortunas, y por otro lado, queda para la reflexión, si no será más bien que los magnates no sean los mejores formadores de sus hijos como sucesores, sino solamente como herederos, yo me arriesgaría a pensar que la decisión puede tener la combinación de las dos situaciones aquí planteadas.

Sin embargo, el motivo de la carrera filantrópica de estos magnates habría que explicarla por intermedio de una motivación más transcendental y es la de querer dejar no solo un legado a sus hijos solamente sino a toda la humanidad.

Entonces podemos concluir que la decisión de estos magnates puede tener unas consecuencias muy interesantes. Una es que algunas familias no aceptan esta iniciativa no, porque no sean atraídos por la idea sino porque no están dispuestos a poner en manos de terceros un tema que ellos pueden considerar como fundamental dentro de su propia estrategia familiar. Otra es que hay muchas familias que se nieguen a participar en semejante emprendimiento de filantropía, no por que no sean filántropos sino porque tienen sus políticas de alta confidencialidad en estos temas, sobre todo políticas internas establecidas en sus propios protocolos familiares, como suelo decir en mis conferencias: “alcancía llena nunca suena“ muchos, simplemente no les gusta aparecer públicamente y piensan que la filantropía debe tener un perfil bajo.

 
El autori es consultor de Patrimonios y legados familiares
Family Council Wealth Planning Consulting, FCWPC.
rauls@fcwpc.com

 
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